Google+ Followers

Google+ Followers

jueves, 13 de diciembre de 2012


Una mesa para la paz Uribe-Santos

Por Carlos Arturo Velandia J.

La noción implementada por el actual Gobierno difiere en alto grado de la desarrollada en los dos periodos presidenciales de Uribe.
Jueves 13 Diciembre 2012
Hacer la paz en Colombia pasa por aglutinar al grueso de la sociedad alrededor de este propósito nacional, sin perjuicio de las normales y lógicas diferencias sobre “el cómo hacerlo”, que se manifiestan en el marco de la libre deliberación en democracia; es decir se requiere que las mayorías nacionales representadas por las fuerzas políticas y sociales, estén comprometidas en dar soporte al proceso de paz y sus eventuales resultados. Llegar a este nivel de entendimiento y compromiso, pasa a su vez por la construcción de un consenso nacional, sobre la forma y contenido del proceso, así como de la profundidad y alcances de los previsibles acuerdos, que hagan posible avizorar, por anticipado, los retos que deparará el postconflicto.
Investigaciones sobre paz indican que las paces en sociedades fracturadas por conflictos religiosos, étnicos o territoriales, son difíciles de lograr y si se llegara a acuerdos, éstos serán poco resolutivos y la paz pactada muy frágil y de corta duración. No es el caso colombiano, el de una sociedad fracturada, pero si de una sociedad polarizada que requiere de la mayor atención para evitar fracturas sociales, que terminen por cuestionar la legitimad institucional y ponga en serio riesgo la estabilidad democrática y republicana.

Vivimos en Colombia un enfrentamiento dialéctico sobre la concepción de modelos de seguridad y sobre cómo poner fin al conflicto armado interno. La noción implementada por el actual Gobierno difiere en alto grado de la desarrollada en los dos periodos presidenciales anteriores de Álvaro Uribe Vélez, enfrentamiento no exento de pugnacidad y beligerancia que desborda los límites normales de una oposición y que se aproxima a niveles de fractura social, con un consecuente impacto en la unidad institucional del Estado para abordar la magna empresa de hacer la paz.

Es del todo inconveniente creer que la paz en Colombia se pueda hacer “en contra o a pesar” de la voluntad y compromiso del expresidente Uribe Vélez, porque no es un contradictor aislado carente de respaldo y reconocimiento social, por el contrario cuenta con un acumulado importante de apoyos sociales y políticos en vastas regiones del país, de importantes sectores gremiales y empresariales, además de una ostensible influencia en las Fuerzas Armadas del Estado.

Ante esta situación, no hay alternativa distinta por parte del jefe del Estado, Juan Manuel Santos, que la de cerrar las fisuras mediante el diálogo y el entendimiento, con las fuerzas políticas y sociales que se oponen a poner fin al conflicto armado en mesas de negociaciones con las insurgencias. Pero como acercar a los personeros de estas dos nociones opuestas: el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el presidente en ejercicio Juan Manuel Santos, cuando estas partes no muestran tener voluntad para hacerlo y ninguno se decide a dar el primer paso para restaurar la comunicación?; es aquí donde es conveniente pensar que se necesita una gestión de buenos oficios interpuestos por un tercero, que a todas luces ha de ser una persona de reconocida idoneidad y legitimidad por ambas partes, que además ha de contar con un claro ascendiente y autoridad moral, para que sea escuchado con respeto y sus recomendaciones puedan ser valoradas con interés.

Me atrevo a pensar que el recién investido Cardenal Monseñor Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, es la persona más calificada para intentar un acercamiento para un diálogo Santos – Uribe, que permita superar el estado de incomunicación y de controversia altisonante, para pasar a un diálogo constructivo que haga posible aclarar las diferencias, construir una noción común sobre el final del conflicto armado, sobre la doctrina de seguridad y sobre los posibles alcances y profundidad del proceso de paz iniciado con la mesa de la Habana. Un diálogo de esta naturaleza, es sin duda alguna un paso imprescindible en la construcción del consenso nacional para la paz, como también la base para los acuerdos políticos indispensables en la construcción de las soluciones a los grandes y graves problemas, que hemos vivido en este medio siglo de vórtice de violencias, y poder pensar que nuestro conflicto interno si tiene fin y tiene cura.

* @CarlosVelandiaJ 

lunes, 26 de noviembre de 2012


La paz con los elenos: cuesta arriba

Por Carlos Arturo Velandia J.
OPINIÓNEn Colombia, la tradición militarista ha generado que al momento de establecer las partes e interlocutores de la paz se mida en litros de sangre y capacidad de daño.
Lunes 26 Noviembre 2012
A la pregunta de Semana en entrevista a Enrique Santos Calderón “¿Qué hacer con el ELN?”, este responde: “Los elenos no tienen la fuerza militar de las FARC y tienen fama de enredar hasta un aplauso…”; obligada pregunta a quien en representación de su hermano, el presidente de la República Juan Manuel Santos Calderón, participara con importante protagonismo en el diseño de la arquitectura del proceso de diálogo y negociación que se realiza con la guerrilla de las FARC-EP, en La Habana; pero inquietante respuesta porque sitúa las posibilidades de un proceso similar con los elenos en un tiempo y lugar ignoto y postergado, que genera de paso incertidumbre sobre un final del conflicto armado en todo el territorio nacional.
La respuesta contiene además un contraste entre las fuerzas que representan las dos organizaciones guerrilleras más antiguas de Colombia y el continente, dejando explícito que las FARC-EP, por ser más poderosas, son las merecedoras de la atención del Gobierno. Tal respuesta obedece a la nefanda tradición militarista en la mayoría de los procesos de paz, de medir en litros de sangre y capacidad de daño al momento de establecer las partes e interlocutores de la paz, dejando en segundos lugares a fuerzas menores en tamaño o a las que exhiben en su haber más propuestas y discurso que acciones épicas y potencial bélico destructivo.

Pero la respuesta enlaza seguidamente la pobreza militar de los elenos a “…la fama que tienen de enredar hasta un aplauso…”, en una reconocible alusión a la tozudez de los elenos de proponer y exigir la participación de la sociedad en la solución política del conflicto. Es esta la piedra en la que han tropezado todos los intentos de paz entre el Gobierno Nacional y la guerrilla del ELN. Situación parecida la vivió el país hace doce años, cuando el presidente Andrés Pastrana Arango decidió que su esfuerzo en materia de paz era la paz con las FARC-EP, dejando al ELN a la vera del camino obligándose a hacer demostraciones bélicas, para llamar la atención y forzar una mesa de diálogo y negociación, la que no pasó de adquirir cierta importancia para el Gobierno cada vez que el proceso principal, con las FARC-EP, hacía crisis.

En la más reciente publicación del COCE aparecida en la página web del ELN, se dice: “Sin la acción y participación protagónica de la sociedad y de manera particular de quienes son excluidos del poder oligárquico, no es posible un proceso exitoso para la paz de Colombia”; aquí radica la esencia del planteamiento reiterativo de los elenos. Esto y no otra cosa es lo que el señor Santos llama “…enredar hasta un aplauso…”. Esto no es nuevo, solo que por primera vez un portavoz de la oligarquía y el establecimiento lo dice de manera pública.

La Convención Nacional, propuesta política de los elenos, para promover y posibilitar la participación de la sociedad, sin exclusiones, siempre fue vista por los distintos gobiernos como un obstáculo, que impedía un proceso signado por una noción transaccional para lograr la paz, que consiste en diálogos y negociaciones a espaldas de la sociedad, para lograr el silencio de los fusiles a cambio de algunas favorabilidades para las organizaciones insurgentes. El ELN siempre ha controvertido esta lógica gubernamental e insiste en hacer síntesis con las distintas propuestas: “…El ELN ha planteado la Convención Nacional como escenario de encuentro de toda la sociedad, otros han planteado una Constituyente de paz, diálogos nacionales y regionales, otros diálogos pastorales. Creemos necesario consensuar estas y otras propuestas que se presenten y proyectarlas con vocación unitaria…”. He aquí el enredo del aplauso que mortifica al señor Santos.

En otro aparte de la misma respuesta, Enrique Santos Calderón dice: “…La hoja de ruta con ellos sería muy parecida a la de las Farc, pero tienen que hacer antes gestos unilaterales muy convincentes, como renunciar al secuestro, liberar a todos sus rehenes, cesar hostilidades, desminar... No puede ser cuando siguen asesinando secuestrados…”; inequívoca precisión de que para acceder a una mesa de negociación el ELN debe pagar un peaje o case de entrada, muy similar a como lo ha venido haciendo las FARC-EP, que en menos de un año liberó a los militares y policías que mantenía como prisioneros, declaró la suspensión definitiva de la práctica del secuestro, declaró su voluntad de iniciar un proceso de diálogo con el Gobierno Nacional que conduzca al fin del conflicto armado, y recientemente decretó un cese unilateral y temporal de operaciones ofensivas. Empinada cuesta ha de subir el ELN en su camino hacia una mesa de diálogo por la paz, que bien podría empezar a escalar por liberar a los secuestrados y declarar la suspensión definitiva de la práctica del secuestro, no como una exigencia que le imponga el Gobierno, sino como un acto de paz y reconciliatorio con la sociedad.

miércoles, 14 de noviembre de 2012


Plan B llevará al fracaso a los diálogos de paz

Por Carlos Arturo Velandia J.*
http://www.semana.com/photos/generales/ImgArticulo_T8_123182_20121114_151037.jpg
OPINIÓN

No es posible alcanzar el éxito en un proceso de paz si las partes van a la mesa con un plan B bajo la manga.

Miércoles 14 Noviembre 2012

En varias de las disertaciones y comparecencia ante los medios de prensa, el periodista y escritor John Carlin, uno de los mayores conocedores de los conflictos y procesos de paz y reconciliación en Ruanda, Irlanda y Sudáfrica; y quien estuvo en nuestro país invitado por la Cátedra de Derechos Humanos de la Dirección de Derechos Humanos y Apoyo a la Justicia del Distrito de Bogotá, insistió en que “no es posible alcanzar el éxito en un proceso de paz si las partes van a la mesa con un plan B bajo la manga”.

Tal admonición es una lección aprendida de innumerables procesos de paz fallidos y exitosos, que he podido constatar a lo largo y ancho de la labor investigativa sobre paz y conflictos y que podrán certificar, además del mismo Carlin, académicos prestigiosos como Vicenç Fisas e institutos especializados en la materia; aunque no es necesario ir demasiado lejos para constatarlo, basta con mirar en nuestra propia experiencia en los llamados “diálogos del Caguán”, a los que las partes llegaron con propósitos distintos al de poner fin al conflicto armado.

Veamos por qué: el Gobierno Nacional decide abrir diálogos y negociaciones, porque a la fecha iba perdiendo la guerra y necesitaba ganar tiempo, para reestructurar el aparato bélico que le permitiera encarar la amenaza que se cernía sobre el poder político y frenar hasta revertir el avance guerrillero. Por su parte la guerrilla de las FARC-EP, que iban ganando la guerra, también necesitaba tiempo para hacer del escenario de los diálogos y negociaciones, la arena para legitimar nacional e internacionalmente los acumulados militares, políticos y de territorios conquistados, en su imparable ascenso a la toma del poder.

Luego de algo más de tres años de accidentadas negociaciones y cuando el Gobierno de Andrés Pastrana estimó que había logrado el propósito de su plan oculto, decidió romper los diálogos, tomando como pretexto uno de los tantos hechos de guerra que habitualmente realizaban las FARC-EP, dando con ello un manotón a la montaña de papeles que contenían la enjundiosa agenda que había pactado; para pasar de inmediato a culpar a la guerrilla de ser el causante de la ruptura, efecto que logró con el alineamiento a su causa por parte de los medios de información corporativos, de todas las instituciones del Estado, de la mayoría de los partidos políticos, del sistema asociativo y solidario y de la sociedad civil en su conjunto. Por su lado las FARC-EP, que solo podrían reclamar, con resultados tangibles y avances reconocibles en el desarrollo de la agenda, ampliación de su reconocimiento y legitimación de su lucha; se quedaron sin poder materializar sus propósitos, con el sanbenito de ser los “faltones” y con el costo de pagar los platos rotos.

El Gobierno siguiente, el del presidente Álvaro Uribe Vélez, tuvo por suerte recibir en herencia las Fuerzas Armadas más poderosas de todos los tiempos, gracias al fortalecimiento y reestructuración por las que pasaron durante el Gobierno de Pastrana, quien se había hecho elegir en el '98 con la oferta de hacer la paz para los colombianos. Recibió además la colosal bolsa de algo más de 8 mil millones de dólares del Plan Colombia, plan pactado durante el gobierno de Pastrana con el Gobierno de Estados Unidos, además de un creciente presupuesto nacional para Defensa, que al final de su segundo mandato había escalado al inédito equivalente del 6% del PIB Nacional.

Vistas así las cosas, en la mesa de negociaciones del Caguán Pastrana ganó la guerra “sin disparar un tiro”, en tanto que las FARC-EP perdieron la opción de su propósito oculto, quedaron como “los malos del paseo” y con una ofensiva encima como no se había visto en Colombia en lo corrido del conflicto de los últimos 50 años. Ganó también Uribe, que se hizo elegir y reelegir para hacer la guerra (con el ejército de Pastrana y los dólares del Plan Colombia de Pastrana), que aunque no derrotó totalmente, como era su deseo, a las FARC-EP, sí las debilitó principalmente en los niveles de conducción estratégica, las alejó de los centros urbanos neurálgicos, las forzó a internarse en las profundidades del territorio nacional empujándolas a cruzar las fronteras, trayendo con ello una suerte de transfronterización del conflicto interno. Pero por sobretodo perdió Colombia y sus gentes, que han tenido que vivir, padecer y pagar diez años mas de conflicto, con todo lo que ello significa en vidas humanas de soldados y guerrilleros, de millones de desplazados forzosos, de desaparecidos, de secuestrados, de millares de minas sembradas y miles de víctimas por esta causa, de presos, exiliados, tejidos humanos deshechos.

Estamos frente a una nueva oportunidad de paz, tal como se diera en los años 80 con Belisario Betancur, en los 90 con Barco, y Gaviria, en los 2000 con Pastrana y en el 2012 con Santos, es decir oportunidades de paz cíclicas dadas en periodos de diez años; que esta nueva oportunidad de paz no sea frustrada por planes ocultos, a los que se termina sirviendo en nombre de la paz. Un nuevo fracaso podrá significar, al menos diez años más de guerra con todos sus costos y efectos, los que se pueden calcular multiplicando por diez todo el horror, muerte, dolor y gastos que significa un solo año de guerra en nuestro país.

Si no hay “planes B” en la mesa, seguramente en el año 2014, cuando las guerrillas estén arribando a sus 50 años de existencia, también estén firmando la disolución de las estructuras de guerra como punto de partida a un proceso de construcción colectiva de paz y justicia social.

*En Twitter: @CarlosVelandiaJ

sábado, 10 de noviembre de 2012

CARTA A GABINO



CARTA A GABINO
Estimado Nicolás:
En mi actividad permanente de investigación sobre conflictos y paz, leo con frecuencia los documentos que publica el ELN en su página web, y encuentro en ellos, con satisfacción, expresiones explícitas de disposición a iniciar un proceso de diálogo de paz con el Gobierno Nacional, orientado a poner fin definitivo al conflicto armado y a que se creen las condiciones para superar las causas que lo produjeron. También se, de oídas, que ya existen contactos con el Gobierno y que próximamente se estaría instalando una mesa de diálogo, con su respectiva agenda, metodología, fases,  tiempos, lugares y garantes; en la perspectiva de hacer confluir el proceso ya iniciado con las FARC-EP y el del ELN, en un momento de madurez de los dos procesos y de necesidad de discutir temas comunes para una paz única y nacional.
El país y la Comunidad Internacional están expectantes y la sociedad mayoritariamente apoya este proceso de paz iniciado, aunque mantiene dudas y reservas sobre la voluntad real de las partes de llegar al final del conflicto, que muy pronto cumplirá medio siglo. Es decir, el optimismo moderado de personas e instituciones que apoyan los esfuerzos de paz, va de la mano con el nivel de confianza y credulidad sobre las verdaderas intenciones de las partes, pero más marcadamente de las intenciones de las organizaciones insurgentes; lo cual indica que es una necesidad de las partes construir confianza en la sociedad y en la Comunidad Internacional, para que las conversaciones de paz estén rodeadas de un ambiente social positivo y de opinión favorable, que solo se logran con actos indiscutibles de paz, que obren como señales inequívocas de que se está en la dirección correcta e irreversible de poner fin a la guerra entre compatriotas.
Nicolás, la semana pasada cuando asistía a las honras fúnebres de mi madre en la ciudad de Bucaramanga, supe que en la sala de velación contigua, se realizaba el sepelio del señor Alberto Alvarado Rodríguez, ingeniero de profesión, que murió vilmente asesinado a manos de un grupo del ELN que lo había secuestrado hacía siete meses en Toledo – Norte de Santander, así lo leí y vi en los periódicos junto con una fotografía del señor Alvarado custodiado por dos personas con insignias y bandera del ELN. Todo indica que la autoría fue de la organización revolucionaria a la que pertenecí y contribuí a construir en su ideario y valores revolucionarios y de humanidad.
Quiso el destino juntar el hecho natural de la muerte, al final de la vida en el caso de mi madre, con la muerte violenta, mansalvera y cruel de un ciudadano del común que no merecía morir, que no debió ser matado porque hasta donde sé a los “retenidos por razones económicas” se les respeta la vida. Vi y sentí el dolor desgarrado de la familia Alvarado Rodríguez, dolor mucho mayor que el mío, porque mi madre falleció por causas naturales, en tanto que a Alberto se le arrancó inmerecidamente la vida.
Nicolás, sentí rabia y dolor, a veces no sabía por quien estaba llorando si por mi madre o por Alberto, tuve el impulso de pasar hasta la sala de la familia Alvarado Rodríguez para al menos decirles lo siento, pero me faltó valor. Ahora creo que habría sido una imprudencia, porque no es a mí a quien le corresponde dar una explicación, presentar excusas, pedir perdón, e intentar reparar el daño, hasta donde pueda entenderse reparable cegar una vida.
A esta altura de esta carta, le pido que lidere al interior del COCE y de la organización tomar la decisión de suspender de manera definitiva y total la práctica del secuestro de personas o retenciones económicas; y lo anuncie el ELN de manera pública, al igual que en su momento lo hiciera las FARC-EP, formulando además la decisión de liberar de inmediato a todos los secuestrados existentes en las manos de las estructuras del ELN que los tengan y la disposición a cooperar para que organizaciones humanitarias puedan monitorear el cabal cumplimiento de tal decisión.
Este sería, sin duda, un acto reconocible de paz, que contribuirá a construir confianza en la sociedad y estimulará a que el Gobierno Nacional actúe en reciprocidad, por ejemplo promoviendo medidas de alivio a la penosa situación de los presos y presas de Colombia. Además será un fardo que el ELN se quitará de sus hombros para llegar más livianos a la mesa de diálogo, y poder encarar los temas de la agenda que pacten con el Gobierno con más solvencia y mutuo respeto.
Nicolás, pido además que el COCE investigue las circunstancias del vil asesinato del ingeniero Alberto Alvarado Rodríguez, porque ese acto controvierte normas internas del ELN y el código de guerra, además del Derecho Internacional Humanitario, que el ELN se precia de acoger y respetar. Pido también que la organización de la cara a  la familia Alvarado Rodríguez, explique lo ocurrido, pida perdón y repare. Hacerlo es de revolucionarios pero mucho más de seres humanos que nos decimos y reivindicamos como luchadores por la vida digna y para la vida en mundos mejores.
Finalmente, deseo tenga salud para que con el conjunto de cuadros de dirección pueda guiar al ELN por caminos hacia la paz definitiva y la reconciliación nacional.
Fraternalmente
Carlos Arturo Velandia J.
Bogotá, 01 de noviembre de 2012
@CarlosVelandiaJ

LOS VASCOS PREMIAN CON VOTOS A LOS CONSTRUCTORES DE PAZ


LOS VASCOS PREMIAN CON VOTOS A LOS CONSTRUCTORES DE PAZ
Un año y un día después de que ETA aceptara el llamado de la izquierda Abertzale (independentista) de abandonar la lucha armada y de acoger la Declaración de Donostia, promulgada por la Conferencia Internacional para la Paz en Euskadi, celebrada en Aiete el 17 de octubre de 2011; se celebraron las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi, las que habían sido convocadas por  anticipado, como resultado de la crisis profunda de la economía  en España y las fracturas en las gobernabilidades al no poder obtener resultados positivos al momento de encarar la  crisis con una política de recorte masivo y profundo al gasto y la inversión social  y su impacto negativo en la sociedad de bienestar que habían construido los españoles; arrojando un resultado sorprendente, pero previsible, en Euskadi.
Pues bien, la sociedad vasca decidió dar su respaldo al nacionalismo y a la paz, al favorecer con la mayoría de los votos al Partido Nacionalista Vasco – PNV (derecha independentista) y a la nueva formación de la izquierda Abertzale BILDU, con 27 escaños el primero y 21 escaños el segundo, en un parlamento integrado por 75 parlamentarios, dejando a la vera del camino al Partido Socialista de Euskadi – PSE (versión vasca del PSOE) y al Partido Popular de Euskadi – PPE (versión vasca del PP), partidos que han debido pagar la factura de la crisis con tan duro pero merecido castigo.
La izquierda Abertzale en un amplio frente de unidad integrada en Euskera Herria – BILDU, pasó de tener 5 escaños en el parlamento vasco (elecciones del 2011) a 21, constituyéndose en la segunda fuerza política más importante de Euskadi, lo cual no puede dejar de interpretarse como la decisión de los vascos de dar su respaldo y premiar a quienes más se han esforzado en la construcción de la paz, no exenta de grandes incomprensiones, persecuciones y sacrificios. El resultado electoral es un resultado de la paz, porque es el primer proceso electoral de los últimos 60 años en España y en Euskadi realizado sin la presión de la violencia, la intimidación y la represión; pero por sobretodo es  una victoria política de la izquierda independentista, que ha debido vivir el doloroso calvario de tener a la mayor parte de su dirigencia y militancia más comprometida en la  cárcel y en el ostracismo político, como producto de la persecución y represión a lo que las autoridades políticas y judiciales en España han denominado “el entorno de ETA”.
En el discurso de celebración de los resultados (que fuera suspendida su emisión en la televisión oficial TVE controlada por el PP) la señora Laura Mintegui, lideresa de EH-BILDU exaltó la libertad, la independencia y la solidaridad, al tiempo que aseguró que trabajará por el acercamiento de los presos vascos, dispersos por las cárceles españoles como parte de la política de represión y persecución a ETA, como acción necesaria en la consolidación de la paz.
Este magnífico acontecimiento ocurrido en tierras lejanas, tiene una gran importancia para los colombianos a la hora de buscar entre las experiencias  internacionales de paz, referentes y lecciones útiles de consultar, habida cuenta la apertura en nuestro país de un proceso de paz que nos conduzca al fin del conflicto armado y a  la superación de las causas que lo originaron. Al respecto quiero llamar la atención sobre el papel de la izquierda vasca, en relación con la decisión de ETA de suspender definitivamente la lucha armada y creo pertinente interrogar: ¿podría la izquierda colombiana interpelar a la insurgencia para instarla a la superación de la  lucha armada, al tiempo que esta izquierda asume las banderas de lucha revolucionaria, para defenderlas y conquistarlas  exclusivamente mediante la acción política y en democracia?; ¿movimientos sociales y políticos como la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos u otros que puedan surgir, podrían asumir ese papel, al igual que lo hiciera BILDU en Euskadi?; ¿Qué hace falta para que el Gobierno Nacional entienda la importancia  de generar medidas de alivio a los presos políticos y presos sociales en general, que padecen y  sufren en las cárceles de Colombia, no solo las penas impuestas, sino unas condiciones inhumanas de cautiverio violatorias de los derechos humanos, e incluso de la misma normatividad del régimen penitenciario?, ¿No entiende el Gobierno que medidas de alivio a los presos políticos ayudan a construir un clima de confianza en la mesa, ayudan a la distención y a aminorar la pugnacidad; al tiempo que fuerzan a la contraparte a actuar en correspondencia?. Estos y otros aspectos deberían ser valorados, fundamentalmente por las partes del conflicto, pero también por quienes desde la sociedad trabajan y se esfuerzan por contribuir en la construcción de escenarios de paz y de solución política a los conflictos. Definitivamente, la paz en Colombia pasará por cambiar balas por votos, Euskadi y sus gentes nos lo enseñan, una vez mas.
Carlos Arturo Velandia J.

 @carlosvelandiaj

22 de octubre de 2012

LOS FUSILADOS



LOS FUSILADOS
Prepararse para asumir un proceso de diálogos y negociación que ponga fin al conflicto político, social y armado, para  las partes supone un conjunto de actividades preparatorias que van mucho más allá de tomar las decisiones políticas de superar la lucha armada y crear las condiciones para encarar los retos de la construcción de paz sostenible y duradera. Designar los equipos negociadores, definir las agendas, los procedimientos, los tiempos, los garantes y acompañantes, los lugares y garantías de seguridad; son solo unas herramientas para que el diálogo y las negociaciones se desarrollen de manera ordenada hacia la obtención de los resultados propuestos. En la antesala de la segunda fase de diálogos y negociaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC – EP, el próximo 17 de octubre en Oslo, y de los presuntos y esperados contactos entre el ELN y el Gobierno para igualmente iniciar negociaciones, estimo pertinente pedir y proponer al Ejército de Liberación Nacional – ELN, en mi condición de exmilitante y exdirigente, pero también en mi condición de ciudadano que junto con la nación entera desea la paz y trabaja por ella, que la dirigencia de esta organización promueva  y realice una mirada retrospectiva a los 48 años de su existencia y conflicto armado, haciendo uso de las herramientas contenidas en sus principios organizativos, tales como la  planificación y evaluación y el de la crítica y la autocrítica, para extraer lecciones de utilidad a futuro como también para rectificar y reparar daños infringidos de manera innecesaria.
Me refiero en específico a los fusilamientos. Si bien esta práctica ha sido proscrita en el ELN desde finales de los años ochenta, fue utilizada como medio para dirimir luchas políticas internas y como mecanismo para acallar la disensión y disparidad de criterios en el debate político interno. A pesar de que estos fenómenos han sido estudiados y aceptados como prácticas nocivas e incorrectas y documentadas en textos oficiales como el libro Rojo Y Negro, que compendiara el destacado dirigente Milton Hernández, aún no se ha realizado la reparación debida frente a estos errores  históricos.
Es momento que el ELN encare el pasado mirando al futuro, para ponerse a paz y salvo consigo mismo, para exorcizar los fantasmas que los asaltan en sueños, para reparar al menos la dignidad y el honor de los fusilados, para mitigar en algo el dolor de sus seres queridos que no comprenden porqué fueron matados por sus propios hermanos de lucha, en juicios viciados de prejuicios y amaños.
Pido y propongo que los juicios-asambleas que los juzgaron sean declarados nulos, que se reconozca públicamente los fusilamientos como un error histórico, que los nombres de Jaime Arenas Reyes, Ricardo Lara Parada, Víctor Medina Morón, Julio César Cortés, Heliodoro Ochoa, Hermídas Ruiz, Carlos Uribe Gaviria, Armando Montaño, Orlando Romero, Jaime Correa, Enrique Granados, Fernando Chacón, entre otros, sean rehabilitados en su estatura revolucionaria, que se diga que no son traidores como se les calificó en su momento y se les catalogó para sumergirlos en la oscuridad de la historia, que se enaltezcan sus nombres y se les acompañe con la palabra de compañeros; porque siempre lo fueron, que se les pida perdón a sus familias porque no debieron ser matados por disentir sobre cómo hacer mejor la revolución.
Se trata de poner la cara, y en acto público y sincero ante la organización y la sociedad empezar a alivianar las cargas que lastran el andar y dificultan asumir la paz como un todo integral: la paz en el país y la paz en los espíritus. Prepararse para la paz es prepararse para transformar las prácticas seculares de la guerra en nuevas prácticas de la dialéctica y la acción política en democracia, pero por sobre todo es prepararse para la reconciliación nacional, es decir para convivir y coexistir en paz y respeto con las gentes de esta inmensa nación, que sabrán valor los actos francos y sinceros, que necesitan de estos actos antes de renovar u otorgar confianzas. Es por ello que también pido y propongo, que la dirigencia del Frente Domingo Laín Sáenz, con el temple que los caracteriza, pida perdón a la Iglesia Católica de Colombia y a su feligresía por el asesinato, hace 23 años, del obispo de Arauca, Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, y que lo haga también el Comando Central como responsable subsidiario, por la responsabilidad política que le cabe; porque a un obispo no se le mata, porque si bien el obispo fue un contradictor de la guerrilla en la región, jamás fue un opositor armado, y ustedes lo saben.
Hechos como este han producido hondas desgarraduras en la sociedad a lo largo y ancho del territorio nacional en estos cincuenta años de lucha fratricida. A las puertas de la paz y de la reconciliación, pido y propongo a todas las partes del conflicto, que firmes y serenos, de frente y sin miedos, crear los mecanismos y procedimientos, desde ya, para hacer el balance de 50 años de guerra y reconocer con valor los errores y así disponernos, a las demandas de la reconciliación, que no son otras que mucha verdad, mucha reparación y el tamaño de la justicia que haga posible una paz sostenible y duradera.
Carlos Arturo Velandia J.
11 de octubre de 2012

NO MATAR MIENTRAS SE HABLA DE PAZ



No matar mientras se habla de paz

Por Carlos Arturo Velandia J.*

OPINIÓN El anuncio del Gobierno Nacional de negarse a pactar un cese al fuego bilateral indica que los hechos de guerra estarán como telón de fondo a los diálogos y negociaciones de paz.
Miércoles 26 Septiembre 2012

La revelación que hizo el presidente Juan Manuel Santos, indicando que el extinto comandante Alfonso Cano fue quien le propuso buscar a través del diálogo y la negociación el final del conflicto armado, y que pese a haberlo aceptado, después de dejar en claro que dicha búsqueda se haría en total confidencialidad, y que discurriría en medio de las confrontaciones bélicas, ordenó dar de baja al líder guerrillero, luego de que el alto mando militar le informara que Cano había sido localizado en la vereda El Chirriadero del municipio de Suárez (Cauca), no deja de desgarrar el alma por cuanto fue Cano el iniciador del actual proceso de paz en curso en nuestro país, y que nos puede llevar a la paz definitiva y a construir días mejores para Colombia y sus gentes. No debió ser matado, como no debieron morir ni deberán morir más soldados, policías y guerrilleros, en momentos en que se habla de paz. No debió ser matado Alfonso Cano, aquel que dijera en Caracas, en 1991, al instalarse la mesa de diálogos y negociaciones, “debimos haber empezado estos diálogos hace 5.000 muertos”.

Ha sido el Gobierno Nacional quien ha dicho no a la propuesta de las FARC de pactar un cese el fuego bilateral, lo que indica que los hechos de guerra estarán como telón de fondo a los diálogos y negociaciones de paz. La admonición de Marcos Calarcá de “si vamos a hablar no nos hagamos más daño”, hecha ante medios de prensa en La Habana, y los numerosos y contundentes actos de guerra ocurridos desde que se oficializó públicamente el proceso, me llevan a expresar las siguientes reflexiones y recomendaciones:

1- ¿Qué sentido tiene matar si estamos a las puertas de poner fin a la guerra?

2- ¿Es que acaso 5.000 bajas más, entre muertos y heridos, que es en promedio la suma del daño humano que las partes se infringen cada año, podrá generar desequilibrios significativos en la mesa, como para continuar matando?

3- ¿Es que acaso no son los actos de guerra hechos perturbadores y causales de rompimiento de los diálogos, como ocurriera en los diálogos de Tlaxcala y del Caguán?

4- ¿Con qué autoridad moral expiden los comandantes de las fuerzas enfrentadas órdenes de batalla, a sabiendas de que la paz vendrá pronto?

5- ¿No es acaso un deber y una obligación ética y moral para los comandantes de las fuerzas enfrentadas, preservar y cuidar la vida y la integridad de sus subordinados?

6- ¿No son acaso motivo suficiente para poner fin a la matanza entre colombianos los más de 300.000 muertos en 50 años de conflicto armado?

7- ¿Por qué exponer la vida de los combatientes de las partes enfrentadas, en los campos de batalla, cuando los comandantes están seguros sentados en la mesa de negociaciones?

8- ¿No es mejor acaso parar la guerra, mientras se definen los términos de la paz, y dedicar los esfuerzos y recursos a capacitar y preparar a los combatientes y mandos de las partes enfrentadas para el retorno e incorporación a la vida civil?

9- ¿No es acaso imperioso, que mientras se habla de paz, las partes enfrentadas generen medidas de alivio social, de disminución de la violencia y de creación de ambientes positivos para acompañar la paz y hacer la reconciliación?

10- ¿No tienen acaso las partes el deber moral, en nombre de la nación y de la comunidad internacional, que depositan sus confianzas y apoyan para que se haga la paz, de asegurar la obtención de la paz negociada sin odios ni vindictas, para que sea una paz duradera y satisfactoria para todas y todos?

Seguramente estas reflexiones podrán ser desoídas por los comandantes de las partes enfrentadas, ante la contundencia del hecho real de que mientras no exista la orden recíproca de parar la confrontación, es válido seguir matando y generando violencia, en nombre de la paz. Pero creo que es mi deber, ahora a las puertas de la firma del final de la guerra contribuir a generar prácticas de paz en medio de la confrontación.

Manual para hacer la guerra al final de la guerra:

1- Si una unidad combativa o un combatiente choca con su enemigo, dispare al aire y repliéguese. No mate.

2- Si una unidad combativa o un combatiente desarma a un oponente, no lo capture, respete su vida, si ha sido herido cúrelo, trátelo con humanidad y respeto y déjelo ir. No haga prisioneros. Los operadores de justicia en tiempos de paz se encargarán de colocar a cada quien en su lugar, de acuerdo a sus actos y responsabilidades.

3- Si una unidad combativa o combatiente recibe la orden de sembrar minas y no puede evitarlo, no le ponga los estopines. Sepa que las minas seguirán matando aún después de la firma de los acuerdos de paz, y no se justifica que en tiempos de paz mueran personas por cuenta de una guerra superada.

4- No lance cargas explosivas, ni disparos artilleros, si lo hace desvíe el disparo hacia lugares despoblados o descampados.

5- Si tiene personas privadas de la libertad bajo su cuidado, procúrele un trato humano y respetuoso y ayúdelo a obtener la libertad.

6- No secuestre ni desaparezca personas, si recibe órdenes de hacerlo niéguese y proponga una discusión colectiva. En la paz tendrá que responder por estos actos.

7- Si una unidad combativa enemiga está abandonado un área, no la ataque, deje que se vaya.

8- Si va a desplazarse por un área de operaciones, hágale saber a las unidades enemigas que no va a atacarlas y que no desea confrontación alguna. En el terreno de batalla un gesto de esta naturaleza es muy valorado por los mandos directos y los combatientes, quienes seguramente serán respetuosos de tal solicitud.

9- Si tiene mando en el terreno de batalla, busque comunicaciones extraoficiales con los mandos de unidades enemigas, para concertar actos humanitarios entre ellos, como traslado de heridos, tránsito sin obstrucciones de servicios sanitarios, libre circulación de mercaderías y víveres, libre tránsito de personas y funcionarios públicos, reparación de vías y obras de infraestructura, y cooperación para capturar y entregar a autoridades judiciales a delincuentes.

10- Si recibe órdenes de atacar bases militares, puestos adelantados o campamentos; “piérdase por los montes de Úbeda”, como reza el dicho español. Váyase por las ramas, tómese su tiempo, haga ruido para evitar la confrontación directa. Batallas al final de la guerra por lo general no modifican la correlación de fuerzas pero sí producen muerte y destrucción innecesaria. La guerra en Colombia, que ya va a cumplir 50 años, no la gana nadie matando enemigos y llevando a la muerte a sus amigos en el último año, antes de la paz.

11- Si recibe órdenes de afectar obras de infraestructura, niéguese a hacerlo y proponga una discusión colectiva sobre su utilidad, de cara a la paz y la reconciliación, máxime si se tiene en cuenta las graves afectaciones que el sabotaje a la infraestructura causa en la población civil.

12- No adquiera, no fabrique, ni almacene material de guerra. Éste finalmente será destruido, o puede caer en manos de personas o actores que lo usará contra la paz. Los recursos económicos del país y de la sociedad han de aplicarse más en la construcción de la paz que en pertrechos que no se necesitarán en tiempos de paz.

13- No reclute, ni vincule a personas en actividades hostiles o de guerra. Son tiempos de preparar sicológica, política y culturalmente a las fuerzas para bajar de los montes, para retornar a los cuarteles y para el regreso a la civilidad.

14- No deserte ni se separe de su unidad combativa o estructura, respalde a sus superiores y a los líderes de las partes en la decisión de buscar la paz, proponga y exija que los acuerdos de paz contengan garantías económicas, sociales y de inclusión para el retorno a la civilidad y participación en democracia.

15- No atienda a los llamados de continuar la guerra, que desde algunos entornos de las partes se hacen, en su mayoría por personas que no van a la guerra y que no permitirán que sus hijos o allegados participen en las confrontaciones. Actúan como hooligans en los partidos de fútbol: no juegan los partidos pero destruyen el mobiliario urbano en nombre de sus equipos, no importa que ganen o pierdan.

16- Finalmente, recuerde que en tiempos de preparación y construcción de la paz es más valiente y más útil el que menos mata y el que más propone.

* Exdirigente del ELN y vocero para diálogos de paz en los gobiernos Samper, Pastrana y primer año de Uribe.