domingo, 14 de abril de 2013


 MOVIMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL
UNIDAD, PAZ Y DEMOCRACIA – UPD -
CONTEXTO
Grandes acontecimientos han tenido y están teniendo ocurrencia en los últimos treinta años en el mundo, de especial significación para las últimas generaciones, aunque algunos de estos los veamos lejanos a nuestro interés: Desde el hundimiento del modelo de socialismo real, que tuvo como centro la disolución de la Unión Soviética, pasando por el fin de la guerra fría, el ataque a las torres gemelas, el advenimiento de la “guerra preventiva contra el terrorismo”, la crisis del capitalismo mundial, cuya única responsable es la oligarquía financiera, el derrumbe del Estado bienestar, la desposesión de los derechos de los trabajadores, el incremento de su explotación y la expropiación de grandes capas de la población, el aumento del hambre, la miseria, la represión y la exclusión del 99% de los habitantes del planeta, así como la eclosión de las victorias de los movimientos sociales y el advenimiento de nuevas revoluciones en América Latina, hasta la oportunidad que tenemos los colombianos de poner fin a cincuenta años de conflicto armado interno; nos indican que vivimos tiempos de grandes cambios, de los que somos testigos en unos casos y actores protagónicos en otros.
Empero, los Estados imperialistas, particularmente el de los Estados Unidos, siguen promoviendo golpes de Estado y derrocando gobiernos en América Latina –caso Honduras y Paraguay-, Asia –caso Iraq, Afganistán, Libia y ahora Siria- e intervienen militarmente en África. Dicha política corresponde a los intereses de la oligarquía financiera, la cual pretende apoderarse de recursos naturales, mercados, finanzas e infraestructuras y controlar estratégicamente zonas geopolíticas claves.
Nuestra América es hoy cuna de revoluciones, las que se construyen sobre firmes bases de la voluntad popular, que movilizada en movimientos masivos y populares han defenestrado del poder a los partidos oligárquicos tradicionales, al tiempo que optan por desarrollar modelos propios de gobierno y de gestión de lo público, con un marcado acento en vindicar a las capas sociales más desfavorecidas, con un mayor desarrollo de las obligaciones del Estado con la sociedad y en clara dirección hacia el socialismo. Así, la revolución Bolivariana en Venezuela, la revolución ciudadana en Ecuador, la revolución comunitaria en Bolivia, se combinan y complementan con la revolución socialista en Cuba; mostrando a los pueblos del mundo y en especial a los de nuestra América, nuevos derroteros, los que se complementan con los procesos de democratización política en países como Argentina, Brasil y Uruguay; constituyendo un nuevo panorama caracterizado por el avance de los pueblos al poder, por la recuperación de las soberanías, por el fortalecimiento de la voluntad de autodeterminación y el antiimperialismo, por la construcción colectiva de nuevos modos de entendimiento y relacionamiento internacional sobre la base del mutuo respeto, del trato en igualdad de condiciones, de la cooperación que supera las asimetrías creadas por el desarrollo capitalista dependiente, de las relaciones fundadas en la fraternidad, la solidaridad y hermanamiento de los pueblos; que han hecho surgir procesos de integración tales como la UNASUR, la ALBA – TCP, y la CELAC; que se plantean como pilares fundacionales la paz en la región, la sostenibilidad y defensa de las democracias, la defensa de los recursos naturales y tratados de comercio justo y complementario.
El contexto internacional latinoamericano se combina con la profunda crisis del capitalismo, el creciente deterioro de la hegemonía global de Estados Unidos y la irrupción en el panorama mundial de un nuevo polo de poder mundial, conformado por Brasil, China, Rusia, India, Sudáfrica-, países los cuales hoy se erigen como importantes potencias regionales con proyección mundial. Asistimos al alumbramiento de un mundo multipolar y en permanente evolución, donde hacen crisis viejos modelos de integración más ligados con el sometimiento, tales como la Unión Europea, o multilaterales como la OEA, el CICA. Son tiempos nuevos para Latinoamérica, Colombia y el mundo; observar lo que ocurre y comprenderlo es fundamental para determinar nuestros actos y pasos a dar en el presente, pero de cara a un futuro deseado, a la más grande de las aspiraciones sociales posibles: el socialismo.
Las mayorías en Colombia acusan hastío y cansancio social frente a la guerra, que se suma a la imposibilidad fáctica de una derrota militar de una parte sobre la otra en el conflicto militar. Este último ha servido como pretexto para imponer violentamente a los de abajo la derrota económica y social, creando un cuadro desolador de desigualdades crecientes y de injusticia social en favor del enriquecimiento vil y criminal de las capas oligárquicas y los dueños y administradores de las empresas transnacionales, quienes no paran en mientes a fin de prohijar el expolio de los recursos naturales, el saqueo de las arcas públicas a través de la corrupción, el servirse del Estado para beneficio propio, aupar la explotación de los trabajadores, acrecentar la especulación financiera y el lavado de activos, y vender barata la soberanía del país. Colombia, así, es reconocible como el país que tiene el conflicto armado interno más antiguo del hemisferio occidental, el segundo (después de Haití) más inequitativo del continente, el de mayores ventajas para el capital extranjero y el de mayor crisis política, cultural, moral y ética en esta parte del mundo.

La lucha armada desarrollada por el movimiento insurgente no ha resuelto el anhelo popular de acceder al poder, pero la guerra impuesta por el estado tampoco ha solucionado los grandes problemas de la nación, por el contrario los ha agravado y profundizado. La solución del conflicto compromete a las partes involucradas, mas no significa la paz para Colombia, puesto que los problemas sociales continúan profundizándose y solo la acción de organización y movilización popular puede presionar para que hayan verdaderos cambios en el país, al mismo tiempo, la presión internacional que ejerce un continente que vira a la izquierda empujado por la voluntad de las mayorías nacionales y no la privilegia un imperio debilitado que cada vez le cuesta más sostener demasiados frentes de batalla abiertos, al tiempo que debe ocuparse de su crisis en casa.

Por su parte, la sociedad colombiana ha dado muestras de importante empoderamiento, ha conquistado espacios de soberanía política frente a los partidos tradicionales y juega a favor de una solución negociada del conflicto. Esta circunstancia tiene y tendrá un peso importante al momento de apoyar un acuerdo entre las partes, que ponga fin a la guerra, así como al de encarar las tareas de construcción de justicia social y defensa de la paz.

El fin del conflicto armado en Colombia es un acontecimiento histórico. Si éste y la movilización popular dan paso a la conquista de la democracia se desencadenará un proceso de construcción de paz en el que las mayorías reclamarán su lugar como sujeto político activo y protagónico a la hora de definir las reformas y transformaciones que hagan posible una paz con justicia social firme y duradera. Obviamente, esta lectura es posible materializarla con la acción decidida, activa y clara de los movimientos políticos y sociales dispuestos a cumplir un rol de liderazgo, movilizador y organizador de la sociedad, para materializar los anhelos de soberanía, democracia, bienestar, integración y unidad latinoamericana y futuro socialista.
La izquierda colombiana agrupada primero en el Polo Democrático y luego en el Movimiento Progresista, logró conquistar en tres ocasiones consecutivas el favor del electorado bogotano para elegir al mandatario capitalino, hoy sufre el deterioro de su imagen y confianza por cuenta de los injustificables actos de corrupción en que se han visto envueltas estas administraciones, y los graves errores al momento de implementar iniciativas propias de sus programas de gobierno. Resulta obvio reconocer que equivocarse en el ejercicio del poder es grave y tiene sus consecuencias, pero lo es mucho menos frente al desgreño administrativo del que hace gala, del usufructo de lo público por parte de funcionarios venales, del nepotismo y clientelismo en el ejercicio del poder y corrupción a lo largo y ancho del sistema de contratación, de la dejadez y abandono de los principios de rendición de cuentas y control colectivo, como también la pérdida de toda noción de autocritica y actitud de rectificación; situaciones todas que terminan por pasar factura tanto a estas dos organizaciones como a la izquierda en general.
De otro lado, junto con la apertura y desarrollo de la mesa de diálogo entre el Gobierno Nacional y la organización insurgente FARC-EP y la expectativa de que algo similar ocurra con el ELN, se han venido activando nuevos movimientos sociales, mostrando fuerza y vitalidad que se aquilatan por los perfiles revolucionarios visibles al momento de exhibir sus planteamientos y propósitos. Podremos decir que pese al descalabro de la izquierda en Bogotá por cuenta de la inconsecuencia de sus dirigentes y de los corruptos, se abren interesantes perspectivas para los movimientos sociales y políticos que estén dispuestos a jugar su suerte del lado de las transformaciones ligadas a la construcción de la paz, de la ampliación y desarrollo de la democracia y de una clara consistencia y coherencia con un norte socialista.
QUIENES SOMOS:
Es aquí y ahora, tomando en cuenta y teniendo muy presentes las anteriores consideraciones, que nos convocamos, en nuestra condición de obreros y trabajadores, de campesinos e indígenas, de jóvenes y mujeres, de negritudes y raizales de artistas e intelectuales, de desempleados y exiliados, de LGTBI y otros grupos, pero por sobre todo en nuestra condición de colombian@s, para construir desde la base y colectivamente un espacio para la acción política de los movimientos sociales y de la gente del común a fin de liderar a la sociedad por caminos de unidad popular, paz y democracia, hacia el bienestar, la independencia y el socialismo, sobre la base de la ética revolucionaria y proletaria y una disposición inclaudicable de servicio.
PERFIL IDEOLÓGICO Y ÉTICO
Este espacio político ha de tener unos perfiles ideológicos y morales reconocibles, fundados en el altruismo que demanda el servicio a la sociedad, en su marcha hacia la construcción de un mundo justo y mejor. Por ello, reconocibles en la diversidad de nociones ideológicas y prácticas políticas, donde quede claro que nuestra opción es diferente, no porque lo proclamemos, sino porque lo comportemos en nuestra esencia.
Los perfiles ideológicos no son otros que las características del movimiento en su conjunto, pero que deberán ser comportados y reconocibles en cada uno de sus integrantes. No es posible pretender un movimiento ético si sus integrantes y adeptos no lo son. Debe existir una correspondencia y coherencia entre el decir y el hacer, entre la capacidad de planear y ejecutar y también en el prometer, comprometer y cumplir. En este espacio de acción política ha de valer la palabra empeñada y el valor de lo colectivo será mayor que el de la iniciativa individual; asimismo ha de ser de liderazgos con profundo procesamiento colectivo y con disposición de los líderes y los individuos al buen manejo del poder y del gobierno, la rendición de cuentas y a responder a los requerimientos del pueblo y la sociedad.
Nuestro movimiento y sus líderes han de ser respetuosos en el trato a la diferencia y a los diferentes, esto implica un alto sentido y valoración por la persona y sus derechos.  El trato siempre estará fundado en el honor, el respeto mutuo, la no discriminación y la dignidad.
Nos proponemos ser un espacio defensor y constructor de poder de los de abajo y de quienes se suman a sus intereses e ideales, esto es sujetos con derechos y deberes, empoderados, constructores colectivos de sus destinos y el de la sociedad, a su vez constructores y reproductores de procesos democráticos indispensables tanto para el debate y vida interna como para la lucha política y social.
Nuestro movimiento promoverá la transparencia en los actos de los individuos y de los colectivos, con una disposición de cuentas claras y actitudes y comportamientos ejemplares. El trabajo ha de estar signado por la ejecutividad y por la evaluación oportuna que posibilite corregir a tiempo o maximizar el esfuerzo cuando los resultados no son satisfactorios y no se corresponden con lo esperado.
Promoveremos la administración justa y eficaz de los recursos, haciendo uso de ellos sin derroche, con sentido colectivo y propiedad popular.
Nos declaramos decididamente militantes de la anticorrupción, del anticlientelismo, del antinepotismo, del anticaciquismo y antiprivatización. Como también militantes activos defensores de lo público, de la eficiencia y excelencia en el servicio y en el trabajo, en la alta valoración por la capacidad e idoneidad de nuestra militancia, así como de la gestión colectiva en la conducción de procesos de poder.
Para nosotros tiene en muy alto valor y consideración la promoción, preservación y desarrollo de derechos que dignifiquen y protejan la niñez, la juventud, la maternidad, la vejez, la viudez y el cuidado del medio ambiente.
Promoveremos la cultura de paz, la formación de valores, moral y ética, el arte, el desarrollo intelectual y científico, así como un alto sentido de justa justicia y de justicia social.
QUE SOMOS:
Nos constituimos como una fuerza política de estirpe popular y democrática, con claros lineamientos revolucionarios, devenida y desarrollada desde los movimientos sociales, capaz de liderar procesos de construcción y conquista de poder local, regional y nacional para ser gobierno y poder, para llenar de materialidad las aspiraciones de las mayorías colombianas en sus expectativas de vivir en paz, con democracia, bienestar y bienser. Nos planteamos mundos nuevos y posibles signados de paz, libertad, satisfacción y felicidad. Incorporamos en nuestro nombre los tres pilares fundamentales de nuestra acción política: la unidad, la paz y la democracia, de modo que nos proyectaremos como Movimiento Unidad Paz y Democracia cuya sigla será UPD.


PAZ Y DEMOCRACIA:
Tomando como base la fundamentación de principios éticos e ideológicos, nos planteamos centrar nuestra acción en la construcción política y social de procesos de paz y democracia como también de gobierno y poder a partir de nuestras propias fuerzas y las que podamos acumular mediante una clara política de alianzas con sectores sociales y políticos afines, cuidándonos de preservar la identidad e integridad política y moral.
Superar la crisis nacional debe tener como sustento la organización de un gran movimiento nacional de base por la paz, que tenga un vasto apoyo internacional. La bandera de la paz debe ser asumida por los movimientos populares. Si ellos no se interesan por el problema no hay presión desde abajo para que haya una solución política a la crisis nacional. La paz es la ilusión negada a lo largo y ancho de nuestra historia, pero también es el derecho de nuestro pueblo y de las personas a construir una vida y una sociedad donde los intereses y derechos de las mayorías se respeten y en la cual haya satisfacción de las necesidades materiales y espirituales para todos. Por lo tanto, es legítimo reclamarlo, conquistarlo y defenderlo.

Vivir sin guerra, es posible si hay un acuerdo con todas las fuerzas insurgentes, se desmilitarice la sociedad y se resuelvan los problemas sociales, esto nos pondrá en la tarea de contribuir en la construcción colectiva de la justicia social y en la remoción de las causas que hicieron posible los alzamientos en armas, para hacer una paz que se sostenga en el tiempo y cubra todo el territorio nacional. Obviamente, para lograrlo hemos de ser una opción de poder, constituirnos como tal y construirla con decisión y firmeza desde nuestros acumulados sociales de base.

Sin construcción democrática es imposible la paz. Centraremos, entonces, nuestros esfuerzos en conquistar un Estado democrático donde la democracia burguesa, recortada y excluyente que las clases oligárquicas han impuesto en Colombia, ha de ser  transformada en favor de la democracia popular, que será implementada por un gobierno soberano, que garantice la autodeterminación y la independencia nacional, democrático, popular, de unidad, o sea, de amplia representatividad de las mayorías, y de reconstrucción nacional, que emprenda la tarea de construir y cristalizar un proyecto nacional cultural y latinoamericanista.

Paz y democracia van juntas, se nutren y se corresponden, ambas son causa y efecto la una respecto de la otra; así que poner fin al conflicto armado interno supondrá de inmediato, si los movimientos populares bregan por conquistarlo, una ampliación de las garantías democráticas. En estas circunstancias surge la necesidad y el deber de actuar con presteza, para participar e incidir en el fortalecimiento y desarrollo de un país que se apresta a vivir una nueva era: la del ejercicio de la política sin necesidad de ir a la guerra.

PROGRAMA:
Es en este momento que nos planteamos nuestro norte socialista, al que nos aproximaremos en procesos acumulativos de reformas progresivas, de transformaciones más profundas empujadas por las masas en clara confrontación al capitalismo, a las clases oligárquicas y a las fuerzas imperiales que se proyectan a través de sus multinacionales, promoviendo la lucha del pueblo en su ejercicio soberano de autodeterminarse y de ascender al poder.
Nuestro programa ha de contener las reformas económicas necesarias para garantizar la producción de riqueza y bienestar para todos. Colombia necesita de un nuevo modelo de desarrollo que reemplace al neoliberalismo. Dicho modelo debe integrar la soberanía, el crecimiento económico equilibrado, proporcional y con sostenibilidad en el largo plazo, sustentable, en armonía con el medio ambiente, y cuyo resultado sea el bienestar individual y colectivo. Para lograrlo, el Estado deberá garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas con soberanía y racionalidad.
No nos oponemos a la explotación de los recursos naturales, estos son fuentes para el desarrollo del país siempre y cuando se realice su explotación sobre bases de soberanía, es decir, es el Estado quien define las condiciones de prospección, explotación y comercialización de los recursos; con racionalidad, esto es, tomando el cuidado y la planeación de no agotar los recursos por que el mercado lo demande; reducir el impacto ambiental con incorporación de tecnología, preservar los ecosistemas y la calidad de vida de los trabajadores.
El Estado deberá promover una economía basada en nuestras fortalezas productivas -agrícolas, industriales y extractivas- y de servicios que posee el país, tomando en cuenta la complementariedad con los demás países latinoamericanos y con los que acompañamos en procesos de integración económica y regional.
El Estado promoverá el empleo digno y pleno, defenderá el bienestar y derechos del trabajador, entre otros la contratación directa y estable y salarios reales crecientes, erradicará el empleo precario y cubrirá, mediante un sistema de seguridad y bienestar social –que abarca educación, salud, recreación, cultura y ciencia- gratuito, universal y de calidad a los trabajadores y ciudadanos en general.
El Estado defenderá y protegerá la economía y producción nacional, denunciará todos los tratados lesivos a nuestro desarrollo nacional, sancionará y castigará a las multinacionales que hayan promovido la violencia y hará cesar la intervención de las potencias en nuestros asuntos internos.

La democracia popular que queremos, garantizará el libre ejercicio de la actividad política, la inclusión de nuevos movimientos políticos y su expansión y cobertura a la totalidad de la sociedad, organizándolos sin restricción ni exclusión alguna. Cada colombiano será sujeto de derechos y deberes en igualdad de condiciones, sin distingos de raza, credo, sexo o vínculo social.

El Estado democrático protegerá las libertades de movilización, asociación y expresión, resguardará las justas reclamaciones de las mayorías, e instaurará un nuevo sistema de justicia que acabe con la impunidad, la corrupción y toda forma de inequidad judicial. 
                                                                                        
El Estado desarrollará una política de seguridad propia y en consonancia con un país sin conflicto armado interno, reducirá el gasto y el componente militar a los niveles indispensables para la defensa de la soberanía, esto es, el cuidado de las fronteras y de los recursos naturales. Las Fuerzas militares y de policía no serán jamás fuerza expedicionaria de ninguna potencia o de organismo multilateral. Se estructurarán como fuerza popular, patriota y defensora de la soberanía. No será amenaza contra naciones amigas y jamás apuntará sus armas contra el pueblo.

Colombia promoverá la unidad, integración y construcción de la gran nación latinoamericana. Se incorporará a los procesos regionales en curso en nuestra América, tales como UNASUR y CELAC y proyectará su integración económica al MERCOSUR, así como también promoverá su inclusión en la ALBA – TCP. La integración puede y debe darse también de manera sectorial, así la integración productiva, energética, financiera, infraestructural, de comercio, cultural, educativa, de alimentos, contribuirán a la superación de la dependencia y las asimetrías regionales y promoverá la complementariedad tan importante en el desarrollo económico de las naciones.

Pero aún más importante será la integración de los pueblos, que por encima de los Estados, se hermanan, construyen lazos de identidad en la latinoamericanidad y beben de sus historias comunes. Su hermanamiento es la cura contra las guerras y rivalidades entre Estados, es al mismo tiempo la base para la cooperación y el intercambio en condiciones justas e igualitarias. El hermanamiento en el espíritu de nuestra América hará posible materializar los sueños de una sola patria de Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre, Hidalgo, Morazán, Martí, Sandino, el Che, Camilo Torres y Chávez. El hermanamiento de los pueblos nos conducirá a la unidad en la comunión de luchas e intereses, del mismo modo que la unidad popular en Colombia nos guiará a grandes victorias políticas y construcciones sociales.

El Estado junto a las organizaciones de los trabajadores y del pueblo controlará los sectores estratégicos de la economía –finanzas, minería, energía y servicios públicos-, promoverá la recuperación de lo público y desarrollará su función de servidor y multiplicador de servicios públicos en todo el territorio nacional. En consecuencia, recuperará el control y desarrollo estratégico del sistema portuario (aéreo, terrestre, fluvial y marítimo) nacional, al igual que el desarrollo energético del país y gestionará de manera directa el sistema vial nacional y de movilidad pública en las ciudades capitales de departamento. El Estado centralizará el sistema pensional y prestacional de salud en entes públicos.

FORMAS DE LUCHA:
Nuestro movimiento, promoverá la organización autónoma, construcción de poder independiente y lucha directa de las masas en reclamación de justas demandas, será solidario con las luchas sectoriales y territoriales de comunidades y movimientos sociales; promoverá y realizará las actividades propias de un movimiento político para alcanzar sus objetivos estratégicos. Incursionaremos en la lucha electoral para acceder al poder y al gobierno. En este empeño podremos desarrollar una amplia gama de alianzas con movimientos afines y propósitos comunes. Estas alianzas podrán ser de mayor o menor alcance y duración, dependiendo de los propósitos que nos planteemos en cada momento. Nuestro trabajo y lucha fundamental es y será el trabajo de base, que permita generar conciencia, educar políticamente, organizar política y socialmente y movilizar a las personas, comunidades y clases y sectores sociales. En consecuencia, impulsará la convergencia social de los movimientos populares y de toda la izquierda. Además, apoyará las luchas que llevan a cabo los pueblos y organizaciones sociales en Latinoamérica y el mundo contra las políticas neoliberales, contribuirá a combatir las políticas imperialistas, que han generado la crisis global, y afirmará su voluntad internacionalista.
LINEAS DE TRABAJO Y ACCIÓN:
El movimiento proyectará su acción política, organizativa y movilizadora en todas las regiones, departamentos y municipios del país con la participación de todos las clases, capas y sectores sociales populares –trabajadores, artesanos, capas medias, campesinos, indígenas, mujeres, afrodescendientes, jóvenes, estudiantes, intelectuales y profesionales, migrantes, cristianos progresistas, personalidades democráticas y organizaciones políticas desde donde conformaremos los siguientes frentes de trabajo: sindical, barrial, jóvenes, estudiantil, intelectuales, cultura, género, LGTBI, campesino, indígena, negritudes y la diáspora. Para ello se partirá de los acumulados existentes y con planes de acción particular para cada sector, derivados de un plan de acción general.
LÍNEA ORGANIZATIVA:
Nuestro movimiento es para el pueblo y tiene como objetivo incorporarlo a la lucha revolucionaria. Es un espacio autónomo, orgánicamente muy flexible y amplio, de alianza, cuyas líneas de trabajo están orientadas a construir la unidad popular, un comportamiento político revolucionario y un programa de transformaciones democráticas.
Concurren aquí organizaciones sociales, organizaciones políticas de masas,  organizaciones políticas, organizaciones de base, cualquier otra forma de organización sectorial, cultural, ambiental o de otro tipo, individuos y personalidades democráticas y quienes se nos sumen en coyunturas de conflicto, que comparten nuestro programa, líneas de acción y formas de organización y lucha. Los que no están organizados y no quieran organizarse en las formas organizativas preexistentes, podrán hacerlo en grupos de base de UPD.
Respetaremos escrupulosamente las formas organizativas existentes y las estimularemos y alentaremos a robustecerse tanto en el terreno organizativo y político como en el social. Apoyaremos a las organizaciones sociales en sus luchas reivindicativas, politizándolas y orientándolas a participar en la vida política del país.
UPD, a su vez, confluirá organizadamente en la gran convergencia de toda la izquierda colombiana.
En un principio nos proponemos edificar una organización básica, la cual estará en transición hacia una más sólida y definitiva. De momento nos planteamos la creación de un centro articulador que actúe como un Coordinador Político, que hará las veces de comité nacional de impulso, representativo de nuestros contenidos sociales y de las regiones donde tienen presencia nuestras bases y movimientos sociales; que centralice y promueva todo el proceso de construcción colectiva de esta iniciativa política y del que se deriven sendas comisiones de Organización, Comunicaciones, Formación, Finanzas, entre otras. Igualmente, construiremos, en el corto plazo, comités departamentales, municipales y sectoriales como espacios de referencia para todas las formas organizativas e individuos que quieran sumarse al Movimiento.
Movimiento Unidad, Paz y Democracia
Colombia 13 de Abril de 2013.

miércoles, 27 de marzo de 2013

OS INVITO A VER EL SIGUIENTE VIDEO DE UN CANDENTE DEBATE EN EL QUE PARTICIPO:
 http://www.youtube.com/watch?v=0bS5TtenvjA



En la demora está el peligro

Por Carlos Arturo Velandia Jagua


OPINIÓN ONLINESorprende que aún no se haya iniciado un proceso de diálogo con el ELN.

En la demora está el peligro. Carlos Arturo Velandia
Carlos Arturo Velandia
Ante las insistentes preguntas, mías y de otros, sobre el por qué no se ha iniciado un proceso de diálogo entre el Gobierno Nacional y la organización insurgente Ejército de Liberación Nacional, ELN, había venido recibiendo respuestas de allegados al Gobierno, en el sentido de que se estaban realizando contactos exploratorios, para lo cual el Gobierno había designado dos plenipotenciarios, y que éstas exploraciones marchaban bien hasta el incidente de las retenciones de los ingenieros mineros en el Sur de Bolívar y la de los dos ciudadanos alemanes en el Catatumbo. 

Superadas estas dificultades, sorprenden las declaraciones de Nicolás Rodríguez Bautista al diario El Espectador, en las que asegura que “…entre los compañeros de las FARC y el Gobierno hay un proceso andando y nosotros ni siquiera estamos en diálogos exploratorios…” y más adelante agrega: “…Desde el pasado octubre, cuando el presidente Santos nos llamó públicamente a dialogar, le respondimos afirmativamente y desde entonces tenemos listo el equipo que va a dialogar con el Gobierno, ellos forman parte de la comandancia general del ELN…”; lo que pone en evidencia que el Gobierno solo se ocupa de dialogar y negociar con una sola organización insurgente; evidentemente tal decisión obedece a una estrategia muy parecida a la aplicada por Andrés Pastrana: paz con la guerrilla mayor e imposición de acuerdos a las restantes.

Vistas así las cosas, se empieza a prefigurar un panorama de una paz parcial pero no de una paz nacional, es decir, que de no iniciarse un proceso propio con el ELN lo que finalmente se obtendrá es el amainamiento del conflicto armado en el sur y oriente del país, pero no su superación total en el territorio nacional, porque quedarán activos y envalentonados los frentes guerrilleros elenos en las montañas de importantes regiones del país, como el ABC – Arauca, Boyacá y Casanare, el Catatumbo, el Sur de Bolívar y Magdalena Medio, Nordeste y Oriente antioqueño, Bajo Cauca, Serranía del Perijá y Sur del Cesar, Nariño y Bota Caucana. Esto es, ni más ni menos, que dejar enmontados a la organización guerrillera que más se ha aplicado a la construcción de una estrategia de solución política y que ha mantenido su disposición y búsqueda de caminos con todos los gobiernos desde César Gaviria.

El Gobierno debiera ser claro con el país y la Comunidad Internacional y decirles, que pretende pactar con la guerrilla a la que cree que no podrá derrotar militarmente (FARC-EP), para después imponer los acuerdos o derrotar militarmente a la que si cree que podrá hacerlo (ELN); pero me temo que no lo hará y mucho menos porque yo lo diga, creo ahora que más que una estrategia para hacer la paz, lo que tiene es una estrategia para disminuir las amenazas al menor costo posible, al tiempo que mantiene el poder de los militares sin menoscabo alguno, que no son solo poder al interior del país sino que son un poder disuasorio y potencialmente ofensivo en el contexto regional, ideológica, política y económicamente adverso a los deseos de la clase dirigente Colombiana, a las rentas sin límites de las multinacionales y a la imposición imperial del Gobierno de Estados Unidos.

El trámite de los diálogos y negociación en La Habana, va bien, es el reporte que las partes han trasladado a la opinión nacional, lo cual permite prever que hacia el 2014 se estará firmando el acuerdo general. Obviamente esta será una noticia muy buena, pero no será el acontecimiento que de una vez por todas, ponga fin al conflicto armado interno, que el año entrante cumplirá medio siglo de existencia, porque sencillamente se solapará el conflicto continuado con el ELN y el estallido del postconflicto que ocurrirá con la dejación de armas por parte de las FARC, con lo cual podremos asistir no al renacer de una esperanza sino a un vórtice de violencias incontroladas.

Creo que aún el Gobierno está aún a tiempo de reflexionar y buscar la paz nacional, hablando y pactando con las organizaciones insurgentes revolucionarias, sin exclusiones ni menosprecios, porque como lo dijera el patriota y revolucionario ecuatoriano José Eloy Alfaro “en la demora está el peligro”; si el presidente Santos deja pasar más tiempo, puede ocurrir que cuando el Gobierno quiera el ELN haya decidido dejar su voluntad aplazada para hablar con otro gobierno futuro, o que cuando el ELN quiera el Gobierno ya no pueda, dados sus apremios reelectorales y de gobernabilidad.

@CarlosVelandiaJ

lunes, 4 de febrero de 2013

jueves, 17 de enero de 2013



Según Felipe Torres, la apuesta mayor de las Farc está en el desarrollo de una política agraria. FOTO CORTESÍA EL ESPECTADOR
Es el momento de la paz: Torres
El exjefe del Eln, "Felipe Torres", lamenta que no se escuche, en la paz, a esa guerrilla.

Por DANIEL RIVERA MARÍN | Publicado el 17 de enero de 2013
A Carlos Arturo Velandia Jagua pocos lo conocen por su nombre de pila. Santandereano. Exmiembro de la Dirección Nacional del Eln. Otrora, mano derecha de alias “Gabino”, máximo jefe de esa guerrilla. Conoció los rigores del conflicto, estuvo en la cárcel de Itagüí por diez años. Salió libre. Estudió en España. Sigue siendo “Felipe Torres”, su nombre del Eln. El Colombiano habló con él.

Hace poco publicó en su columna de Semana.com los riesgos de acelerar el proceso de paz. ¿Es un problema?

“Las partes están decididas a que los problemas se resuelvan en la mayor brevedad. El inconveniente es cuando una de las partes presiona a la otra y hace ver que esa otra no quiere un ritmo más rápido. Eso genera tensiones. Hay que tener en cuenta que las Farc han llegado con una propuesta de reforma agraria integral y el Gobierno tendrá que responder a sus términos o hacer una contrapropuesta”.

¿Cree que el primer punto de la agenda es el más importante para las Farc?

“No hay lugar a dudas. Tiene mucho que ver, es el leitmotiv del movimiento fariano. Las Farc surgen del mismo conflicto de la tenencia y uso de la tierra, esa es su apuesta. Si hay acuerdo aquí, no habrá más razones para que la guerrilla de las Farc continúe en actividad armada”.

Cuando recibieron las propuestas del Foro Agrario las Farc destacaron propuestas no muy populares entre los empresarios...

“Hay muchas posibilidades de llegar a acuerdos en muchas materias. Participé en ese Foro y allí vi cómo la  Sociedad de Agricultores de Colombia, con presencia del señor Rafael Mejía, expuso sus puntos de vista, algunos muy cercanos al movimiento agrario. Él dijo como el sector ganadero poseía 40 millones de hectáreas y que el consideraba que 20 millones de esas debían ser incorporadas al sistema agrario productivo, curiosamente el movimiento campesino e indígena ha propuesto que sean 11 millones de hectáreas que pasen al sistema agrario. Por ahí hay posibilidades de acuerdo para resolver el problema agrario. Esto terminará resolviéndose, no como lo desean los señores de las Farc ni los señores ganaderos, pero sí va a haber arreglo en el tema agrario”.

¿Cuál es la diferencia de este proceso de paz?

“La diferencia es que los anteriores eran pasos para llegar a este. Este es un proceso que se presenta, a todas luces, definitivo. Creo que este es el último proceso al que asistimos. Todas las condiciones están dadas, tiene todas las características de ser el último, sobre todo porque está rodeado de una situación que ya es, a mi juicio, el agotamiento de la guerra. Las Farc no conquistarán el poder ni el Estado podrá acabar con el fenómeno insurgente”.

Hay sectores que hablan de una división en las Farc y de criminalización...

“Las Farc son una organización muy estructurada y a lo largo de su historia el Secretariado y el Estado Mayor han mantenido el mando sobre todas las estructuras. Obviamente no son los tiempos del camarada “Marulanda”, es posible que se discutan cosas de manera pública, aspectos divergentes, pero eso no sugiere divisiones. Ahora, en todos los procesos que he estudiado, no todos van a la mesa a hacer la paz, de los que van a la mesa algunos retornan a los fenómenos de violencia, incluso algunos firmando, no entregan la totalidad de las armas. Lo importante de esto es que se pone fin a una saga consecutiva en el tiempo y a una presencia  en todo el territorio nacional de unas fuerzas organizadas con niveles de representatividad y reconocimiento”.

¿Por qué el Gobierno no atiende las intenciones de paz del Eln?

“Eso se debe  a varios factores. Primero, a una lectura que es totalmente equivocada, y que no es solo de este Gobierno, muchos han pensando que, haciendo la paz con la guerrilla mayor, a las menores no le queda más que aceptar los términos de ese acuerdo. Segundo, es que ahora se combina asegurar un acuerdo con la guerrilla mayor antes de abordar otros frentes de discusión que puede hacer la negociación más compleja, donde se partiría el proceso. A mí me preocupa seriamente si al Ejército de Liberación Nacional no se le hace una oferta pronta de apertura de un proceso, el Eln pueda optar por dejar pasar esta posibilidad y esperar otro momento. Es un riesgo bastante alto”.

¿Cree que el Eln se está reorganizando?

"Totalmente. Ahora se les ve más activos, en distintas regiones del país y se ha visto que han llegado a nuevos territorios. Creo que han venido creciendo".

Hace poco le dirigió una carta a "Gabino" pidiéndole suspender el secuestro, ¿le contestó?

"No. Tampoco espero que me responda. Con toda seguridad este planteamiento habrá contribuido a la reflexión al interior del Eln sobre la necesidad de superar una práctica que, sobre todo, trae problemas. Esa práctica no le trae a nadie nada de beneficioso y reitero esa petición que le hago al comandante 'Gabino'".

¿Por qué la paz con el Eln es tan esquiva?

"Creo que ha faltado más convencimiento para llegar hasta el final. Los gobiernos con los que el Eln ha negociado han buscado la superación del fenómeno guerrillero, pero no la superación de los problemas del país, que es el principal factor. El Eln no ha encontrado en su contraparte las mismas convicciones que tienen. Un proceso de paz tiene que abordar los problemas sustanciales del país".

El año pasado el Eln le envió una carta en la que lo negaban como vocero ¿Qué pasó?

"Ellos hicieron una clarificación diciendo que yo no los represento ni tengo nada que ver con sus actividades ni su organización  lo cual me releva a mí de todo tipo de responsabilidad. Yo se los agradezco, que lo hubieran hecho público. Yo sigo en mis actividades de buscar la paz. Creo que en la vida me he dedicado a la lucha por transformaciones sociales y ahora es la oportunidad de crear escenarios para la transformación del conflicto y desarrollar las diferencias en un país en paz y en democracia".

¿Antes de la carta se sentía responsable por lo que decía?

Obviamente, y no dejo de hacerlo, porque aún sobre mí hay una mirada por mi pertenencia al Eln. Obviamente yo no respondo a los dictámenes ni a las instrucciones del Eln para decir ni hacer. Yo comparto las tesis políticas del Eln y hoy en día son defendibles en el marco de un país democrático. Yo planteo una renuncia a la lucha armada porque creo que ha sido superada".

¿Estamos a las puertas de una demostración de fuerza por parte de las Farc y del Eln?

"Creo que a partir del 20 de enero las Farc quedan sin ningún tipo de limitación y es lógico prever que quizá van a  incrementar su actividad y seguramente el Eln busque lo mismo. Ya ocurrió en una ocasión, cuando Andrés Pastrana desconoció al Eln, se hicieron notar desarrollando unas acciones supremamente contundentes con unas consecuencias grandes".
COLOMBIAN HEADLINES
‘FELIPE TORRES’ SAYS THIS IS DEFINITIVE
Former Eln member, "Felipe Torres" feels the time for peace in Colombia is now. The difference between these talks and previous attempts is that all others "were steps to get to this point." The war, he says, has been exhausted. "Farc won’t seize power and the State won’t be able to eradicate the insurgency. Peace is the only strategy."
EN DEFINITIVA
El exmiembro de la Dirección Nacional del Eln, "Felipe Torres", cree que este es el último proceso de paz al que asiste el país, solo faltaría el Eln.

martes, 15 de enero de 2013


Las presiones y los spoilers pueden reventar el proceso de paz

Las presiones y los spoilers pueden reventar el proceso de paz. .

Por Carlos Arturo Velandia Jagua
OPINIÓN

Si lo que se quiere es celeridad para llegar a acuerdos, es momento de empezar a discutir los aspectos de la problemática del desarrollo agrario.
Las presiones y los spoilers pueden reventar el proceso de paz. .
 Antes de partir para La Habana, la delegación gubernamental para los diálogos de paz con las FARC-EP, su titular, Humberto de la Calle Lombana, expresó el interés del Gobierno de “meter más ritmo al proceso” para obtener acuerdos en la mesa de negociaciones, con el fin de mantener el apoyo e interés de la sociedad activo y rodeando al proceso. 

Si bien éste es un aspecto que las partes en una mesa de negociaciones deben procurar permanentemente, la insistencia de un solo lado puede entenderse como una presión a su contraparte, lo que no es de buen recibo; razón ésta que ha motivado una respuesta contundente de la delegación de FARC-EP al entrar a la sede de los diálogos el día lunes 14 de enero, en la que invitan al Gobierno a pasar de la retórica y la demagogia a la puesta en práctica de las medidas que hagan posible superar los hondos desequilibrios económicos, políticos y sociales. Además, han dado a conocer a la opinión pública la primera de 10 propuestas  sobre “Reforma Agraria Integral”, construidas luego de analizar los cientos de propuestas que desde la sociedad le hicieran llegar a las partes, en las Mesas Regionales de paz promovidas por el Congreso de la República, del Encuentro Internacional Pueblos Construyendo Paz, las propuestas colgadas en la página web de la Mesa de Conversaciones y del Foro de Política de Desarrollo Agrario Integral con Enfoque Territorial; de tal modo que si lo que se quiere es celeridad para llegar a acuerdos, es momento de empezar a discutir los aspectos que integran la honda problemática del desarrollo agrario, de la tenencia y usos de la tierra, del modelo económico que haga posible la soberanía alimentaria y la protección de la biodiversidad y ecosistemas. 

Planteadas así las cosas, en el inicio de esta fase de negociaciones, las FARC-EP han tomado la iniciativa al llevar a la mesa contenidos y propuestas, las que el Gobierno no podrá ignorar y a las que tendrá que responder o contraproponer, pero igual el tiempo y el ritmo ya estará marcado por los avances hacia acuerdos en esas materias de discusión.

El Gobierno, al presionar con el tiempo, está enviando un mensaje de apremio suscitado por otras motivaciones, como por ejemplo el interés reelectoral del presidente Juan Manuel Santos, lo cual no es conveniente porque para las FARC-EP sus angustias no están en tener “todo listo para noviembre”, como lo desea el Gobierno. Los apremios de FARC-EP están en lograr una base sólida de acuerdos en materia agraria suficiente, que modifique el statu-quo vigente sobre la cuestión agraria y la tierra, como motivo poderoso para dejar las armas y avanzar de la lucha armada a la lucha política con garantías y en democracia. Entenderlo así es importante, de lo contrario se seguirán ejerciendo presiones indebidas que generan malestar en la mesa, enredan el trámite de las discusiones y alargan los tiempos, en lugar de acortarlos; además de que ponen en riesgo la continuidad y estabilidad de los diálogos.

A esta altura de las negociaciones, es conveniente llamar la atención sobre la necesidad que tienen las partes de hacer oídos sordos a la beligerancia verbal y provocaciones, que vengan desde “las barras bravas” de las partes, que como hooligans en un partido de fútbol están dispuestas a destruir el mobiliario urbano gane o pierda su equipo preferido. Corren rumores de que se estarían fraguando acciones violentas contra personas allegadas a las partes y afines al proceso de paz. Situaciones de estas las hemos vivido en otros momentos, con resultados devastadores que el país conoce. Hace solo unos días en París fueron asesinadas tres activistas Kurdas, en momentos en que se están desarrollando conversaciones para el inicio de un proceso de paz entre el Gobierno de Turquía y el PKK – Partido de los Trabajadores del Kurdistán, crimen que a todas luces está dirigido a impedir un acuerdo que ponga fin a la guerra de 25 años que se desarrolla en esa parte del mundo, por la independencia, soberanía y territorio para una nación de 40 millones de personas: el pueblo Kurdo. 

Guardando las distancias de este hecho, pero teniéndolo como referente en el horizonte, el proceso de paz en Colombia no está exento de la acción de energúmenos ni de spoilers, que ven en la paz una amenaza para sus privilegios o la detención de poder y consideran a los pacifistas o actores de la paz como sus enemigos o sujetos merecedores del azote de sus lenguas o sus armas. Cuidar el proceso es cultivar la paz.

En Twitter: @CarlosVelandiaJ 

miércoles, 2 de enero de 2013


“Al ELN no le gusta que lo ninguneen”

“Mi única militancia es la paz”.

 “El diálogo es una forma de lucha”.

“La guerra ha sido derrotada”.

‘Felipe Torres’, santandereano, fue miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Gabino, su comandante histórico, es de San Vicente de Chucurí, donde nacieron los elenos al mando de Fabio Vásquez Castaño en 1964. Antes, en 1950, estuvo allí Rafael Rangel con su guerrilla liberal. En 1966 murió en un combate el sacerdote Camilo Torres. Los subversivos fueron desalojados por el Ejército, y el paramilitarismo de Isidro Carreño puso su parte. Hoy San Vicente es una población pacifica, amable, en pleno desarrollo.

‘Felipe Torres’ en realidad se llama Carlos Arturo Velandia Jagua. Su familia goza de reconocimiento social en Bucaramanga. Su padre fue mi maestro en el glorioso Colegio Santander. A Felipe lo conocí en conversaciones para que los elenos se vincularan a un proceso de paz, cuando se les reclamaba abandonar los atentados contra  los oleoductos.

Felipe era un ideólogo. Hablaba en santandereano, duro, afirmativamente, moviendo las manos y abriendo los ojos para poner énfasis en sus palabras. Un día me encontré con él en Bogotá para hablar sobre lo que había ocurrido en Tlaxcala. Fue capturado, procesado y condenado por rebelión. Estuvo preso en Medellín, con Francisco Galán y Francisco Caraballo. Varias veces los visité, en afanes de paz. Felipe era el mismo convencido, dialéctico, emotivo, como un cruzado de la convivencia.

Candidato a la Presidencia de la República en 1998, hice una “serpatón” para financiar la campaña. Recibí un billete de 20.000 pesos firmado por Felipe y Galán. Lo guardo como grato recuerdo de una actitud sincera por la reconciliación.

Felipe sigue hablando como antes. Ya no es del ELN. Ahora lucha por la paz. Lo entrevistó Ola Política para promulgar su valioso testimonio.

HS: ¿Qué opina del esfuerzo por la paz que se está haciendo entre el Gobierno  nacional y las Farc en La Habana?
FT: Este es un proceso a mi juicio totalmente inédito. En Colombia no había sido posible a lo largo de la historia de “las paces” (porque van varias), desarrollar una arquitectura del proceso en secreto y en el exterior, y mantener la reserva durante tanto tiempo. Sólo lo conoció el mundo cuando las partes estimaron conveniente informarlo, y ya se habían cubierto seis meses de diálogo. Es inédito porque durante mi exilio en España estuve estudiando procesos de paz, mirando de qué manera se sirve uno de esas experiencias. Yo tengo la convicción de que asistimos a un momento histórico en Colombia, y que vamos a ponerle punto final  a 50 años de lucha armada.

HS: A usted lo conocí cuando era miembro activo del ELN, hablando de la paz. Desde ese momento lo identifiqué como alguien  que buscaba una solución política al conflicto. Luego tuve la oportunidad de visitarlo varias veces cuando estuvo detenido en Medellín, y seguía siendo un ardoroso militante de la causa  de la paz. ¿Sigue con ese mismo convencimiento?
FT: Esta es la única militancia que yo tengo en la actualidad: la paz y la construcción de la justicia social. No tengo militancia de ninguna otra índole. Fui militante y dirigente de una organización insurgente durante muchos años y desde allí contribuí al desarrollo de la lucha armada, obviamente, pero cuando me delegaron representar a mi organización en procesos de paz, aprendí el valor del dialogo. Hoy encuentro supremamente valioso el ejercicio de esta ‘forma de lucha’ para lograr las trasformaciones. Posteriormente, cuando recobré  la libertad tomé la decisión de no regresar a las estructuras clandestinas ni a las montañas, y planteé mi decisión de contribuirle al país y a la organización en la búsqueda de caminos para paz.




HS: Eso me alegra, porque sé que usted es una persona con profundas convicciones políticas y grandes compromisos intelectuales. A propósito de ello, ¿qué se puede hacer por la paz como militante de la convivencia? 
FT: Primero que todo, se necesita estar completamente convencido de que la guerra ha sido derrotada como mecanismo para resolver los grandes problemas. Eso nos lo han demostrado 50 años de confrontación y al respecto tienen que hacer un balance el Estado, las Fuerzas Armadas, los partidos y las insurgencias. ¿Cuál es el balance luego de 50  años de lucha  armada? Un país devastado. ¿Qué posibilidades tenemos a futuro? Yo creo que las insurgencias no tienen  posibilidad de acceder al poder.  Pero usted pregunta qué puede hacer el ciudadano del común. Este no tiene otra alternativa que mantenerse en la civilidad, exigir que las partes enfrentadas que ahora están en una mesa de negociaciones se atornillen a ella; que no se levanten hasta haber finiquitado el acuerdo que ponga fin a la confrontación armada. El ciudadano además debe reclamar su participación, estar dispuesto a participar en el ejercicio a su derecho a construir este país. En el posconflicto se tendrán que crear escenarios de  inclusión, donde el ciudadano común y corriente pueda expresar su voluntad en relación con los cambios que necesita el país.

HS: ¿El ELN, a su juicio, está interesado en un procedimiento similar al que se adelanta en La Habana?
FT: El ELN ha mantenido desde los años 90 la bandera de la solución política del conflicto. El 18 de julio de 2010 Gabino en un video le dice al presidente electo Juan Manuel Santos: “hablemos de paz, retomemos el proceso donde quedó el gobierno anterior. Démosle continuidad, hombre, hay cosas que se pueden rescatar, ese es nuestro deseo”. El 25 de julio de ese mismo año es el famoso video de Alfonso Cano, donde dice lo mismo: “hablemos”. Así las cosas, los dos máximos comandantes de las dos máximas organizaciones le plantean el diálogo a Santos. Y este en su discurso de posesión como jefe de Estado le anuncia al país que tiene la llave de la paz, expresa una voluntad. A partir de ahí se empieza a construir una oportunidad de oro. Obviamente con decir “hablemos” no está resuelto todo. Posteriormente matan a Alfonso Cano, pero las Farc mantienen su voluntad de dialogar. 

El Ejército de Liberación Nacional también tiene la voluntad y ha tomado la misma decisión, con una diferencia: que el gobierno estima que no es el momento de iniciar con el ELN. Hay allí hay un cálculo, una noción que obviamente a los ‘elenos’ les incomoda muchísimo, a mí en particular, por esa mirada tan desigual, tan asimétrica que se da con las dos organizaciones. El hermano del presidente, Enrique Santos Calderón, en una entrevista a Semana dijo que “los elenos enredan hasta un aplauso”. Eso obviamente genera irritación en el ELN, porque a nadie le gusta que lo ninguneen. 


HS: ¿Qué puede ocurrir entonces con el ELN, digamos a corto o mediano plazo?
FT: Si a febrero o marzo de 2013 no se ha iniciado un proceso de diálogo sostenido con el ELN, este podría tomar la decisión de dejarlo para después, o sea que no se adelantaría ningún proceso de paz con Juan Manuel Santo en sus primeros cuatro años.

HS: Después de lo de Tlaxcala, con el ELN hubo nuevos intentos y siempre se pensaba que no faltaba sino el último paso. Incluso durante el gobierno de Álvaro Uribe, hubo encuentros en La Habana. ¿Qué pasó a última hora?
FT: Donde más ha logrado mostrar avances el ELN, curiosamente, fue con el presidente Uribe, a tal punto que se llegó a elaborar un formato de proceso llamado el Acuerdo Base. Pero Luis Carlos Restrepo cometió un gran equivoco al confundir los escenarios y los actores, y por eso yo dije que era un gran irresponsable, y lo sigo sosteniendo. Él creyó que podía darle al ELN exactamente el mismo tratamiento que le estaba dando a los grupos de Mancuso o de Jorge 40, cuando pretendió colocar entre la espada y la pared al movimiento insurgente diciéndoles: "ustedes  se concentran y se identifican, todos sus militantes urbanos y rurales, y los metemos en un campamento, porque es la única manera de hacer diferenciación y separación  de fuerzas". Eso dinamitó el proceso, lo reventó, y no fue siquiera posible recoger los muebles de ese naufragio. A Restrepo se le dijo “por ahí no es la cosa”. Expertos internacionales le dijeron al presidente Uribe que un proceso de paz nunca se ha hecho así, donde en medio de las conversaciones la contraparte tuviera que concentrarse y dar sus nombres. Eso era algo totalmente inédito.

HS: Teniendo en cuenta el ánimo guerrerista y de querer aplastar a la guerrilla que siempre ha mostrado Uribe, ¿no pudo ocurrir que este les mandó a Luis Carlos Restrepo, como se dice vulgarmente, a ‘mamarles gallo’? 
FT: Eso es muy complicado de afirmar. Con decirle que Uribe llegó un momento en que le hizo esta oferta al ELN: “si ustedes hacen un cese de todos los actos de violencia, mañana mismo voy a un campamento, me reúno con Gabino, firmamos la paz y hacemos los ajustes de ley para que se vinculen a la lucha política democrática”. 

HS: ¿Por qué no firmaron el acuerdo entonces?
FT: Cuando yo hablé con Uribe él por supuesto respaldó a su Comisionado, pero matizó su propuesta. Me dijo, “dígale a Gabino que la situación se puede superar, que no es estrictamente indispensable que se instalen en un sitio”. Y yo le respondí: “presidente, la guerrilla del ELN no se concentra porque no es un ejército expedicionario, está con la comunidad, está con las gentes. La fuerza del ELN es más política y organizativa que armada, el 80 por ciento se dedica a estas actividades y solo un 20 por ciento a la lucha armada. ¿Cómo pretende usted concentrarnos?” Y él decía: “miremos entonces que haya algunas agrupaciones territoriales, no tantas como frentes tengan, pero que si haya agrupamiento en algunas regiones, Por ejemplo que en Arauca se concentren los que están en los Llanos, y los de Santander y el Magdalena Medio en un sólo lugar, y los del Tolima y el centro del país también. Esa era la idea que planteaba el presidente, un nivel de concentración con más flexibilidad, pero Luís Carlos Restrepo se encargó de conducir todo el proceso al fracaso.


HS: Lo oigo hablar con un gran sentido de solidaridad y compromiso con ELN, pero el pasado 26 de marzo el Comando Central de esa organización expidió un comunicado donde dijo que usted no era “vocero ni representante” de ellos. Daría la impresión de que eso equivale a una expulsión. ¿O me equivoco?
FT: No, no está equivocado para nada. No represento al ELN, pero soy un eleno de principio a fin. Es que lo eleno no es una camiseta; yo no estaba vinculado a un equipo de fútbol, donde se hacen transferencias o esas cosas. Yo soy un revolucionario, y me hice revolucionario en las frondas del Ejército de Liberación Nacional, y por diversas circunstancias dejé de ser miembro activo, y por eso no lo puedo representar. Cuando ellos toman esa decisión, porque estiman que las cosas que yo digo pueden ser interpretadas como que son del ELN, yo siento un gran alivio porque me quitaron un piano de encima. Porque todo el mundo me miraba como su representante, cuando no lo era; o como si tuviese vínculos, cuando no los tengo.  De modo que los vínculos que tengo con el ELN no son orgánicos, pero sí indestructibles, porque son morales, éticos y de grandes afectos.

HS: ¿Y políticos?
FT: Políticos, claro. Todos sus representantes y combatientes son mis hermanos de afectos. Las tesis políticas del ELN son conquistables a través de la lucha política y democrática, y a eso es a lo que yo me dedico: a defender la paz con justicia social, la democracia, la inclusión de un mejor país; esas son las tesis políticas. Soy eleno, soy Camilista de aquí a la luna. 

HS: Usted le escribió una carta a Gabino donde le solicitó acabar con acabar con los secuestros. ¿Cree que será escuchado?
FT: Finalmente el ELN tomará esa decisión, porque lo de los secuestros es un fardo, un lastre supremamente pesado y no tiene por qué seguir cargándolo, siendo que ninguna de las estructuras se sostiene con eso. El secuestro es una práctica delincuencial, no una práctica que desarrollan de manera activa las insurgencias. Las guerrillas no viven de secuestrar. Entonces ¿qué sentido tiene seguir manteniendo esa figura como si de eso viviera? 

HS: En una entrevista con Alfredo Molano para el Espectador en agosto del año pasado, usted contó que está sin trabajo. Entonces, ¿a qué se dedica?
FT: Esto de la paz es un apostolado. Yo tengo muy importantes amigos vinculados a la labor académica, que me invitan a dictar charlas con sus estudiantes de ciencias políticas. Y de vez en cuando sale una consultoría, como el año pasado, cuando fui contratado para producir un libro sobre los costos y efectos del conflicto armado en Colombia. Ahí precisamente hice un balance, con el propósito de acercarnos a la verdad histórica, pero también de decirle al país: “seamos conscientes de lo que nos ha costado, para que no se vuelva a repetir”.

HS: ¿Cómo ve a los que se oponen al proceso de paz? Por ejemplo, Fedegán. 
FT: Ellos son parte de un país con los que también hay que hablar y negociar. En mi última columna para Semana.com propuse una mesa de paz Uribe – Santos, como parte del proceso. Eso tendrá que darse, algún día ellos deberán sentarse a hablar y buscar acuerdos sobre los grandes problemas del país, entre estos el problema de la paz y el de la guerra. Uribe cree que hay que derrotar a las guerrillas y luego conversar, y Santos lo entiende como ponerle fin al conflicto abriendo espacios y creando climas de reconciliación. Si queremos realmente poner fin al conflicto armado, tendrá que haber mucha verdad, mucha reparación, y mucha impunidad para todos.

HS: ¿Cómo así que impunidad?
FT: Es que no concibo que este proceso de paz vaya a llenar las cárceles con generales o con jefes guerrilleros. Eso no se va a dar, así no se va hacer la paz en Colombia. Jamás. Las victimas que hoy con todo derecho reclaman justicia, deberán entender que para ganar la paz y para que no haya mas victimas, tendrán que sacrificar un poco sus aspiraciones. Entender que la paz es reparadora y que la paz también es un acto de justicia. Es decir, no solamente la cárcel es un acto de justicia; la paz también lo es. Obviamente, hay crímenes que no pueden quedar en la impunidad y tendrán que ser intervenidos mediante una justicia transicional. La transicionalidad contempla elementos simbólicos sancionatorios, donde se les diga a las partes: lo que hicieron no fue bien hecho, y por eso los sanciona la sociedad y el Estado. Pongo el ejemplo de El Salvador, donde Joaquín Villalobos, máximo comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) termina él asumiendo toda la responsabilidad por los delitos cometidos. Él fue sancionado “intuitu personae”, o sea que asumió la totalidad de las sanciones y fue castigado con el destierro y la prohibición –de por vida- de participar en la vida política y publica de su país. Esta es, a mi modo de ver, la clase de justicia transicional que podría abrir el camino a la reconciliación,
Tomado de: http://www.olapolitica.com/?q=content/%E2%80%9Cal-eln-no-le-gusta-que-lo-ninguneen%E2%80%9D