viernes, 24 de enero de 2014

Seguridad y defensa para el final de la guerra y una paz duradera

23 enero 2014

Seguridad y defensa para el final de la guerra y una paz duradera

Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 
La izquierda debe proponer la construcción de una doctrina de seguridad y defensa, para una paz estable, diferente a la actual que es guerrera y propiciatoria a la violación de los DD. HH.


Foto: SEMANA

Ha hecho carrera una equivocada noción de que la seguridad y defensa de un país son temas de manejo casi exclusivo de los partidos políticos de derecha y que, por lo contrario, los temas sociales lo son de las izquierdas. Este entendido en Colombia es una verdad casi que absoluta, por cuanto no ha habido un gobierno de izquierda gobernando al país que deba encarar los retos de manejo del orden público interno, la paz y la convivencia y la defensa de la soberanía nacional. Además, por haber sido objeto de la acción persecutoria de los gobiernos de derechas, que en virtud de la doctrina imperial impuesta y adoptada por ellas  en el marco de la guerra fría, hizo ver a las izquierdas como una amenaza y como parte del enemigo interno a vencer. 

Sin embargo, esto no es razón para que los temas de seguridad y defensa brillen por su ausencia en los idearios políticos de los partidos y movimientos de izquierda, y mucho menos ad portas del final del conflicto armado interno y del advenimiento de una nueva época de apertura a la lucha política sin armas, y a la disolución o transformación de fuerzas fácticas de poder armado. 

Los partidos políticos de izquierda y sus dirigentes, deben construir en su discurso e ideario una noción de seguridad y defensa compatibles con sus programas de transformación social, de tal modo que se establezca una correspondencia entre los propósitos sociales, políticos, económicos y de soberanía, con los de la seguridad de una nación y la defensa de un país.

Colombia y sus gentes han vivido a lo largo del último medio siglo bajo el peso específico de las políticas de seguridad y defensa, desarrolladas por los distintos gobiernos que han tenido que afrontar el conflicto armado planteado entre las guerrillas insurgentes y el Estado; peso que se ha hecho sentir de manera desbordada y criminal en muchos casos, que revestidas con el maquillaje y el discurso de autoridad, de defensa de la institucionalidad y la democracia, del restablecimiento del orden y en nombre de la patria, han intervenido y recortado derechos ciudadanos y acorralado a las opciones políticas diferentes, algunas de ellas llevadas hasta el exterminio.

En contraste, la defensa de los intereses del país, se ha quedado a la vera del camino y también hemos visto cómo la soberanía nacional no es más que un canto a la bandera, mientras que el intervencionismo militar y económico extranjero se han fortalecido frente a la claudicación y subyugación promovidas por las clases económicas y políticas en el poder. 

Así, los gobernantes de turno, uno a uno, han entregado las riquezas naturales a las multinacionales, riquezas que nominal y constitucionalmente son de propiedad colectiva de la Nación, es decir de todas y todos los colombianos; con la justificación de una suerte de vanos espejismos de desarrollo y progreso. De otra parte, han permitido la presencia continuada y sostenida de contingentes militares de potencias extranjeras, bajo el eufemismo de programas de ayuda y cooperación; han cooptado la voluntad defensora de la soberanía nacional y han articulado la fuerza y disposición ofensiva de las Fuerzas Armadas de Colombia a sus planes imperiales, generando con ello desequilibrios, preocupaciones e inestabilidad en la región.

El proceso de paz en curso con la guerrilla de las FARC-EP y el esperado proceso con el ELN permiten avizorar, en tiempo no muy lejano, la firma de acuerdos de final del conflicto armado. Corresponde en consecuencia que los partidos y movimientos políticos que aspiran a regir los destinos del país construyan la doctrina de seguridad y defensa para los tiempos de paz que hemos de vivir y que sobrevendrán tras la firma de los acuerdos de punto final a la confrontación entre colombianos.

Sin duda alguna que se trata de una “NUEVA DOCTRINA DE SEGURIDAD Y DEFENSA”, la cual debe estar signada por la superación de la concepción de enemigo interno y una redefinición de las amenazas, en las que se no se incluya a las fuerzas políticas de ideología comunista o socialista o movimientos de oposición política al gobierno. 

Una nueva doctrina determinada por el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos, la solidaridad, la cooperación y los principios de buena vecindad. Una nueva doctrina que privilegie dirimir los actuales y futuros contenciosos con otros países a través de la diplomacia y las cortes internacionales. Una nueva doctrina que deconstruya el guerrerismo exacerbado en las FF. AA. del Estado y de la sociedad, por haber estado inmersas durante 50 años en la guerra, y construya una noción de cultura de paz, para la convivencia y una paz duradera. Una nueva doctrina que prohíba a Colombia a participar en conflictos internacionales. 

Una nueva doctrina que no haga del agente de la seguridad y el orden, sea este militar o policía, un potencial agresor contra su pueblo. Una nueva doctrina, que permita reducir el pie de fuerza militar y de policía a las estrictas proporciones de la defensa de las fronteras, la integridad territorial, la soberanía nacional, la lucha contra la criminalidad y la convivencia pacífica. Una nueva doctrina, que permita que los demás países de la región eleven su confianza y posibilite impulsar a niveles mayores la integración de los países y los pueblos. Una nueva doctrina, que haga posible aplicar el diferencial presupuestario de unas FF. AA. en guerra a unas FF. AA. en paz, en favor de la inversión y la justicia social. 

Finalmente, una nueva doctrina que en la que el respeto a los derechos humanos, el acatamiento a la norma y la obediencia al poder civil contribuyan a situar a Colombia en posiciones internacionales de respeto y alta consideración por su  progresión y civilidad.

Este es el reto que tienen los partidos políticos y los aspirantes a la Presidencia de la República. Hacer mutis por el foro sobre estos temas es darle ventaja a las opciones que ofertan la guerra, porque ellos sí que tienen doctrina de seguridad y defensa: la que hemos padecido durante 50 años.

En Twitter: @carlosvelandiaj


miércoles, 18 de diciembre de 2013

UNIDAD, PAZ Y DEMOCRACIA

Unidad, paz y democracia

Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 
Son tres magnas tareas que serán decisivas para sacar al país de la guerra y ponerlo en el sitial donde la justicia social sea sinónimo de bien-estar y bien-ser.


Foto: SEMANA

Cada día trae su afán, reza el adagio popular, y suelen repetirlo las personas en referencia a las tareas del momento y las prisas por realizarlas. De igual manera podríamos decir de las tareas de un Estado, un país o una sociedad; obviamente que son muchas, pero no todas tienen la misma urgencia y valor, por lo requieren ser jerarquizadas para su desarrollo, tomando en cuenta las necesidades del momento, de la época y de su trascendencia para las gentes, para el país, así como el impacto de éstas en la región y el mundo.

No tengo duda alguna que las tareas de Colombia y sus gentes, hoy - presente, mañana – futuro inmediato y mediato, son la unidad, la paz y la democracia; tres magnas tareas que debemos realizar de manera mancomunada el gobierno, la institucionalidad y los ciudadanos, cada cual desde su lugar y competencias pero todos, sin exclusión tendremos que estar en esta obra colectiva, que será decisiva para sacar al país de la guerra y ponerlo en el sitial donde la justicia social sea sinónimo de bien-estar y bien-ser, donde la violencia quede proscrita de la acción política y sea sólo el recuerdo de una larga pesadilla, de la que tardamos cincuenta años para despertar:

Hablar de unidad es entender la comunión de los vastos sectores sociales en que se compone nuestra sociedad, alrededor de causas y propósitos comunes, que a su vez contribuyan en la construcción siempre aplazada de la Nación. Y no hay propósitos o causas mayores para los colombianos que los de los bienes supremos de la paz y la democracia, es decir, el signo de este tiempo, no es otro que el de la unidad.

La paz que debemos los colombianos conquistar y construir, no es otra que la resultante de la indisoluble relación entre final del conflicto armado y la justicia social. Es decir entre los acuerdos de punto final al alzamiento en armas por parte de las guerrillas revolucionarias y la implementación de reformas y transformaciones políticas, económicas y sociales; demandadas y construidas entre todos los colombianos, sin excepción, para una sociedad de justicia, equidad y bienestar.

Resulta necesario insistir que los acuerdos de paz y la construcción de los escenarios y procesos de reformas y transformaciones, se darán en tiempos diferentes pero relacionados; el primero es decisivo para desencadenar las fuerzas que hagan posible abordar el segundo, es decir, el final del conflicto armado pondrá a la sociedad entera en el partidor, para encarar sin intermediaciones, sin presiones, sin cooptaciones y sin excusas; las tareas de la justicia social. En síntesis: el conflicto armado es de las partes Estado – Insurgencias, pero el posconflicto es de la sociedad, sin armas, sin violencia.

Hasta aquí van bien las cosas, pero aquí mismo es donde “la puerca torció el rabo”, se dice en Santander, porque la construcción de la paz requiere de la democracia, dado que su estrechez y su ausencia han sido fuente y causa del alzamiento y la violencia. Por ello, en buena hora y luego de profundas discusiones en la Mesa de La Habana y en el Foro Nacional sobre Participación Política; el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC-EP, construyeron un importantísimo acuerdo en el punto dos de la Agenda, que en el fondo modifica el statu-quo de la democracia: estrecha, recortada, restrictiva, excluyente, o imperfecta como comúnmente se le suele llamar, y vigente a lo largo de nuestra vida republicana;  para derribar sus muros y correr sus fronteras para incluir a comunidades, a sectores y movimientos sociales y políticos así como a  territorios, por siempre excluidos y/o impactados profundamente por la guerra.

La democracia, se convierte hoy en la propuesta, el método, y el escenario, en el que debemos de “arar con los bueyes que tenemos”, para transformar la sociedad, lo que implicará que nos pongamos de acuerdo en las herramientas a utilizar, entre ellas el mecanismo que la Mesa de La Habana, y muy pronto la mesa con los elenos, acuerden para refrendar los acuerdos de final de la guerra en Colombia; y el de la Asamblea Nacional Constituyente, que deberá ser convocada como resultado de un Gran Pacto Político Nacional entre todas las fuerzas política y sociales de que está hecha y representada la sociedad, pacto que establezca las materias a examinar, la composición y el tiempo de duración, pues está visto que profundos problemas tenemos los colombianos, y que nos compete a todos contribuir en su examen y en convenir las soluciones. Este gran Pacto Político Nacional, es el antecedente del Gran Tratado de Paz y Nuevo Contrato Social, que terminará por representarnos, por incluirnos, por vincularnos a todas y a todos; en un país donde se pueda volver a pescar de noche y donde si tocan a la puerta de la casa a las cinco de la mañana, no se sienta el temor de ser allanado, es el lechero. No lo Olvide: unidad, paz y democracia.

En Twitter: @carlosvelandiaj


jueves, 28 de noviembre de 2013

LAS MUJERES EN LA MESA DE DIÁLOGOS DE PAZ

Las mujeres en la Mesa de diálogos de paz

Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 

OPINIÓNEsta decisión, sin duda alguna, marca un hito en la historia de las paces en Colombia, porque por primera vez, vemos mujeres en la primera línea de la discusión.

Las mujeres en la Mesa de diálogos de paz.

Foto: SEMANA

El nombramiento presidencial de las señoras María Paulina Riveros y Nigeria Rentería, como integrantes plenipotenciarias del equipo del Gobierno Nacional, en la mesa de diálogos con las FARC-EP en La Habana, se recibe con agrado por cuanto representa un paso en la dirección correcta, por parte del Gobierno, hacia el cumplimiento cabal de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre mujeres paz y seguridad. 

Esta cual insta de manera perentoria a los gobiernos a incorporar la perspectiva de género, en todas las actividades atinentes a la solución política de conflictos, a la construcción y mantenimiento de la paz y en las actividades que desde los Estados se promuevan para incorporar mujeres en las negociaciones de conflictos, en la preservación de los derechos humanos y en el desarrollo de cultura de paz.

Esta decisión, sin duda alguna, marca un hito en la historia de las paces en Colombia, porque por primera vez, vemos mujeres en la primera línea de la discusión y de la toma de decisiones en materias tan sensibles como son los temas para llegar a un acuerdo de paz, que en Colombia será histórico, por la razón de que será el acuerdo que ponga punto final al más largo conflicto interno del hemisferio occidental y se constituya en el acontecimiento, que permitirá que la sociedad entera se dedique a construir la justicia social, para una paz duradera y estable.

En años y procesos pasados, el país supo de extraordinarias mujeres fungiendo como miembros de equipos de negociación, pero en esos casos ninguna llegó a tener un rango de plenipotenciarias. Estos son los casos de Vera Grave, quien cumpliera un importante aunque discreto papel en los diálogos con el M-19; de Lucía González, quien en representación del ELN suscribiera en la población de Cravo Norte, el acuerdo de inicio de diálogos de paz de Caracas y Tlaxcala; de la comandante Mariana de las FARC-EP que hiciera parte del equipo de diálogo social en las Audiencias del Caguán; de Ana Teresa Bernal en representación de la sociedad civil en el proceso de audiencias del Caguán; de María Emma Mejía representante del Gobierno de Andrés Pastrana en la fase inicial de los diálogos del Caguán; y ahora un número importante de mujeres guerrilleras que integran el equipo de las FARC-EP en La Habana.

La investigadora de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona,  María Villellas Ariño, en su artículo “Las mujeres en los procesos de paz” del 2011, dice que: “las organizaciones de mujeres son un actor muy relevante en la promoción de una salida dialogada a los conflictos armados, y en numerosas ocasiones han protagonizado llamamientos a los actores armados para que se ponga fin a los conflictos por la vía política” como la marcha del 22 de noviembre en Bogotá, convocada por las distintas plataformas de mujeres que protagonizaron una gesta plebiscitaria por la paz y contra la violencia hacia las mujeres. 

María Villellas advierte y cuestiona que “de acuerdo con cifras de Naciones Unidas, las mujeres representan el 8% de quienes participan en las negociaciones de paz, y menos del 3% de quienes firman los acuerdos de paz” y que por lo general la participación de mujeres en procesos de diálogo y negociación se da sobre “la idea de que sólo cuando el proceso de paz está encarrilado se puede estudiar si integrar o no el género e incluir a las mujeres, suele ser muy habitual, creándose inercias que dificultan cada vez más su inclusión” .

Estas observaciones de la investigadora Villellas Ariño, son de una vitalidad y contundencia, que no deja duda sobre la dirección en que deben moverse las partes, al momento de constituir sus equipos negociadores. Por su lado, el Gobierno movió ficha, lo cual me lleva a interrogar si las FARC-EP harán otro tanto, que de ser positiva la respuesta, significaría un acercamiento hacia el acatamiento a las normas internacionales, como también un reconocimiento de instancias e instrumentos del Derecho Internacional; pero por sobre todo una acción positiva hacia reivindicar el papel de la mujer insurgente en las organizaciones guerrilleras.

De otra parte, pronto se iniciará el 17º Ciclo de diálogo en La Habana, que abordará el tema de “Solución al problema de drogas ilícitas”, para lo cual las partes cuentan ya con las conclusiones del Foro Nacional y Foro Regional realizados en Bogotá y San José Del Guaviare respectivamente, que deberán tomar muy en cuenta, y para lo que se requiere que los equipos manejen con propiedad e idoneidad esta temática y problemática. Ojala las FARC-EP considerara la inclusión en su equipo de diálogo a Fabián Ramírez y Joaquín Gómez, con la certidumbre que sus conocimientos y capacidades serían decisivas en la construcción colectiva (con el gobierno) del acuerdo posible.

En Twitter: @CarlosVelandiaJ

LOS DÍAS DE LA PAZ - DOCUMENTAL

viernes, 8 de noviembre de 2013

NO PARES; SIGUE, SIGUE

No pares; sigue, sigue

Por Carlos Arturo Velandia Jagua

OPINIÓNAhora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados.

No pares; sigue, sigue.

Foto: SEMANA

El anuncio del acuerdo fundamental sobre el segundo punto de la Agenda contenida en el "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", denominado Participación Política; y las recientes liberaciones de secuestrados del ELN, son claras demostraciones de las voluntades de paz de las partes enfrentadas y signos alentadores a la confianza de la sociedad hacia el proceso de paz en curso.

El acuerdo leído y dado a conocer al país y al mundo por los garantes Dag Nylander y Rodolfo Benítez, de Noruega y Cuba respectivamente, se ha logrado en un esfuerzo de las partes sin precedentes, para el cual han debido poner a prueba la arquitectura del proceso, así como la voluntad misma de las partes. 

El proceso se venía haciendo agua y anunciaba un mal final, por cuenta de las urgencias y presiones del gobierno en los tiempos y por la ausencia de resultados a la vista luego de seis ciclos consecutivos en el mismo tema, además por un creciente desgano de la sociedad que cada día se expresaba como desconfianza y desesperanza, aparte de que la “contrapaz” se convirtiera en el leitmotiv y bandera política del partido Uribe Centro Democrático.

Para producir el acuerdo, las delegaciones del Gobierno Nacional y de FARC-EP en la Mesa de La Habana, debieron flexibilizar sus férreas posiciones y asumir que la construcción de los acuerdos no se puede hacer a expensas de la contraparte. Se impuso el realismo frente al idealismo y se generó una relación de coequipo, que sólo es posible cuando partes contrarias en una mesa de negociación entienden y asumen que están allí, en la mesa, en cumplimiento de una misión, que en este caso no es otra que la de producir un acuerdo de punto final del conflicto armado interno colombiano. Sólo de esta manera es posible entender y escuchar las razones de cada una de las partes, en un ejercicio permanente de ceder para ganar.

De otra parte, la eficacia de la rígida arquitectura del proceso estaba siendo sometida a fuertes presiones, producto de los “movimientos telúricos” de la misma mesa y de la coyuntura política doméstica, que amenazaban con romperla, si no se implementaban mecanismos “de sismo-resistencia”, como fueron los alargues del ciclo, primero por tres días más y luego otro hasta obtener el acuerdo.

En suma, ahora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados, de modo que el próximo ciclo 17º se realizará con mayor dinamismo, por el jalón que supone los acuerdos en los puntos 1 y 2 de la Agenda.

Por otra parte, las liberaciones de secuestrados por el ELN de un equipo técnico de una empresa contratista del oleoducto Bicentenario: el ingeniero Yesid Francisco Galindo, el administrador Éber Arnulfo Morera Cabrera y el conductor Nelson Carreño Becerra; y el anuncio de la liberación del ingeniero forestal Andrés Montes, trabajador de la Compañía Agrícola La Sierra, de capital chileno con operaciones en el Sur de Bolívar, son actos positivos reconocibles como actos de paz, que contribuyen a “pavimentar” el camino del ELN hacia una mesa de diálogo y negociación.

Reconociendo la importancia de las liberaciones y su significado, debo decir que estas son insuficientes, que el país demanda que sean liberados todas las personas que estén secuestradas en manos del ELN y que, al igual que lo hiciera la guerrilla de FARC-EP en su momento, anuncie el final del secuestro como práctica insurgente. Solo de éste modo el ELN podrá encaminarse hacia una mesa de diálogo para la paz de manera expedita y con apoyo de la sociedad colombiana y de la Comunidad Internacional.

Vistas así las cosas, los pasos siguientes inmediatos no son otros que el gobierno se decida a iniciar la exploración formal con el ELN hasta lograr un acuerdo de Agenda y de instalación de su propia Mesa de diálogo y negociación, que las dos organizaciones insurgentes declaren un cese unilateral de acciones ofensivas durante el periodo de navidad y año nuevo, que el gobierno acompañe estos actos de paz con reciprocidad, de tal modo que se produzca un desescalamiento de la confrontación, y con esto un alivio general para la sociedad colombiana, que debe empezar a ser resarcida y a beneficiarse de la paz que reclama y a la que tiene derecho.

Finalmente, el presidente Juan Manuel Santos en su alocución al país, con motivo del acuerdo en la Mesa de La Habana señaló que, “Cuando avanzamos, cuando se ven los resultados, no es el momento de parar. Es todo lo contrario, es el momento de acelerar de continuar con más ánimo y entusiasmo para lograr ponerle fin a este conflicto de forma definitiva”, poniendo fin a los interrogantes que se cernían sobre la continuidad de los diálogos en medio de la coyuntura electoral. Definitivamente, como lo afirmé en mi artículo anterior “La paz y las elecciones no son incompatibles”. De modo que aquí cabe el pegajoso estribillo de esa canción popular que dice: “no pares sigue sigue, no pares sigue sigue”.

En Twitter: @carlosvelandiaj

lunes, 4 de noviembre de 2013



“El Gobierno y el ELN ya deben dar inicio a los diálogos”: exjefe del ELN
Carlos Velandia, alias ‘Felipe Torres’, exdirigente del grupo guerrillero, asegura que no se debe desaprovechar la oportunidad para que ambas partes busquen la paz.

El exdirigente del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Carlos Arturo Velandia, alias ‘Felipe Torres’.
Julio Sánchez | El País
Por: Diana Isabella Sánchez | Reportera de El País Lunes, Noviembre 4, 2013
Asegura que no es vocero ni militante del ELN, como lo fue entre 1972 y 1994, cuando abandonó las armas luego de una captura que lo costó diez años de cárcel. Sin embargo, está dispuesto, como lo ha hecho en ocasiones anteriores, a mediar en unos posibles diálogos de paz entre este grupo guerrillero y el Gobierno Nacional.
Considera que, así como lo están haciendo con las Farc en La Habana, Cuba, el Gobierno puede iniciar un proceso de diálogo con el ELN que lleve a acuerdos de paz, pero resalta que ambas partes deben apresurarse y concretar los contactos para iniciar una fase exploratoria.
¿Cómo ve un posible diálogo entre el Gobierno y el ELN?

Primero tiene que cursarse una fase necesaria e indispensable: que las partes se reunan, en el lugar donde quieran, para explorar. Ambos tienen que explorarse y explorar la voluntad; tienen que llegar a concretar una agenda, una arquitectura del proceso que, yo estimo, no sería muy distinta a la que se ha logrado con las Farc y que ha posibilitado establecer la mesa de La Habana. Creo que el ELN insistirá en unos temas puntuales para establecer en su propia agenda, como lo son el desarrollo minero energético, la participación de la sociedad civil en el proceso de paz y en las transformaciones.
¿Qué tan adelantados van esos contactos entre el Gobierno y el ELN?
Según el ELN, a través de sus comunicados y declaraciones, el proceso no ha arrancado. Ha habido contactos, pero no se está desarrollando de manera seria, organizada ni secuencial un proceso exploratorio. El ELN pide al Gobierno que se decida de una vez por todas a iniciar este proceso.
Tras seis intentos fallidos de diálogos entre el Gobierno y el ELN, ¿cree que es esta la oportunidad para que la solución al conflicto pueda darse?
Creo que sí, no solamente porque estas dos partes lo quieran, sino porque la sociedad colombiana lo desea y porque terminará por imponerlo. Esta es una oportunidad que tenemos todos y, tanto el Gobierno como los ‘Elenos’ saben que no pueden dejarla pasar porque le pertenece al país más que a ellos.
Es claro que una negociación con el ELN no tiene cabida en La Habana. ¿Pero si puede servir de base para un eventual diálogo con el Ejército de Liberación Nacional?
Cada organización tiene su propia historia, sus propuestas y singularidades. Aunque el conflicto es el mismo, tendrá que ser en mesas separadas, pero esto no significa que no vayan a confluir para tratar temas comunes como víctimas, gestión del postconflicto y mecanismos de referendación… Esta tiene que ser la misma discusión. En cuanto a tiempos, creo que el Gobierno y el ELN están en mora de empezar los diálogos, deben dar inicio a las negociaciones y concluir en una negociación a la mayor brevedad posible.
¿Estos diálogos con el ELN deberían ser en Colombia o en el exterior?
Deben darse en el lugar donde ellos consideren hacerlo. Sin embargo, en Colombia no hay condiciones para el diálogo porque implicaría desmilitarizar áreas y eso no va a ocurrir. La exploración quizás debería darse en un país vecino, preferiblemente en Uruguay porque tiene una diplomacia muy fresca, no está involucrado en las grandes agendas mundiales, no suscita la sospecha de absolutamente nadie y todos reconocen el papel de su gobierno y del presidente ‘Pepe Mujica’.

¿Para unas posibles conversaciones entre el Gobierno Nacional y el ELN, estas se desarrollarían en medio del conflicto o habría un acuerdo bilateral del cese al fuego?
El cese al fuego sería lo ideal, lo más deseable, pero eso no ocurrirá. Se requiere que si el ELN hace un cese unilateral del fuego haya una contraprestación y se produzca un desescalamiento por parte del Estado. Lo que no puede ocurrir es lo que pasó con las Farc el año pasado, que decretaron por dos meses una interrupción a los hostigamientos, pero el Estado no hizo lo mismo.
Si se dan estos diálogos, ojalá haya treguas, también por periodos de dos meses para navidad y año nuevo, así como durante procesos electorales, pero, de nuevo, tiene que estar acompañado por el Gobierno, sino fracasarán.
¿El ELN dejaría de secuestrar y atentar contra la infraestructura petrolera del país?
Sin duda alguna. No hay la menor posibilidad de que el ELN se suba a una mesa teniendo secuestrados y con la posibilidad de seguir secuestrando porque sino, revienta el proceso.
Es conocido que el ELN está muy diezmado y que esto facilitaría los diálogos porque no podrían exigir mucho. ¿Qué opina sobre esto?
La correlación de fuerzas en el conflicto no es la misma de hace 10 años, pero según estudios de la Corporación Arco Iris, se plantea una visión un poco diferente. El ELN ha venido en un proceso de crecimiento y de reforzamiento más que de debilitamiento, pero la lucha armada aquí en Colombia ha llegado a unos niveles de agotamiento que los obligan a buscar otras alternativas.
¿Usted haría parte del grupo negociador por parte del ELN ante un eventual proceso de paz?
No. Yo no soy miembro representante del Ejército de Liberación Nacional, pero no descarto que si ellos me solicitan algún nivel de participación, en mi condición de exmilitante, exdirigente del ELN, con mucho gusto lo haga.
¿Cómo sería una paz verdadera y estable en Colombia?
Primero sin lucha armada y, segundo, con la sociedad empoderada, participando y construyendo la agenda que haga posible la justicia social.
¿Qué opina del proceso de paz que se está llevando a cabo entre el Gobierno y las Farc?
En un proceso que se mueve con una arquitectura muy sólida. Es un proceso que apunta a dar resultados. Creo que en el ciclo 16 están obligados a producir resultados contundentes porque sino, el proceso sucumbirá. Sé que las partes se están esforzando en producir estos resultados y sé que vamos a tener buenas noticias. Una de las grandes falencias de este proceso es que la sociedad no está participando. El proceso de consulta con la sociedad no ha ido más allá de los foros nacionales en materia de tierra, participación política y narcotráfico, pero se necesita que vayan a los territorios, que los distintos sectores sociales también puedan proponer y desarrollar un nivel de discusión con las mesas de diálogos.
Se ha hablado de suspender los diálogos por las elecciones de 2014, pero creo que no es lo mejor; aunque está en manos de las dos partes acordarlo. Sería un error sumamente grave si una de las partes se lo impusiera a la otra.
¿Volvería a las armas?
No, vengo de allá y aquí me quedo.