lunes, 5 de enero de 2015

LA PAZ: AHORA O NUNCA


La paz: ahora o nunca


Lunes 5 de enero de 2015
En los conflictos armados, principalmente en los de carácter no internacional, es decir en los internos, con alguna frecuencia se registran situaciones que favorecen la solución dialogada, pero en la mayoría de las veces pasan inadvertidas porque las confrontaciones del conflicto y las situaciones propias de las partes no permiten que madure una visión o posibilidad real de dar trámite a diálogos de paz.

Las oportunidades de paz en los conflictos no son frecuentes, éstas se configuran cuando un conjunto de factores confluyen de manera favorable hasta advertir, que se está frente a una oportunidad. Los factores pueden ser de diferente índole y origen: militares, políticos, sociales, medioambientales e internacionales. La confluencia de factores favorables nos permite proponer o establecer cuatro tipos de oportunidades, así:

Oportunidad tipo 1 – Cuando las partes desean la paz negociada y lo expresan públicamente.
Oportunidad tipo 2 – Cuando una de las partes desea la paz negociada y lo expresa públicamente.
Oportunidad tipo 3 – Cuando la sociedad nacional y la Comunidad Internacional lo desean y presionan a las partes.
Oportunidad tipo 4 – Cuando por causa de un desastre natural, la devastación deja a las partes en estado de ilegitimidad para continuar con el conflicto. Como fue el caso del tsunami en Indonesia en 2004, que destruyó la provincia de Banda-Aceh, en la que se desarrollaba un conflicto armado desde 1976. Las partes pactaron la paz en 2005 para dedicarse a reconstruir el país. En Colombia en los cincuenta años de guerra hemos asistido a cuatro grandes oportunidades de paz, a saber:

Primera oportunidad: En los años 80´s durante el Gobierno del presidente Belisario Betancur Cuartas.
Segunda oportunidad: en los años 90´s durante el gobierno del presidente César Gaviria Trujillo.
Tercera oportunidad: en los años 2.000´s durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango.
Cuarta oportunidad: en los años 2010´s durante el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos Caderón

Estas oportunidades han tenido ocurrencia con una frecuencia de diez años, como si se tratara de ciclos, pero la realidad es que esto es meramente casual, porque no existe ninguna predeterminación para que las oportunidades de paz se den tras periodos de una década de guerra y violencia. Lo que sí es posible establecer, es el alto costo que ha pagado la sociedad, el país y las partes por dejar pasar cada una de las oportunidades anteriores; observación que hoy debe mover a las partes y a la sociedad entera, en el sentido de asumir ésta cuarta oportunidad como una “oportunidad de país”, más que como una oportunidad de las partes o para las partes.

En Colombia, luego de cincuenta años de conflicto: se configura un cuadro con las siguientes características:

a- No hay un claro ganador de la guerra y no se percibe que lo habrá a corto o mediano plazo.
b- Mantener la guerra cuesta más que intentar pactar la paz.
c- Se percibe cansancio social y las partes ya no convencen ni acumulan con el discurso de la guerra.
d- La guerra ha alcanzado niveles de degradación que deslegitiman los discursos político-ideológicos de las partes.
e- Las partes ya no cuentan con claros apoyos internacionales y reciben presión de Gobiernos y fuerzas políticas, que antes los apoyaban en la guerra.
f- La sociedad genera presión sobre las partes, para que pongan fin a la confrontación.
g- La guerra supone para los gobiernos un esfuerzo presupuestal muy elevado, lo cual los lleva a recortar el gasto en la inversión social, para poder aplicar mayores recursos a la guerra.
h- Lo prolongado de la guerra ha generado un impacto negativo sobre la región, especialmente a los países fronterizos, que afecta la convivencia y coexistencia pacífica.
i- A causa del conflicto armado, el país se encuentra atrasado en su desarrollo económico, social e infraestructural, ocupando lugares típicos de sociedades pre-modernas, si se la compara con las sociedades de los países vecinos, las que sin haber estado afectadas por conflictos internos similares al nuestro, han podido desarrollarse de manera más armónica.
j- El país en su conjunto, pero principalmente la sociedad ha pagado ya un alto precio, a causa de las insostenibles e insoportables cifras de víctimas que ha dejado el conflicto, con las correspondientes desgarraduras y dolor, que resultan inconmensurables, a la hora de responder ante ellas.

La constatación de estas características, subyacen en las expresiones públicas de los líderes de las partes del conflicto, cuando el 18 de julio de 2010 en un video colgado en la página web del ELN, su comandante Nicolás Rodríguez Bautista se dirigiera al presidente electo Juan Manuel Santos , para decirle que el ELN le ofrece el diálogo para buscar el final del conflicto armado y la construcción de la justicia social. Por su lado el 25 de julio de 2010, también a través de un video, el comandante de las FARC-EP, Alfonso Cano, invita al presidente electo al diálogo para acabar la guerra y construir el país en paz, democracia y justicia . Luego el 7 de agosto, en el acto de investidura, el presidente Juan Manuel Santos en su discurso de posesión dijo: “…La puerta del diálogo no está cerrada con llave.
Yo aspiro, durante mi gobierno, a sembrar las bases de una verdadera reconciliación entre los colombianos. De un desarme real de los espíritus, construido sobre cimientos perdurables que no alimenten falsas esperanzas, que no permitan más engaños y que no conduzcan a nuevas frustraciones en un país que, desde lo más profundo de su alma ensangrentada, lo que más desea es la paz…” .

Éstas expresiones públicas (planteadas en un contexto de nervios alterados en la relaciones diplomáticas y ambiente de preguerra en la región, suscitado por la beligerancia verbal y la confrontación política-ideológica en que estaban enfrascados los Jefes de Estado Álvaro Uribe Vélez de Colombia, Hugo Rafael Chávez Frías de Venezuela, Rafael Correa de Ecuador, y Daniel Ortega de Nicaragua; que incluso hizo temer una confrontación bélica en las fronteras norte y sur de Colombia) crearon la ecuación necesaria, mas no suficiente para que se generara la oportunidad de paz.

La oportunidad de paz que hoy vivimos es la más solida entre las oportunidades, porque arrancó de las expresiones públicas de las partes (oportunidad tipo 1), pero que ha requerido de mayor solidez, que solo la puede dar el apoyo de la sociedad y de la Comunidad Internacional, tal como ha venido ocurriendo.

La arquitectura del proceso:

Todo proceso requiere de un diseño para su desarrollo, el cual ha de ser el instrumento rector del proceso mismo. Las experiencias de procesos anteriores en nuestro país, dan cuenta de la construcción de modelos de diálogo y negociación con las siguientes características:

• La discusión ha sido en procesos de contacto y consulta abiertos y de conocimiento público.
• La presencia de los medios de comunicación ha sido una constante, las declaraciones permanentes de las partes y la presión de la opinión pública, generan presiones en la Mesa difíciles de manejar.
• El tiempo de negociación se emplea en la discusión de los métodos, procedimientos, y dificultades del proceso.
• Nunca se logró discutir el primer punto de las agendas pactadas.
• La ruptura de diálogos fueron por causas extra-agenda.

El Gobierno Nacional y la dirigencia de las FARC-EP, se dieron a la tarea de construir la arquitectura del proceso, a lo largo de un año y en absoluto secreto, en el exterior del país y previo intercambio de garantías de seriedad y seguridad para las partes. En ello intervinieron terceros, tales como Enrique Santos Calderón, hermano mayor del presidente, la implicación de la Policía Nacional, en especial de su Director General, el General Oscar Naranjo, y los gobiernos de países facilitadores como Venezuela, Cuba y Noruega. Las FARC-EP, contribuyó en gran medida en la creación de confianzas básicas, con hechos incontrovertibles de voluntad de paz, tales como: ordenar la liberación de los últimos prisioneros de guerra en su poder, ordenar y declarar públicamente la proscripción de la retención de personas con propósito económico o político. La mayor prueba de compromiso, seriedad y voluntad política con el proceso en construcción, la constituyó la firmeza con que las FARC-EP mantuvieron su palabra frente al acto de asesinato de su máximo líder Alfonso Cano, quien fuera ultimado en estado de indefensión por agentes de la Fuerza Pública del Estado.

La arquitectura del proceso, se levanta sobre sólidos pilares de compromisos, métodos, procedimientos, garantías, facilitadores, tiempos, lugares, logística, delegaciones, fases, agenda; que constituyen la estructura que a la fecha, ha permitido discutir y llegar a acuerdos importantes en temas de la Agenda sustantiva pactada.

La Mesa de La Habana está sostenida en cuatro patas o pilares, que la hacen sólida, firme y con las más altas posibilidades de llevar los diálogos hasta un acuerdo final. Estas patas o pilares son:

Primera Pata: Un propósito claro para el diálogo y la negociación. Éste es un aspecto fundamental, por cuanto deja planteado desde el comienzo el objetivo central del acto de conversar, discutir, concertar, y acordar, y por otra parte hace del diálogo el medio útil para lograr el propósito planteado. Definir que lo que se quiere es poner punto final al conflicto armado, significa un salto en la calidad del diálogo si lo comparamos con el propósito difuso y ambiguo de otros procesos, que identificaban como propósito la búsqueda de la paz.

Segunda pata: Una agenda realista, posible, precisa y alcanzable. Las agendas de los procesos de paz tienen un comportamiento elástico, porque en ellas se refleja el estado del conflicto y la correlación de fuerzas. Los tiempos de los diálogos del Caguán (2000) quedaron atrás, y con ellos la “AGENDA COMÚN PARA EL CAMBIO HACIA UNA NUEVA COLOMBIA” , una copiosa y maximalista agenda, que daba cuenta que las FARC-EP iban ganando la guerra. En ella se contenía no solo los componentes del conflicto armado, sino también el económico, social y político del país, agrupados en doce capítulos y más de cien subpuntos.

En el conflicto de hoy, la realidad es otra: las fuerzas del Estado lograron recomponerse y revertir el desbalance en el campo de batalla, hasta plantear en la actualidad una situación de asimetría militar y bélica insuperable en desfavor de las organizaciones insurgentes; lo cual las compele a actuar con realismo a la hora de plantear sus aspiraciones y contenido de la agenda.

El realismo, es la disposición objetiva que FARC-EP ha demostrado, como prueba de voluntad política, al pactar con el Gobierno Nacional el “ACUERDO GENERAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA” , al mismo tiempo, el hecho de que en La Agenda se incluyera como primer punto: “Política de desarrollo agrario integral”, refleja voluntad política del Gobierno Nacional y compromiso con las transformaciones necesarias para superar el conflicto en el campo.

Tercera pata: Apoyo claro y contundente de la sociedad y apoyo decidido de la Comunidad Internacional. “…La sociedad colombiana y la Comunidad Internacional apoyan el proceso. 
En muy breve plazo se ha pasado de imaginarios colectivos caracterizados, por la apatía, descreimiento, desconfianza, incredulidad y escepticismo, a imaginarios de apoyo, soporte y compromiso social e internacional con el proceso en curso, y con otros esperados desarrollos con el Ejército de Liberación Nacional…”, “…las gestas de movilización ciudadana protagonizadas el 9 de abril de 2012, donde más de un millón de personas marcharon en Bogotá “por la paz, la democracia y la defensa de lo público”, y con la realización del Congreso Nacional para la Paz; eventos marcados por la presencia de movimientos sociales y políticos, plataformas de paz y de derechos humanos, pero por sobre todo por ciudadanos y ciudadanas, provenientes de territorios y distintas latitudes de nuestra geografía nacional y social…” , que sumados a la refrendación y apoyo mayoritario del electorado colombiano, al proceso de paz con la reelección del candidato-presidente Juan Manuel Santos, para un segundo periodo en el que pueda concluir el proceso de diálogo iniciado, y la aplicación de los acuerdos a que se llegue.

De otro lado pocos procesos de paz en el mundo han concitado el favor de la Comunidad Internacional, no hay un solo país con el Colombia tenga relaciones que no haya expresado su apoyo y cooperación a los diálogos de paz y para el posconflicto. Así los organismos multilaterales como OEA, ONU de integración como Unión Europea – UE, CELAC, UNASUR, ALBA-TCP, CARICOM, MERCOSUR, ASEAN, OCDE; así como también reconocidas personalidades mundiales y por sobre todo las reiteradas declaraciones y compromisos expresados por el Gobierno de Estados Unidos, en las voces de sus más connotados líderes y funcionarios; lo cual nos permite afirmar que la paz de Colombia está en la agenda del mundo.

Cuarta pata: Resultados a la vista. “…Este proceso ha pasado por duras pruebas o crisis las cuales han sido superadas con éxito, porque ha primado la voluntad, un sentido asumido en las partes de que es, quizás, la última oportunidad, y un apego a la agenda y dinámica de trabajo acordado para el funcionamiento de la mesa…” así, las partes reportan al país y a la Comunidad Internacional, un cuerpo de acuerdos importantes en tres temas de gran sensibilidad para el país y que a su vez vertebran la Agenda de La Habana. El acuerdo en los conflictivos temas de tierras, participación política y sobre narcotráfico, además del enfoque y procedimiento acordado para encarar el capítulo de víctimas del conflicto; configuran de conjunto un resultado incontrovertible que fortalece el proceso mismo, por cuanto genera más confianza y concita mas apoyos. “…Conviene si pedir por igual a las partes resultados que aquilaten el apoyo social e internacional, que amplíen la confianza en el proceso, que estimulen la ilusión y la esperanza y sobre todo que permitan fortalecer el sentido de que la paz es posible porque hay resultados a la vista…”

Vivimos un momento epocal:

La guerra en nuestro país, es el signo de los tiempos de las últimas generaciones, que hemos nacido, crecido y vivido en medio de encrucijadas de violencias y del conflicto político-armado interno, generando toda una impronta en la vida de la inmensa mayoría de colombianos, que pesa en nuestra historia personal y familiar tanto como en el país mismo, porque la historia de los países es la historia de sus pueblos.

Toda una larga época en guerra, del tamaño de 50 años, estamos en perspectiva de superar, tras la firma de los acuerdos de punto final a la guerra; situación que dará apertura a una nueva época, que de momento no alcanzamos a advertir, pero que prevemos que será de implementación de los acuerdos, de trámite del conflicto social, de construcción de nuevas realidades políticas, de generación de procesos sociales territoriales, de empoderamiento de la voz del ciudadano y de trámite de conflictos sin el uso de las armas; es decir un proceso pausado y complejo de construcción de una nueva manera de vivir y relacionamiento entre ciudadanos, entre éstos y las instituciones y entre las instituciones y los territorios, inspirados en la equidad. La justicia social y el bienestar para todos y todas.

Es decir podemos observar la época pasada y prever la época futura, que esperamos sea larga y duradera, pero el momento de hoy, no es otro que un “momento epocal”, definido como el tramo donde se juntan dos épocas sucesivas y de diferente contenido y significado, es decir el tramo donde termina la época de la guerra y empieza la época de la paz. Es un intersticio en el tiempo histórico, en el que podemos advertir, que la bomba del conflicto armado es cada vez más pequeña y con una mecha más larga, en tanto que la bomba del conflicto social es cada vez más grande y con una mecha más corta; dos bombas que hoy coexisten pero que muestran, cada cual, sus proyecciones y potencialidades futuras.

En suma, un momento epocal es el que nos permite ver el ensamble de acontecimientos que marcan la historia, y modifican dramáticamente el futuro inmediato y de largo plazo. Es un momento de transito o de transición entre épocas claras, diferenciadas y reconocibles.

La vieja época hizo y dio el protagonismo a los ejércitos, dio la palabra a los armados de los distintos bandos, la nueva época vendrá con otros protagonistas, el ciudadano y ciudadana del común, dará la palabra a los movimientos sociales y políticos, a los partidos, a los parlamentos, pero también a los gremios, a las centrales de trabajadores, a las mujeres y los jóvenes, a las negritudes raizales e indígenas; y ya no serán las selvas las arenas de la confrontación, serán las calles y las plazas públicas en las que se dirimirán las tensiones sociales, las que le corresponde al estado y Gobierno tratar sin violencia y sin coartar libertades.
Los acuerdos de final de la guerra, dejarán a la sociedad en el partidor, para que la ciudadanía pugne por las transformaciones y reformas, que la acerque a la justicia social, a la equidad, al bienestar y el bienser. Ya no habrá pretextos ni excusas para participar, como aquellas tan en boga en tiempos de la guerra: “no participo porque el Estado no me escucha”, no participo porque la guerrilla ha cooptado mi discurso”, o “no participo porque eso a mí no me corresponde”. La nueva época será la de la ampliación y la profundización de la democracia, será la de la construcción colectiva y la de la democracia participativa.
Una nueva época con características distintas a las descritas, muy posiblemente nos regrese a la época que deseamos dejar atrás.

La paz ha de ser única y nacional:

Si bien, el proceso iniciado con FARC-EP, es un proceso sólido y estratégico para la paz del país, un acuerdo de final del conflicto no será posible alcanzarlo y menos aplicarlo, si no hay un acuerdo similar con el ELN, por varias razones:

a- Las guerrillas FARC-EP y ELN representan proyectos propios y luchas diferentes.
b- Las dos organizaciones insurgentes comparten territorios (las FARC-EP operan en más de 250 municipios, el ELN en 100 de éstos).
c- La aplicación de un acuerdo en territorios comunes implicará que las dos organizaciones estén de acuerdo.
d- El ELN no es el furgón de cola de ninguna otra organización revolucionaria, es autónoma, con su propia historia y con acumulados sociales y territoriales reconocibles.
e- Si bien el ELN es más reconocido como una organización política en armas, no se le debe subestimar en términos militares.
f- Pretender mantener en la marginalidad del proceso al ELN, significa que la paz no será completa y que la guerra continuará.
g- La lógica del Gobierno de medir a las insurgencias en términos de amenaza, ha llevado a que inicie con las FARC-EP, a quien considera la amenaza mayor, y deja de lado a quienes considera amenazas menores, porque cree que puede someterlas al acuerdo con la mayor, o porque cree que podrá coexistir con ellas, sin menoscabo de la seguridad nacional, o también porque cree que podrá derrotarlas militarmente. Ésta lógica pone en riesgo el proyecto de solución política única y nacional y el anhelo de los colombianos de vivir en paz.

La tardanza en el inicio de una Mesa de Diálogo entre el Gobierno Nacional y el ELN ensombrece el panorama de la paz y genera dudas sobre el actual proceso de exploración formal, por cuanto no se perciben avances desde el “Comunicado Conjunto Nº 1 del 10 de junio de 2014” , en el que se informa de un acuerdo parcial con dos temas de la Agenda: Víctimas y Participación de la sociedad; habida cuenta que el punto de Víctimas en la Agenda de La Habana ya está siendo abordado por las partes, y no es claro ni comprensible que el tema de víctimas deba discutirse con cada actor del conflicto por separado. La lógica aconseja que la Mesa de la Habana podría ser escenario, para que delegados oficiales del ELN participaran en las discusiones y construcción de acuerdos sobre esta sensible problemática nacional, sin perjuicio de que exista una Mesa propia para el diálogo ELN-Gobierno.

Asimismo, conviene que el Gobierno Nacional genere una iniciativa política para cerrar el proceso inconcluso con el EPL, en las especificidades de este actor en los tiempos actuales. Especificidades que no permiten ver con claridad los perfiles revolucionarios de ésta organización, como tampoco permite ver los de un factor armado dedicado a actividades propiamente calificadas como delincuenciales. Ese estado “gris” del EPL, debe dilucidarlo el Gobierno a través de contactos y exploración directa.

De otra parte, le corresponde al Gobierno, de oficio, dar cuenta del combate a toda forma de criminalidad en el país, por mandato constitucional, pero más aún cuando de construir la paz se trata y de desarrollar un aspecto relevante de la Agenda de La Habana, en el que se señala: “…En forma paralela el Gobierno Nacional intensificará el combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacre; o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos...” , tarea harto difícil si el Gobierno no desarrolla una estrategia integral que combine la acción punitiva del Estado y la acción judicial, a través de un llamado a las organizaciones que el Gobierno ha denominado “BACRIM” al acatamiento y sometimiento a la justicia, sobre la base de ofrecerles la aplicación del “principio de oportunidad” tal como lo contempla la Ley 1312 de 2009 , figura mediante la cual y previo el lleno de los requisitos que establece la Ley, tales como desmontar las estructuras y redes criminales, hacer entrega de los medios y recursos utilizados en la comisión de delitos, la confesión plena de los delitos cometidos, entre otros; la justicia colombiana podrá actuar con benevolencia, a momento de valorar los quantum de las penas.

La paz, entendida como un proceso único y nacional pasa por resolver los conflictos con cada actor, de acuerdo con su papel en el conflicto, su naturaleza o estatuto y su lugar en la solución.

Notas:

4. “Diálogo, negociación y ruptura – FARC-EP y ELN”, Biblioteca de la paz – Tomo V, pag 179. Fucude, Bogotá 2009
6.Velandia J, Carlos Arturo, “La paz es ahora carajo”, pag 107. Fica, 2014
7.Ibid, pag 108
8.Ibid, pag 108

BIBLIOGRAFÍA Y OTRAS FUENTES:

“Diálogo, negociación y ruptura – FARC-EP y ELN”, Biblioteca de la paz – Tomo V, pag 179. Fucude, Bogotá 2009
Velandia J, Carlos Arturo, “La paz es ahora carajo”, pag 107. Fica, 2014
*Nota: Éste artículo ha sido publicado en: “Por qué negociar con el ELN”, compilación de textos de varios autores, realizada por Víctor de Currea-Lugo, y editada por la Editorial de la Universidad Javeriana en octubre de 2014.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

UNA JUSTICIA DE TERCERA VÍA EN EL FINAL DE LA GUERRA EN COLOMBIA

UNA JUSTICIA DE TERCERA VÍA EN EL FINAL DE LA GUERRA EN COLOMBIA
Autor: Carlos Arturo Velandia Jagua

PONENCIA PRESENTADA EN LA III CUMBRE NACIONAL POR LA PAZ
UNIVERSIDAD LIBRE – CALI
24 – 25 DE NOVIEMBRE


Son otros los tiempos en que podían ser admisibles procesos de paz negociada, en los que la justicia era la sacrificada, cuando no postergada o mirada con minusvalía. Los tiempos de hoy exige más rigor para las partes del conflicto, al momento de entender que no es posible salir de la guerra totalmente indemne o impune, frente a los actos cometidos a lo largo de la guerra.
¿Pero que ha pasado para que esta situación se presente?, intentaré centrar la atención en tres circunstancias concurrentes:
1-    Ninguna de las partes ganó la guerra, lo cual impide que una imponga las condiciones de un vencedor a un vencido, entre ellas las de pagar con creces frente a sus víctimas (las del vencido)
2-    Creación de paradigma de justicia internacional, tal como la Corte Penal Internacional. Situación que el Estado colombiano no pueden soslayar, habida cuenta que las miradas del mundo están puestas sobre éste proceso de paz, toda vez que es el primero en el mundo que cursa bajo la vigencia del Estatuto de Roma[1]; lo que obliga al Estado a garantizar mínimos de justicia en el marco de parámetros internacionales.
3-    El empoderamiento de las víctimas, en un proceso creciente de fortalecimiento y organización, en el contexto de una sociedad civil más actuante y protagónica, que reclama y construye sus propios espacios y agendas, al tiempo que planta cara a las partes del conflicto armado.
Pero pese a tan poderosas circunstancias, la discusión entre las partes ha venido derivando desde la negación de las víctimas y la negación de castigo posible alguno, en un primer comienzo, al reconocimiento en condiciones de bilateralidad, tal como se establece en el Acuerdo logrado en La Habana, para abordar la discusión sobe el punto de víctimas[2], de ser generadores de víctimas en el marco del conflicto y por la tanto ser corresponsables del mismo y sujetos al momento de responder. Los 10 principios acordados, pero en particular el número 2[3], que dice: “El reconocimiento de responsabilidad: Cualquier discusión de este punto debe partir del reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. No vamos a intercambiar impunidades.” no deja duda sobre la intención de las partes y su voluntad para responder por las víctimas.
¿Pero cuanto es suficiente o cuanto es necesario, para satisfacer la sed de justicia de la sociedad, la sed de justicia de las víctimas y la sed de justicia del entorno internacional que nos vigila?, es este un interrogante de primer orden que las partes en la Mesa tendrán que dilucidar y sobre ésta base construir un entendimiento o acuerdo sobre el castigo, su tamaño, sus modalidades, con el que serán sancionados a quienes se determine deban ser sancionados, por la comisión de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, así como también por las responsabilidades políticas y morales en la generación de víctimas.

Al respecto conviene puntualizar los siguientes factores a tomar en cuenta:
1-    La paz es reparadora. El interés en ella no puede estar sujeta o determinada por el interés justiciero o justicialista de las víctimas. Prima sobre cualquier interés de parte, por sensible que sea, el interés supremo de una nación. Comprender esto es fundamental
2-    Poner fin a la guerra es “parar la fábrica de hacer víctimas”[4], frase pronunciada por la dirigente política Clara López y retomada en sus discursos de campaña electoral del presidente Juan Manuel Santos. Es del interés de los colombianos y con mayor razón de las víctimas del conflicto, que no se produzca una víctima más.
3-    Las víctimas desean tanto la paz como la justicia misma, pero al mismo tiempo saben que no podrá primar el deseo justicialista, sobre el deseo de la paz, porque la ocurrencia más probable es que no se obtenga ni lo uno ni lo otro.
4-    Una ecuación que equilibre las cargas, hará posible una paz estable y duradera. Ésta ecuación está dada entre las variables: verdad – justicia – reparación – garantías de no repetición; que las mismas víctimas reunidas en el Foro Nacional de Víctimas del Conflicto Armado, celebrado en Cali el 5 de agosto de 2014[5], determinaron modificar con el siguiente orden de importancia y de valor: verdad – garantías de no repetición – justicia – reparación. Un nuevo orden que revela hasta dónde las víctimas están dispuestas a sacrificar su necesidad de justicia, favoreciendo y dando mayor valor a la verdad y a las garantías de no repetición. No significa que renuncian a la justicia, por el contrario, significa que ese tercer lugar es el aporte que las víctimas están dispuestas a conceder a la paz.
5-    La paz es posible si hay reconciliación. Pero la reconciliación estará determinada por la voluntad entre los colombianos para fundirnos en un propósito nacional, en el que quede proscrito el ejercicio de la política por medio de la violencia (garantías de no repetición), brille la verdad histórica (¿qué pasó?), se establezca la verdad de los hechos (¿quién hizo qué?) y haya justicia pronta y eficaz (justicia transicional); factores juntos que movilizarán a las víctimas desde sus fueros internos a expresar públicamente su perdón, y a los victimarios a pedirlo.
6-    La reconciliación y el perdón son resultados de procesos de construcción, sobre cimientos muy claros de paz con justicia y de justicia con verdad. Al respecto experiencias de otros procesos de paz en el mundo, son harto elocuentes en el sentido de que los pueblos están dispuestos más a perdonar a los victimarios, pero están menos dispuestos a permitir la inexistencia de verdad[6]. A mayor verdad – mayor justicia – mayor reconciliación – mayor paz.
7-    “Verdad toda, verdad todos”, formulación propuesta por el Comandante del ELN Pablo Beltrán en 2007[7] en el marco de las conversaciones entre ésta organización insurgente y el Gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, refleja el deseo de que la verdad y la justicia sean encaradas, con determinación y en igualdad de condiciones por parte de las partes, esas mismas que se reconocen entre si, como tales y como generadoras de víctimas. Refleja la disposición de una de las partes a comparecer ante tamaño reto, pero obviamente sobre la base que su contraparte también lo haga.
8-    La justicia transicional, es una construcción mas no una determinación, es decir al respecto no está dicha la última palabra. Corresponde a los colombianos, empezando por las partes, establecer los mínimos, en que por una sola vez operaría la justicia transicional a modo de justicia alternativa a la justicia ordinaria, que nos permita hacer el tránsito de la guerra a la paz. En otras palabras, la justicia transicional es una justicia extraordinaria, fundada en mínimos de justicia para hacer posible conquistar la paz, entendida ésta como bien supremo o bien superior.
9-    La justicia internacional solo opera de manera subsidiaria a la justicia nacional, esto es en caso de que la solución de justicia que se imponga al final del conflicto, sea un compendio de impunidades imposibles de soportar por la sociedad y su ordenamiento interno.
10- En cualquier circunstancia y modo en que se establezca una solución judicial, los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra no pueden ser ignorados, dada su imprescriptibilidad. Cualquier situación que llegase a afectar este principio, daría motivo y entrada ipso-facto a la Jurisdicción Penal Internacional[8], que podría conocer de los casos por intermedio de la Corte Penal Internacional, instrumento vigente para Colombia, en su condición de firmante del Estatuto de Roma[9].
Numerosas y diversas interpretaciones sobre el tipo de justicia a desarrollar en el actual proceso de diálogo político, orientado a producir un acuerdo político que haga posible poner punto final a la guerra en Colombia, se han venido formulando, las cuales tienen como denominador común un mínimo: “algo han de pagar los victimarios, de lado y lado”, poniendo el énfasis en penas privativas de la libertad. Otras posiciones proponen penas más severas y la restricción de derechos políticos, como el de la elegibilidad a cargos de elección popular.
Sobre éstos tópicos versan y versarán las discusiones, de café, los sesudos análisis de academia, pero finalmente se impondrá una solución construida entre las dos partes: el Gobierno Nacional y las insurgencias; y muy seguramente tomarán en cuenta las propuestas formuladas, por expertos que han sido y seguirán siendo consultados por la Mesa de la Habana, así como las expresadas por los grupos de víctimas que han concurrido a las audiencias de víctimas en La Habana.
A esta altura del análisis, me temo que las partes tomarán por un camino intermedio, que satisfaga a todos los interesados, pero sobre la base de mínimos, esto es en una especie de resultado de la aplicación de una posible formula, planteada desde la noción de ser Estado y Gobierno de tercera vía[10]por el actual presidente Juan Manuel Santos, que podría plantearse así: tanta paz como sea posible, tanta justicia como sea necesaria. Fórmula en la que las dos variables paz y justicia se determinan, es decir el tamaño grande de una depende del tamaño pequeño de la otra. El verdadero arte del acuerdo político es lograr el punto de equilibrio, que por obvias razones debo aclarar que no es la mitad, entre las dos necesidades y los dos anhelos: la paz y la justicia.
En esta fórmula hay sacrificio, pero también hay castigo, circunstancias que son susceptibles de complementar con una formulación más compleja que vendrá de la mano de las variables verdad, garantías de no repetición y reparación. De tal modo que resulta indispensable entender que una solución adecuada está en construir una formula en la interactúen las cuatro variables, las que tendrán diferentes proporciones, pero en la que unas compensen a las otras.
Finalmente, para decirlo en un tono coloquial y de menor rigor académico o político, cierro recordando el aforismo popular de: “ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.
Cali, 24 de noviembre de 2014
Carlos Arturo Velandia Jagua
Investigador y Consultor en Paz y Conflictos

Fuentes y referencias:







[1] Ver: “…este proceso de paz es el primero en realizarse bajo el Tratado de Roma, lo que podría significar que cualquier acuerdo alcanzado en las conversaciones de paz sería anulada por la Corte Penal Internacional. Santos reconoce los peligros, afirma que "es por eso que necesitamos el apoyo político para tomar la decisión correcta que va a ser lo suficientemente flexible como para cubrir las expectativas de la comunidad internacional, las expectativas de los colombianos, las expectativas de nuestra constitución y las expectativas de la guerrilla que quisieran dejar las armas a cambio de algo".  http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/santos-busca-que-acuerdo-de-paz-no-se-anule-por-corte-penal-internacional/20141109/nota/2499595.aspx
[2] Ver: “El Gobierno Nacional y las FARC-EP,
Reiterando, como se estableció en el Acuerdo General de La Habana, que “El respeto de los
derechos humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin del Estado que debe
promoverse”, y que en el punto 5 de su Agenda se expresa que “resarcir a las víctimas está en
el centro del acuerdo”;
Reconociendo, además, que las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos e
infracciones al Derecho Internacional Humanitario con ocasión del conflicto tienen derecho
a la verdad, la justicia, la reparación y a las garantías de no repetición;
Convencidos de que la satisfacción de los derechos de las víctimas hace parte fundamental
de las garantías para la conquista de la paz, y que la terminación del conflicto contribuirá
decididamente a la satisfacción de esos derechos, declaran que la discusión del punto 5
[3] Ibid

jueves, 6 de noviembre de 2014

ESTOY SEGURO DE QUE LA SOCIEDAD CIVIL EUROPEA NO DESEA UNA PAZ DE VENCEDORES NI VENCIDOS O UNA "PAX ROMANA" - ENTREVISTA A CARLOS ARTURO VELANDIA - REVISTA PUEBLOS

CARLOS VELANDIA, EX GUERRILLERO DEL ELN E INVESTIGADOR Y FORMADOR EN CONTRUCCIÓN DE PAZ: “ESTOY SEGURO DE QUE LA SOCIEDAD CIVIL EUROPEA NO DESEA UNA PAZ DE VENCEDORES Y VENCIDOS, O UNA ‘PAX ROMANA’, PARA COLOMBIA”

REVISTA PUEBLOS, 
06/11/2014 
Carlos Arturo Velandia, quizás todavía más conocido con su nombre de combate en el ELN, Felipe Torres, fue miembro de la dirección nacional del Ejército de Liberación Nacional y vocero político en diálogos de paz con los gobiernos de Ernesto Samper Pizano y Andrés Pastrana Arango, así como en los dos primeros años del primer mandato de Álvaro Uribe Vélez. Preso durante diez años, tras cumplir la pena se exilió siete años y dedicó este tiempo a formarse sobre sobre conflictos y paces en el mundo[1] . En 2014 publicó el libro ‘La paz es ahora, ¡carajo!’, donde a título personal, como en esta entrevista, reflexiona acerca del conflicto armado colombiano y el actual proceso de paz[2] .

Carlos Arturo Velandia.
- Días previos a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el pasado mes de junio, el ELN y el gobierno hacen público un comunicado donde informan del inicio de una fase exploratoria de conversaciones. ¿Significaba un apoyo implícito a la reelección tras el triunfo en primera vuelta del candidato más conservador y contrario al proceso de paz con la insurgencia?
- Creo que ese comunicado fue emitido para llenar un vacío de información, porque a esa fecha solo se sabía que existían unos contactos exploratorios que no habían producido ningún resultado. A pesar de esto, el comunicado ayudó a crear un ambiente positivo y de esperanza en el final de la guerra.
- ¿Hay voluntad negociadora por parte del gobierno colombiano para llegar a un acuerdo de paz?
- Es evidente el riesgo político del Gobierno, sólo explicado por una gran voluntad de paz, la cual se equipara y corresponde con la voluntad de la guerrilla de las FARC-EP. Esta voluntad ha sido demostrada en actos concretos de paz, como la liberación de prisioneros de guerra, abandono del secuestro como práctica, tres treguas unilaterales temporales, tener a la mayor parte de su fila de cuadros de conducción estratégica en la mesa de diálogos, haber aceptado una agenda limitada y los acuerdos parciales logrados en los tres primeros puntos de la agenda.
- ¿Cómo es la relación actual con las FARC-EP?
- Inmejorable. Los tiempos de pugnacidad y confrontación en algunos territorios, principalmente Arauca y Sur del País, han quedado atrás. Ahora se les ve muy coordinados en los territorios comunes y las declaraciones y comunicados conjuntos son frecuentes. Esto denota una cercanía política e ideológica que me permite pensar que las FARC-EP y el ELN estarán juntos en la paz, por si se da, o juntos en la guerra, por si les toca.
- Han sido varios los gobiernos latinoamericanos que se han ofrecido como anfitriones y mediadores en un eventual diálogo entre el gobierno y el ELN. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, reveló que fue su país quien acogió durante dos semanas las primeras reuniones. ¿Se formalizará Ecuador como sede de los diálogos?
- Ha trascendido que también se han realizado encuentros en Venezuela y Brasil. También los ofrecimientos de otros jefes de Estado, como el presidente José Mujica, de Uruguay. Creo que las partes terminarán por escoger el país y lugar que les permita que las mesas de diálogo con FARC-EP y con ELN puedan estar coordinadas, sincronizadas, y que se dé una interacción dirigida a lograr un acuerdo único general de final al conflicto armado interno. Esto sugiere que las mesas tengan una relativa cercanía geográfica.
- ¿Qué papel se espera que jueguen otros países, tanto latinoamericanos como europeos, en esos posibles diálogos?
- Este proceso de paz ha concitado el interés y respaldo de organismos multilaterales tales como la OEA y la ONU; de procesos de integración como la UE, UNASUR, CELAC, ALBA-TCP, SICA; de pactos económicos como MERCOSUR, CARECOM, BRICS, y de potencias como Estados Unidos, Rusia o China, de tal modo que podría afirmar que la paz en Colombia hace parte de la agenda del mundo entero. La paz en Colombia es la paz en la región y contribuirá a la sostenibilidad democrática, al desarrollo soberano e integracionista de los países y a que los países dediquen sus esfuerzos a construir el bienestar y la justicia social para sus pueblos.
- La Mesa de La Habana ya ha abordado temas como la política de desarrollo agrario, la participación política, el fin de conflicto, las drogas ilícitas y el narcotráfico. ¿Cuáles son los puntos esenciales del proceso negociador?
- Han abordado recientemente el punto sobre víctimas. Siendo los mencionados en su pregunta muy importantes, sin lugar a dudas el punto de víctimas es fundamental, porque se ha constituido en el eje neural de cualquier tipo de solución. Podemos imaginar agendas con diversos temas, pero no es posible pensar una agenda sin el punto de víctimas. Llegar a un acuerdo sobre víctimas, de manera satisfactoria para las partes, para el país, pero por sobre todo para las mismas víctimas, es crucial para la reconciliación nacional y para la paz duradera. De no ser así la paz será frágil y a la vuelta de unos pocos años podríamos estar asistiendo al surgimiento de fenómenos de violencia política y el regreso a la guerra.
- En cuanto al reconocimiento a las víctimas atendiendo a la verdad, la justicia y la reparación, un tema especialmente sensible para la reconciliación del país, ¿qué virtudes y límites ven en el Marco Jurídico para la Paz aprobado por el Congreso en 2012 y ratificado por la Corte Constitucional en el mes de julio?
- Las dos organizaciones insurgentes, FARC-EP y ELN, han expresado que no reconocen ese “marco legal”. Primero, porque una ley de paz debe ser un resultado del acuerdo político logrado entre las partes del conflicto armado que ponga fin a la guerra; segundo, porque es una construcción de una de las partes, con la pretende condicionar a las otras; tercero, porque se constituye en una camisa de fuerza, que restringe el espectro de las soluciones, y cuarto, porque responde al interés del gobierno y de los intereses que de los partidos políticos, poderes económicos y clases sociales que representa. Es un tema difícil de resolver, pero me temo que se terminará en que las insurgencias admitan estudiar el marco jurídico para la paz y el gobierno acepte introducir reformas a dicho Marco Legal propuestas por las insurgencias.
- ¿Cómo cree que el ELN abordará temas como el minero energético, que siempre ha estado en sus propuestas de paz? ¿Cuál sería una propuesta para el capital trasnacional, puesto que la riqueza natural de Colombia hace el país tan apetecible para las multinacionales?
- El desarrollo minero-energético es un conflicto en sí mismo, más que un tema de agenda. Por eso es que el ELN históricamente ha reclamado al respecto y construido propuestas dirigidas al país y a los gobiernos de turno, propuestas que han sido desoídas. Hoy por hoy, el extractivismo se ha convertido en la “joya de la corona” del modelo económico que impulsa el gobierno, lo cual explica la renuencia de éste a discutir al respecto tanto con la insurgencia como con la sociedad. El gobierno cree que abrir espacios de discusión sobre minería e hidrocarburos ahuyenta la inversión internacional y envía un mensaje de inseguridad jurídica para los capitales. Sin embargo, creo que sí es posible que temas del desarrollo minero energético se pueden tratar con el ELN y con la sociedad, particularmente con las comunidades que habitan los territorios, donde ocurre la explotación minera y el desarrollo energético del país.
- ¿Qué valoración tiene de la propuesta de las FARC para la democratización de los medios de comunicación como condición para la solución política del conflicto?
- La propuesta va dirigida a profundizar la democracia en Colombia, a romper la hegemonía de las corporaciones comunicacionales, a resistir frente a la unanimidad que se le ha querido imponer a los pueblos, a ampliar el espectro de usuarios de los medios de comunicación y a hacer realidad las libertades y derechos que consagra la Constitución Nacional. Además es una necesidad que tienen y tendrán las nuevas realidades políticas y sociales, que existen y que se crearán como desarrollo de la paz, de expresarse con libertad y participar del debate político y de la confrontación de ideas, en mejores condiciones, hacia condiciones de igualdad de acceso a medios de comunicación y generación de opinión.
- Partidos y organizaciones sociales europeas han dado su respaldo al inicio de conversaciones entre el ELN y el gobierno. ¿Cómo cree usted que el ELN valora el apoyo ofrecido desde las organizaciones de la izquierda europea para esta nueva fase de diálogos, a fin de que puedan concluir en una paz duradera? ¿Qué papel juegan los movimientos sociales en el proceso de negociación?
- No me cabe la menor duda en que las insurgencias valoran altamente el respaldo de la comunidad internacional, y de manera especial el de las sociedades y pueblos de todas las latitudes del mundo. Ya lo decía anteriormente: la paz de Colombia hace parte también del proceso de la paz mundial. Tampoco tengo duda de que el gobierno valora y aprecia todos estos apoyos, que se constituyen en un cerco a la guerra, en una sana y legítima presión a las partes para que se mantengan en la mesa y produzcan los acuerdos de una paz justa. Estoy seguro de que la sociedad civil europea no desea una paz de vencedores y vencidos, o una pax romana, para Colombia. Desean una paz que ponga punto final a la guerra fratricida y a la construcción de la justicia social, este es el sentido de una paz justa.
- El 20 de julio, con motivo de la toma de posesión al cargo de las y los nuevos congresistas, el ELN y las FARC hacían un llamamiento conjunto a tener en cuenta las causas sistémicas que han llevado a que este conflicto social, político y armado esté cumpliendo 50 años. ¿Cree que la clase política dominante estará de acuerdo en firmar ese tratado de paz, que transcienda en política de Estado?
- En el parlamento colombiano el Gobierno cuenta con mayorías constituidas en un bloque llamado la Unidad Nacional, que apoyan la paz como programa bandera del presidente Juan Manuel Santos, pero también podría contar con el apoyo de la bancada parlamentaria de izquierda, de la de los indígenas y las negritudes, de modo que eventualmente tendrá mayorías para la paz. También tiene un lugar importante en el Congreso el partido de extrema derecha, llamado Centro Democrático, liderado por el hoy senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, caracterizado opositor de los diálogos de paz y quien representa los intereses de latifundistas, ganaderos, agroempresarios, líderes políticos locales y regionales, poderes políticos con asiento en territorios donde se expresa con violencia el latifundismo armado. Si bien está en posición minoritaria, representa una parte importante del país que no puede ser subestimada y menos desconocida. Una paz sólida y duradera requiere el mayor consenso nacional y social, la mayor participación y soporte político posible; por lo que me he atrevido a recomendar y proponer que el presidente Juan Manuel Santos abra una vía para el diálogo político con estos sectores adversos a la paz, que invite al senador Álvaro Uribe Vélez a un diálogo franco y sincero, que permita a estos dos líderes y a los poderes que representan mirarse en perspectiva de un país sin guerra y sobre esta base convenir y convertir la paz en el propósito de toda la nación.
- En otros países latinoamericanos se firmaron Acuerdos de Paz y los elementos estructurales que llevaron a la guerra quedaron en el papel y nunca se aplicaron. ¿Podría llegar a pasar lo mismo en Colombia?
- Esas experiencias son referentes a tener en cuenta. Existen temores al respecto, pero no pueden frenar las decisiones ni disminuir la voluntad política, debe motivar a las partes a mutuamente ofrecer seguridades y garantías de cumplimiento. Las insurgencias se inclinan por que los acuerdos de paz tengan un valor de mandato constitucional, lo que implica que habría que incorporarlos al articulado de la Constitución. Además, habría de discutirse el mecanismo que haga posible tal propuesta, que podría ser mediante reforma constitucional del actual Parlamento, que adolece de legitimidad, porque no refleja la totalidad del espectro político nacional, o podría ser a través de una Asamblea Nacional Constituyente, que se ocupe de hacer de la paz un Tratado y de una nueva Constitución, el contrato social más incluyente, más participativo y más representativo en más de 200 años de vida republicana.
- Del mismo modo, en otros procesos latinoamericanos, antiguas guerrillas se transformaron primero en partidos de masas y después en máquinas electorales. ¿Puede pasarle eso al ELN?
- Es prematuro avizorar el devenir político del ELN y las FARC-EP. Lo que sí es claro es que tras la firma de los acuerdos de punto final a la guerra, y tras la dejación de armas, las organizaciones insurgentes iniciarán la transformación de sus estructuras militares, y de guerra, en estructuras para la acción política y organizativa de la sociedad. Creo que las FARC-EP y el ELN potencialmente podrán, en corto y mediano plazo, ser gobierno en algo más de cien municipios, lo que representaría el diez por ciento de los entes territoriales del tamaño de municipio. Esto los hará partícipes de una cuota de poder importante, por cuanto el municipio es presupuesto, sociedad y territorio. Además, territorio son recursos. Cuando uno mira los municipios donde históricamente han estado las insurgencias, y donde potencialmente podrían ser poder, salta a la vista que sumadas unas áreas con otras, podrían equivaler alrededor del veinte por ciento del territorio nacional, amplio territorio rico y pleno de recursos naturales. En suma, creo que las ex insurgencias se articularán con movimientos políticos ya existentes, y así potenciarán sus posibilidades políticas, entre ellas las electorales.
- ¿Cómo ve los procesos de integración latinoamericana como el ALBA o UNASUR?
- La integración es el signo de estos tiempos para los pueblos de Nuestramérica o la Abya Yala, el nombre originario de nuestro continente antes de la invasión, conquista y saqueo por parte de las potencias europeas de los siglos XIV y siguientes. Estos procesos trascienden con una nueva filosofía, porque están motivados por la necesidad de superar las asimetrías entre desarrollos, promover la complementariedad basada en la solidaridad y fraternidad. También están cimentados en hacer de la región, desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos en Tierra del Fuego, una zona de paz, en la que los países y sus pueblos puedan crecer y desarrollarse en condiciones de bienestar y buen vivir. Además, convertirse en potencia, lo que les permitiría relacionarse con el mundo en condiciones más igualitarias y competitivas. Por lo anterior, la paz en Colombia contribuirá de manera formidable al propósito de la integración.

Pueblos-Revista de Información y Debate. 2014.

NOTAS:
1.    Carlos Velandia estudió un año en el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada y seis en la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autónoma de Barcelona.
2.    Publicado por la Fundación FICA. Ha publicado también los libros: Felipe Torres: la palabra sin rejas (ITM, 2004) y Costos y efectos de la guerra en Colombia (Asamblea Permanente de la Sociedad Civil Para la Paz, 2011). Es autor de numerosos artículos en libros y revistas especializadas, y miembro del consejo consultivo de Geneva Call (www.genevacall.org). Recientemente recibió un título Honoris Causa en Administración Empresarial con énfasis en Educación. Actualmente desarrolla una amplia campaña pedagógica sobre la paz y el proceso actual como la mejor oportunidad que tiene Colombia para superar la guerra de manera definitiva. Imparte conferencias en universidades, colegios de bachillerato, sindicatos y foros sobre el tema.