miércoles, 9 de octubre de 2013

SI NO HAY PAZ PERDEMOS TODOS, PRESIDENTE

Si no hay paz perdemos todos, presidente
Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 
Esta oportunidad no puede estar sólo en las manos de las partes. La sociedad y la comunidad internacional deben presionar para que los diálogos se mantengan.

Foto: SEMANA
Ya suenan a cantilena las frases del presidente Santos advirtiendo que de producirse un fracaso en el proceso de diálogo con la guerrilla de las FARC-EP, y por extensión a los contactos exploratorios con el ELN, “no se habrá perdido nada, porque no se ha cedido nada”. Pero no sólo es el fastidio que produce tan fatídicas frases, si no el equivocado sentido que se expresa en eso de que “no se habrá perdido nada”, porque la verdad aquí perdemos todos.

A lo largo del conflicto armado interno, Colombia ha tenido y vivido cuatro grandes oportunidades de paz, tomando como la primera gran oportunidad los diálogos de paz durante el gobierno del presidente Belisario Betancur en los 80, la segunda oportunidad los diálogos de paz con los gobiernos de Barco y Gaviria en los 90, la tercera oportunidad fueron los diálogos de paz durante el gobierno de Andrés Pastrana Arango en el comienzo del siglo XXI, y ahora esta cuarta oportunidad de paz en desarrollo en la década del 2010. 

Son oportunidades que se han sucedido casi que en ciclos de 10 años pero que reflejan que el impulso hacia las paces resulta de menor fuerza que la compulsión hacia la guerra, es decir que ha faltado convicción y persistencia para ganar la paz a través de la solución política y negociada. 

Obviamente, de inmediato hay que considerar que entre una oportunidad y otra han transcurrido 10 años de conflicto, es decir un periodo donde se ha matado, desaparecido, secuestrado, torturado, desplazado, bombardeado, dinamitado, amenazado, extorsionado, exiliado, apresado, en cifras que se acumulan hasta completar los escandalosos números suministrados en el informe parcial “Basta Ya”, elaborado por el Centro de Memoria Histórica.

Si las partes que hoy buscan un acuerdo de final del conflicto armado fracasan, han de saber que no sólo han dejado pasar, otra vez más, una gran oportunidad para si mismos, sino que le han quitado una oportunidad a la sociedad entera de vivir en paz, contrariando los anhelos de las grandes mayorías que deseamos y creemos que ya es posible vivir sin conflicto armado y al mismo tiempo trabajar por reformas transformaciones sociales, que nos conduzcan a la justicia social, con mas democracia y equidad.

Pero además han de saber que el país se sumergirá aún más en las insondables profundidades de un conflicto degradado, que arrojará cifras que son posibles advertir de antemano, y si seguimos la tendencia empírica de sucesión de oportunidades, cabría esperar que una quinta oportunidad se vuelva a dar en diez años, por lo cual no será difícil prever en cifras los costos y efectos del conflicto en los próximos diez años, multiplicando lo que ocurre en un año por 10. Así tendríamos unas cifras del siguiente tenor:

Algunas cifras  del conflicto hoy                                En 10 años 

$60.274 millones diarios gasto en Defensa-----------------------$270 billones
500 miembros de la Fuerza Pública mueren cada año ------------5.000 muertos
2.000 miembros de la Fuerza Pública son heridos al año--------20.000 heridos
4.000 civiles muertos por causas del conflicto ------------------40.000 muertos
685 personas son desplazadas cada día-------------------  2´500.250 desplazados
40 sindicalistas son asesinados por año-------------400 sindicalistas asesinados
49 defensores de derechos humanos son asesinados por año----490 asesinados
700 personas son desaparecidas cada año--------------------7000 desaparecidos
2 víctimas diarias por MAP-------------------------------7.300 víctimas por MAP
8.030 acciones ofensivas realiza la Fuerza Pública 
contra las guerrillas al año------------------------------80.300 acciones ofensivas

Se estima que las bajas en las filas guerrilleras son en términos absolutos similares a las de la Fuerza Pública, por lo que cabría esperar que en 10 años se produzcan 25.000 bajas en las filas insurgentes.
Pero no sólo se trata de cifras, se trata de dolor humano en miles de madres, viudas, familiares y hondas desgarraduras del alma colombiana, que anega en sangre y odio las posibilidades de futuro y de mejores niveles de desarrollo y de calidad de vida.

De modo que dejar pasar esta oportunidad no puede estar sólo en las manos de las partes, la sociedad y la comunidad internacional, deben ejercer la presión necesaria para que los diálogos se mantengan, para que se obtengan resultados prontos y justos; porque si no hay paz perdemos todos, sólo ganarán quienes desde las sombras medran de la guerra y la violencia, sólo los que obtienen réditos de la muerte, la intimidación y la zozobra, sólo los que se atrincheran en fácticos poderes para el lucro y prestigio individual.

Pero por fortuna estos no son muchos; los que queremos la paz somos más.

En Twitter: @CarlosVelandiaJ



miércoles, 2 de octubre de 2013

LIBERTAD PARA ARNALDO OTEGUI


LIBERTAD PARA ARNALDO OTEGUI:
Dirigente abertzale, destacado líder político y social por la libertad, la independencia y el socialismo en Euskal Herria. Peseguido y preso por las autoridades del Estado español con falsas imputaciones de ser militante de la organización armada ETA. Sus contribuciones a la paz y la necesidad de consolidar la paz, en construcción, en Euskal Herria hacen urgente que arnaldo sea liberado, sin mas dilaciones. Libertad Yá.
El número 8719600510 hace referencia al número como prisionero político, difundir el número, darle visibilidad, popularizarlo ayuda a generar la presión para que sea liberado.

martes, 1 de octubre de 2013

LA PAZ ES AHORA, CARAJO

LA PAZ ES AHORA, CARAJO

La reciente tormenta desatada en el proceso de diálogos de paz, por cuenta del lenguaje fuerte del presidente Santos en su comparecencia internacional en estrados diplomáticos y en la Asamblea General de la ONU, en los que no ahorró esfuerzo para destacar un perfil de terroristas y narcotraficantes al referirse a las FARC-EP, y el lenguaje contundente del comandante de esta organización guerrillera, Timoleón Jiménez, al referirse a la persona del presidente Santos y anunciar la publicación de un informe, que supuestamente ponía en riesgo el principio de confidencialidad pactado; hicieron temer la posibilidad de un rompimiento, respaldado por la opinión poco sesuda y apresurada del bisoño Director del partido Liberal, Simón Gaviria Muñoz, y luego por la del calenturiento exministro de Defensa Gabriel Silva Luján, quienes llaman a coro a romper las conversaciones;  muestra que el proceso de La Habana está sujeto a fuertes presiones y mucho más frágil de lo que se esperaba.
Por fortuna, el presidente Santos y Timochenko, en sendas declaraciones y comunicado amainaron los vientos de tormenta, para dejar el 15º ciclo que se iniciará el 3 de octubre, en medio de una calma chicha, de la que se esperan resultados y noticias más auspiciosas que las reportadas en los lacónicos comunicados conjuntos de las últimas cuatro rondas.
Pero, estas altisonancias que ponen en riesgo el proceso,  refleja que la “Mesa de La Habana” no ha construido el espíritu de coequiperos entre los plenipotenciarios de las partes, que se necesita para sacar adelante la tarea que les ha sido encomendada, es decir, que está primando el sentido de lograr el objetivo de la paz a costa de la contraparte, y no como una labor común en la que las partes deben dar lo mejor de sí para obtener los acuerdos.
Construir ese “espíritu de coequipo” al que me refiero, no significa deponer ni los principios, los intereses ni diluir las representaciones; significa maximizar el sentido de responsabilidad que tienen los equipos negociadores, al momento de buscar el acuerdo definitivo propuesto en la Agenda acordada; responsabilidad que les demanda cada una de sus partes, pero por sobretodo que les demanda la sociedad, que solo quiere ver resultados positivos, de este magno esfuerzo del país en ésta extraordinaria oportunidad, que no es solo de las partes y para las partes, sino que es la oportunidad que tiene Colombia entera y la región de superar el conflicto armado interno más largo y sangriento, que se haya soportado en el continente.
Es hora que los jefes de las delegaciones: De La Calle y Márquez, sostengan una larga conversación a solas, para construir un enfoque común, que vaya mucho más allá de la arquitectura del proceso y responda a poner en blanco y negro la situación del país, con sus problemas, sus potencialidades, sus tiempos, sus límites, pero por sobre todo las necesidades para una Colombia justa, humana y sin conflicto armado. Este enfoque será determinante a la hora de abordar todos los temas de la Agenda, porque sabiéndose corresponsables del acuerdo de paz, cada uno de los miembros de los equipos, se emplearán a fondo para obtener el acuerdo más justo y posible, aunque éste no sea el esperado y el que más satisfacciones de parte genere.
Por otro lado, el Comando Central del ELN, revela públicamente que reiniciará los diálogos con el Gobierno Nacional, al tiempo que advierte de las profundas diferencias que encuentra entre sus aspiraciones con la concepción de paz que tiene el Gobierno. Si bien es útil que el país sepa de antemano, que éste proceso no será fácil, resulta una obviedad que las contrapartes tengan concepciones diferentes, es más, que son diametralmente opuestas, pero esto es precisamente el punto de partida para que a través del diálogo se construya un punto de confluencia común, es decir una única manera de entender la solución, para luego trabajar por la construcción de los acuerdos, que los lleven al final del conflicto armado y a crear las bases para la construcción de la justicia social.
Muy seguramente, en este proceso de acercamiento y construcción de la arquitectura para llegar a una mesa de diálogo, se requerirán medidas y actos de confianza entre las partes, pero también de las partes hacia la sociedad y la Comunidad Internacional; creo sin temor a equivocarme, que la sociedad y la Comunidad Internacional reclamarán del ELN que antes de sentarse en la Mesa de Diálogos libere la totalidad de secuestrados en su poder y anuncie, como lo hiciera también las FARC-EP en su momento, la suspensión definitiva de esta práctica. Un acto de esta naturaleza es un paso decisivo en la reconciliación, porque al tiempo que aliviana las cargas del ELN, permitirá un trámite de los diálogos en un clima de mayor confianza social hacia este proceso de paz en ciernes.
Vistas así las cosas, quedamos todos los colombianos a la espera de resultados y buenas noticias, las que el Gobierno las FARC-EP y el ELN deberán ofrecer a la sociedad y el mundo porque la paz es ahora, carajo.

Carlos Arturo Velandia Jagua


Twitter: @carlosvelandiaj

lunes, 9 de septiembre de 2013

'El Eln también pedirá una asamblea constituyente': 'Felipe Torres'

El Eln debe liberar a todos los secuestrados antes de llegar a la mesa, dice Carlos Velandia.

Foto: Rafael Quintero/EL TIEMPO

Para el excomandante, lo acordado con Farc debe ser punto de partida del diálogo con los 'elenos'.
Aunque es más fácil identificarlo como 'Felipe Torres', Carlos Arturo Velandia Jagua prefiere usar su verdadero nombre y también es enfático en señalar que ni es vocero, ni milita actualmente en el Eln. Sin embargo su experiencia en el monte, donde estuvo desde 1972 hasta su captura en junio de 1994 (pagó 10 años de cárcel), lo convierten en un conocedor a fondo del comportamiento de esa guerrilla.
En los últimos días se incrementaron las señales que indican que está madura la posibilidad de que el Gobierno inicie un nuevo proceso de paz con el Eln, luego de que esa guerrilla cumpliera una de las condiciones impuestas por el presidente Juan Manuel Santos: la liberación del ciudadano canadiense Gernot Wober. De concretarse, sería el sexto intento de llegar a un acuerdo con los 'elenos'.
Y Velandia, quien incluso cuando estaba en prisión era uno de los interlocutores principales del Eln cuando de intentos de paz se trataba, cree que esta vez sí está todo dado para llegar a buen puerto. Incluso, opina que la agenda actual con las Farc en La Habana debe ser el punto de partida. Esto para no repetir discusiones ya superadas y hacer más expeditas las conversaciones.
En diálogo con ELTIEMPO.COM, Velandia también le pide a esa guerrilla llegar a la mesa sin secuestrados en su poder (calcula que tendría aún 12 en su poder), propone a Uruguay como escenario de eventuales conversaciones y asegura que el Eln no se levantará de la mesa hasta que se logre un acuerdo definitivo de paz.

¿En qué estado se encuentran los contactos entre Gobierno y Eln?

De momento se ha revelado que tienen contactos, aunque hay bastante hermetismo sobre los contenidos y en qué punto van. El Presidente ha afirmado que se está en una etapa importante para llegar a una mesa de diálogo, pero desconocemos los puntos de esta primera fase de exploración y de concreción de una agenda.

Si bien el Eln cumplió una de las condiciones impuestas por el Gobierno, la liberación de Gernot Wober, se cree que hay más secuestrados en poder de esa guerrilla...

Medios, organismos y familiares reportan que el Eln tendría al menos 12 secuestrados. Deben liberarlos a la mayor brevedad. Es inconveniente llegar a una mesa de negociación con el peso de unos secuestrados y teniendo el secuestro como práctica. Creo que el país y la comunidad internacional recibirían y respaldarían el gesto de iniciar un proceso de paz sin secuestros encima. Ese delito no tiene cabida en una mesa de negociaciones.

De concretarse un diálogo, ¿debe ser en el exterior o en Colombia?

Creo que el escenario ideal es el exterior. En este momento no hay condiciones para hacer un diálogo dentro del país. Eso implicaría meternos en discusión sobre zonas, territorios, regiones y seguridad. No se puede hablar de zonas desmilitarizadas y por allí no se llega a una mesa. En cambio, hay muy buenas condiciones en el exterior. Hay un escenario internacional muy apropiado para la paz.

¿Y qué país podría ofrecer garantías para ambas partes?

Uruguay sería extraordinario. Se trata de un país con mucha frescura y transparencia en términos de diplomacia internacional. No tiene grandes contradicciones ni conflictos y su gobierno no genera ni resistencias ni suspicacias en ninguna de las partes.

¿Haría usted parte del equipo negociador en algún momento?

No tengo vínculos orgánicos con el Eln. Tengo nexos afectivos que van más allá de la filiación o la militancia. No represento ni soy vocero del Eln. Pero si el Eln tuviera que solicitar mis servicios para apoyar la solución política, con el mayor gusto lo haría.

¿El Eln pedirá un cese de hostilidades para negociar?

Sería lo deseable, para que las discusiones se hicieran en medio de unas condiciones más amables y haya un alivio para la sociedad. Pero con realismo, esto no será posible. Ya hay una línea de desarrollo del proceso y el cese será un punto de llegada. No descarto que haya un cese unilateral, como el que las Farc hicieron en diciembre.

¿Esa guerrilla llegará a la mesa diezmada, dividida? Se dice que sus
comandantes están en el exterior...

El Eln cruzó los ocho años del gobierno de Uribe con su dirigencia completa y conserva el grueso de sus estructuras. Si bien ha perdido unos territorios, se ha fortalecido en otros históricos, como Arauca. Ha logrado superar la confrontación con las Farc y tiene el mandato sólido de su dirigencia y el compromiso de avanzar hacia el final de conflicto. Cuando se firme un acuerdo de inicio del proceso de paz con el Gobierno, será para poner fin al conflicto armado. El Eln no se levantará de la mesa hasta obtener un acuerdo.

¿El Eln aceptará entregar las armas, pedir perdón y reparar a las víctimas?

El Eln no hará ningún acuerdo en términos diferentes a los de las Farc. Es decir, no expresará un compromiso de entrega de armas, pero sí de dejación de armas. Con las víctimas, planteará la necesidad de desarrollar conjuntamente entre las partes unos compromisos para satisfacer las necesidades de justicia y reparación de las víctimas y de no repetición para la sociedad. Pablo Beltrán, en 2007, expresó: Verdad toda, verdad todos". Ese será el punto de partida para este tema.

¿Qué falló y que se puede rescatar del último proceso de paz en el gobierno de Álvaro Uribe?

El gobierno de ese entonces no se planteó una estrategia de paz. Era solo para desarmar las estructuras. Se avanzó, eso sí, en la construcción de un acuerdo base que le daba mucha importancia a la participación de la sociedad civil, a través de la celebración de la Convención Nacional.

El tema de la Convención Nacional ha estado presente en todos los intentos fallidos de diálogo...

Ya no puede ser como la imaginamos antes del año 2000. Habrá que hacerle algunos ajustes y una buena manera de hacer la aproximación sería a partir de los foros nacionales en los que se han discutido los temas de desarrollo rural y participación en política de la mesa de La Habana. Ahora viene otro sobre cultivos ilícitos. Este es un buen punto de partida de la Convención Nacional.

Usted entró al Eln en 1972 y hoy está en la civilidad tras diez años en prisión y otros siete fuera del país. Con esa experiencia, ¿cree hoy que es necesaria o que vale la pena la lucha armada?

No. No tiene ningún sentido ni la guerra ni quitarle la vida a nadie, sea quien sea. No tienen sentido las acciones ofensivas de lado y lado. El conflicto se está acabando. Por eso es importante hacer un llamado al soldado, al miliciano, al guerrillero, para que no disparen a matar. Hay que preservar la vida. La guerra está terminando y no es justo, de lado y lado, que quienes ya sobrevivieron a una larga guerra mueran en el último instante. El país necesita de estos soldados y guerrilleros para construir la paz. No tiene sentido matar hoy para firmar la paz mañana.

RAFAEL QUINTERO CERÓN
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM




jueves, 29 de agosto de 2013

EL ELN PONE EL BALÓN EN EL TEJADO DEL GOBIERNO

El ELN pone el balón en el tejado del gobierno

Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 
Debemos entender la liberación de Gernot Wober como el acto de paz que da apertura a una nueva situación.

La liberación del ciudadano canadiense Gernot Wober, efectuada por el ELN, constituye la superación del mayor obstáculo para dar inicio a una mesa de diálogo y negociación entre esta guerrilla y el Gobierno Nacional. 

El mismo presidente, Juan Manuel Santos, había est
ablecido que la liberación del “canadiense” era un paso correcto en la dirección correcta. Queda pues el país a la espera a que estas partes del conflicto armado interno intensifiquen sus contactos, realicen las mutuas y debidas exploraciones y pacten la agenda de proceso que a bien tengan. Eso sí, en un espacio de absoluta discreción que les permita a los compromisarios de estas dos partes concentrarse en acordar los pasos y actos que permitan crear confianza y construir un ambiente positivo para los diálogos, diseñar el proceso, sin interferencias y en un clima de seguridad y tranquilidad apropiadas. 

A la Colombia que quiere la paz, trabaja y se preocupa por ella, no le interesa saber los detalles de los contactos, pero sí conocer el acuerdo de agenda a que lleguen en el momento en que lo hagan, tomándose el tiempo estrictamente indispensable para diseñar la arquitectura del proceso, la cual será decisiva para llevar los diálogos al fin del conflicto armado y a sentar las bases de la paz y la justicia social. 

El hecho de contar con el proceso de diálogo de la mesa de La Habana es un valor agregado a la experiencia en materia de diseño de procesos de paz, la cual será muy útil al momento de discutir los procedimientos, los tiempos, los facilitadores y los contenidos de la agenda, por cuanto se podrá partir del criterio de que lo que funciona bien en el proceso de La Habana, puede también ser aplicado para el proceso con el ELN.

Vistas así las cosas, un proceso con los elenos podrá tener unos ritmos de mayor agilidad en los trámites, por cuanto ya existen textos muy discutidos y sólidos, como por ejemplo la parte introductoria del “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, o más conocido como “Agenda de La Habana”. 

Igualmente, ya hay temas de la agenda que se han discutido que no se deben repetir, como es el caso del tema de tierras. Asimismo, en un proceso con el ELN es impajaritable que el tema de desarrollo minero – energético y el de participación de la sociedad en la construcción de la paz y del país deban ocupar un destacado lugar en la agenda, de modo que los procesos de paz sean complementarios y no competitivos. Pero también hay temas comunes a tratar con ambas insurgencias, como son los temas de participación política, víctimas, mecanismos de legitimación y gestión del postconflicto, los que podrán ser discutidos en una mesa común: 

Quiere esto decir que en el país tendremos dos procesos simultáneos pero a dos velocidades: una la que tiene la mesa de La Habana y otra la del ritmo que tendrá la mesa con los elenos. 

Además en escenarios diferenciados, esto es, en países distintos para garantizar que las dinámicas propias de un proceso no genere impactos negativos en el otro. De igual manera, el proceso con los elenos deberá tener equipo de negociadores del gobierno diferente al del proceso de La Habana, liderado por una personalidad altamente representativa del Establecimiento, con gran idoneidad y reconocimiento  nacional. Es fundamental que los procesos estén dirigidos y conectados por y a través de un mismo centro político, que no puede ser otro que la Oficina del Alto Comisionado para la Paz. 

Muy seguramente el proceso con el ELN contará con otros países facilitadores entre los que podrían ser Suiza, Uruguay Brasil, Bolivia, Argentina, Venezuela, Cuba y Noruega como ha sido comentado por algunos medios.

De este modo la liberación de Gernot Wober, debemos entenderla como el acto de paz que da apertura a una nueva situación, es decir el ELN ha puesto el balón en el tejado del Gobierno, Colombia entera espera una respuesta positiva, no otra cosa.

En Twitter: @carlosvelandiaj


miércoles, 28 de agosto de 2013


"Diálogo entre el Gobierno y Eln está cerca": Velandia
Efe | Bogotá | Publicado el 28 de agosto de 2013
El inicio del diálogo entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (Eln) se acerca tras la liberación de un canadiense secuestrado, afirmó el exdirigente de esa organización Carlos Arturo Velandia, quien además advirtió de que la paz con las guerrillas pasa por resolver el conflicto social.

"Felipe Torres", el apodo con el que Velandia combatió durante 20 años, dijo que con la liberación ayer de Gernot Wobert, quien estuvo secuestrado 221 días, "no debería haber más obstáculos de por medio para que de una manera definitiva las dos partes se sienten a conversar, definir una agenda y ponerse a trabajar".

Y es que la puesta en libertad del geólogo de la multinacional canadiense Braewal Mining Corporation respondió a las peticiones del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, quien había insistido en esa condición para iniciar el diálogo con la segunda mayor guerrilla del país por detrás de las Farc.

Velandia vaticinó que si el proceso con el Eln "se inicia pronto" habría tiempo para acordar el fin del conflicto antes de las elecciones presidenciales de 2014, tal y como pretende Santos.

"El presidente tiene unas angustias por los tiempos, porque tiene su tiempo limitado y el Parlamento también. Pero los tiempos de un proceso de paz son muy diferentes", indicó Velandia, para indicar que "habría que acelerar la marcha" si se quiere lograr el objetivo.

El Eln ha expresado en varias ocasiones su intención de iniciar conversaciones a semejanza de las que se celebran en La Habana con las Farc desde noviembre de 2012.

Sin embargo, Velandia dejó claro que el Gobierno debe resolver el conflicto social, expresado en las graves protestas campesinas que invaden el país desde hace diez días, para lograr la paz tanto con las Farc como con el Eln.

"Si el Gobierno no resuelve los conflictos sociales de ahora (...) difícilmente podrá resolver el conflicto armado en Colombia", afirmó, al alertar de la contradicción que representa ante la sociedad que el Ejecutivo trate con "mano dura" al campesino y con "mano blanda" al guerrillero.

Con esas palabras, se refirió precisamente a las conversaciones de Cuba, que coinciden con la mayor protesta del campesinado colombiano desde que Santos llegó al poder, en agosto de 2010.

Esta protesta, que se inició el 19 de agosto, ya se ha cobrado la vida de cinco personas, en medio de numerosas denuncias de campesinos por el uso desmesurado de la fuerza por parte de la policía.

"Lo que uno ve es la diatriba del Gobierno, que descalifica al movimiento social; lo que se ve es la acción policial persiguiendo y maltratando al campesino, a las mujeres y a los niños", agregó.

Velandia, quien vivió exiliado en España entre 2004 y 2011 tras cumplir una condena de diez años, hoy se desempeña como investigador de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde trabaja en busca del añorado fin del conflicto armado en su país.

Desde esta posición, el exdirigente guerrillero, de 61 años, considera que el Gobierno debe reconocer que "se ha equivocado gravemente en los últimos 50 años".

Por ello, invitó al presidente Santos a afrontar con diálogo y soluciones los conflictos sociales, ya que si no lo hace "actúa en perjuicio del diálogo con la guerrilla en la mesa de La Habana", así como en un eventual proceso de paz con el Eln.

"Modificar el modelo económico y de acumulación de capital en muy pocas manos. Es así de simple", agregó al referirse a lo que, a su juicio, es una solución a la crisis social que vive Colombia.

Para Velandia, los problemas que afronta el campesinado "se han venido agravando" respecto a 50 años atrás, cuando surgieron las Farc y el Eln bajo una doctrina de izquierdas y de defensa del campesinado.

Apuntó que en estos años se ha acumulado "una tradición de lucha y una situación de rabias contenidas por la insatisfacción, por el engaño".

Carlos Arturo Velandia se incorporó al Eln en 1972 y llegó a la máxima jerarquía, en 1994 fue capturado y encarcelado, hasta 2004, cuando partió al exilio.

Durante los diez años en los que estuvo bajo reclusión, participó como negociador en procesos de paz entre Eln y los gobiernos de Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.