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jueves, 28 de noviembre de 2013

LAS MUJERES EN LA MESA DE DIÁLOGOS DE PAZ

Las mujeres en la Mesa de diálogos de paz

Por Carlos Arturo Velandia JaguaVer más artículos de este autor 

OPINIÓNEsta decisión, sin duda alguna, marca un hito en la historia de las paces en Colombia, porque por primera vez, vemos mujeres en la primera línea de la discusión.

Las mujeres en la Mesa de diálogos de paz.

Foto: SEMANA

El nombramiento presidencial de las señoras María Paulina Riveros y Nigeria Rentería, como integrantes plenipotenciarias del equipo del Gobierno Nacional, en la mesa de diálogos con las FARC-EP en La Habana, se recibe con agrado por cuanto representa un paso en la dirección correcta, por parte del Gobierno, hacia el cumplimiento cabal de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre mujeres paz y seguridad. 

Esta cual insta de manera perentoria a los gobiernos a incorporar la perspectiva de género, en todas las actividades atinentes a la solución política de conflictos, a la construcción y mantenimiento de la paz y en las actividades que desde los Estados se promuevan para incorporar mujeres en las negociaciones de conflictos, en la preservación de los derechos humanos y en el desarrollo de cultura de paz.

Esta decisión, sin duda alguna, marca un hito en la historia de las paces en Colombia, porque por primera vez, vemos mujeres en la primera línea de la discusión y de la toma de decisiones en materias tan sensibles como son los temas para llegar a un acuerdo de paz, que en Colombia será histórico, por la razón de que será el acuerdo que ponga punto final al más largo conflicto interno del hemisferio occidental y se constituya en el acontecimiento, que permitirá que la sociedad entera se dedique a construir la justicia social, para una paz duradera y estable.

En años y procesos pasados, el país supo de extraordinarias mujeres fungiendo como miembros de equipos de negociación, pero en esos casos ninguna llegó a tener un rango de plenipotenciarias. Estos son los casos de Vera Grave, quien cumpliera un importante aunque discreto papel en los diálogos con el M-19; de Lucía González, quien en representación del ELN suscribiera en la población de Cravo Norte, el acuerdo de inicio de diálogos de paz de Caracas y Tlaxcala; de la comandante Mariana de las FARC-EP que hiciera parte del equipo de diálogo social en las Audiencias del Caguán; de Ana Teresa Bernal en representación de la sociedad civil en el proceso de audiencias del Caguán; de María Emma Mejía representante del Gobierno de Andrés Pastrana en la fase inicial de los diálogos del Caguán; y ahora un número importante de mujeres guerrilleras que integran el equipo de las FARC-EP en La Habana.

La investigadora de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona,  María Villellas Ariño, en su artículo “Las mujeres en los procesos de paz” del 2011, dice que: “las organizaciones de mujeres son un actor muy relevante en la promoción de una salida dialogada a los conflictos armados, y en numerosas ocasiones han protagonizado llamamientos a los actores armados para que se ponga fin a los conflictos por la vía política” como la marcha del 22 de noviembre en Bogotá, convocada por las distintas plataformas de mujeres que protagonizaron una gesta plebiscitaria por la paz y contra la violencia hacia las mujeres. 

María Villellas advierte y cuestiona que “de acuerdo con cifras de Naciones Unidas, las mujeres representan el 8% de quienes participan en las negociaciones de paz, y menos del 3% de quienes firman los acuerdos de paz” y que por lo general la participación de mujeres en procesos de diálogo y negociación se da sobre “la idea de que sólo cuando el proceso de paz está encarrilado se puede estudiar si integrar o no el género e incluir a las mujeres, suele ser muy habitual, creándose inercias que dificultan cada vez más su inclusión” .

Estas observaciones de la investigadora Villellas Ariño, son de una vitalidad y contundencia, que no deja duda sobre la dirección en que deben moverse las partes, al momento de constituir sus equipos negociadores. Por su lado, el Gobierno movió ficha, lo cual me lleva a interrogar si las FARC-EP harán otro tanto, que de ser positiva la respuesta, significaría un acercamiento hacia el acatamiento a las normas internacionales, como también un reconocimiento de instancias e instrumentos del Derecho Internacional; pero por sobre todo una acción positiva hacia reivindicar el papel de la mujer insurgente en las organizaciones guerrilleras.

De otra parte, pronto se iniciará el 17º Ciclo de diálogo en La Habana, que abordará el tema de “Solución al problema de drogas ilícitas”, para lo cual las partes cuentan ya con las conclusiones del Foro Nacional y Foro Regional realizados en Bogotá y San José Del Guaviare respectivamente, que deberán tomar muy en cuenta, y para lo que se requiere que los equipos manejen con propiedad e idoneidad esta temática y problemática. Ojala las FARC-EP considerara la inclusión en su equipo de diálogo a Fabián Ramírez y Joaquín Gómez, con la certidumbre que sus conocimientos y capacidades serían decisivas en la construcción colectiva (con el gobierno) del acuerdo posible.

En Twitter: @CarlosVelandiaJ

LOS DÍAS DE LA PAZ - DOCUMENTAL

viernes, 8 de noviembre de 2013

NO PARES; SIGUE, SIGUE

No pares; sigue, sigue

Por Carlos Arturo Velandia Jagua

OPINIÓNAhora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados.

No pares; sigue, sigue.

Foto: SEMANA

El anuncio del acuerdo fundamental sobre el segundo punto de la Agenda contenida en el "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", denominado Participación Política; y las recientes liberaciones de secuestrados del ELN, son claras demostraciones de las voluntades de paz de las partes enfrentadas y signos alentadores a la confianza de la sociedad hacia el proceso de paz en curso.

El acuerdo leído y dado a conocer al país y al mundo por los garantes Dag Nylander y Rodolfo Benítez, de Noruega y Cuba respectivamente, se ha logrado en un esfuerzo de las partes sin precedentes, para el cual han debido poner a prueba la arquitectura del proceso, así como la voluntad misma de las partes. 

El proceso se venía haciendo agua y anunciaba un mal final, por cuenta de las urgencias y presiones del gobierno en los tiempos y por la ausencia de resultados a la vista luego de seis ciclos consecutivos en el mismo tema, además por un creciente desgano de la sociedad que cada día se expresaba como desconfianza y desesperanza, aparte de que la “contrapaz” se convirtiera en el leitmotiv y bandera política del partido Uribe Centro Democrático.

Para producir el acuerdo, las delegaciones del Gobierno Nacional y de FARC-EP en la Mesa de La Habana, debieron flexibilizar sus férreas posiciones y asumir que la construcción de los acuerdos no se puede hacer a expensas de la contraparte. Se impuso el realismo frente al idealismo y se generó una relación de coequipo, que sólo es posible cuando partes contrarias en una mesa de negociación entienden y asumen que están allí, en la mesa, en cumplimiento de una misión, que en este caso no es otra que la de producir un acuerdo de punto final del conflicto armado interno colombiano. Sólo de esta manera es posible entender y escuchar las razones de cada una de las partes, en un ejercicio permanente de ceder para ganar.

De otra parte, la eficacia de la rígida arquitectura del proceso estaba siendo sometida a fuertes presiones, producto de los “movimientos telúricos” de la misma mesa y de la coyuntura política doméstica, que amenazaban con romperla, si no se implementaban mecanismos “de sismo-resistencia”, como fueron los alargues del ciclo, primero por tres días más y luego otro hasta obtener el acuerdo.

En suma, ahora la Mesa de La Habana cuenta con un renovado espíritu de trabajo y con mecanismos de flexibilidad de la arquitectura para producir resultados, de modo que el próximo ciclo 17º se realizará con mayor dinamismo, por el jalón que supone los acuerdos en los puntos 1 y 2 de la Agenda.

Por otra parte, las liberaciones de secuestrados por el ELN de un equipo técnico de una empresa contratista del oleoducto Bicentenario: el ingeniero Yesid Francisco Galindo, el administrador Éber Arnulfo Morera Cabrera y el conductor Nelson Carreño Becerra; y el anuncio de la liberación del ingeniero forestal Andrés Montes, trabajador de la Compañía Agrícola La Sierra, de capital chileno con operaciones en el Sur de Bolívar, son actos positivos reconocibles como actos de paz, que contribuyen a “pavimentar” el camino del ELN hacia una mesa de diálogo y negociación.

Reconociendo la importancia de las liberaciones y su significado, debo decir que estas son insuficientes, que el país demanda que sean liberados todas las personas que estén secuestradas en manos del ELN y que, al igual que lo hiciera la guerrilla de FARC-EP en su momento, anuncie el final del secuestro como práctica insurgente. Solo de éste modo el ELN podrá encaminarse hacia una mesa de diálogo para la paz de manera expedita y con apoyo de la sociedad colombiana y de la Comunidad Internacional.

Vistas así las cosas, los pasos siguientes inmediatos no son otros que el gobierno se decida a iniciar la exploración formal con el ELN hasta lograr un acuerdo de Agenda y de instalación de su propia Mesa de diálogo y negociación, que las dos organizaciones insurgentes declaren un cese unilateral de acciones ofensivas durante el periodo de navidad y año nuevo, que el gobierno acompañe estos actos de paz con reciprocidad, de tal modo que se produzca un desescalamiento de la confrontación, y con esto un alivio general para la sociedad colombiana, que debe empezar a ser resarcida y a beneficiarse de la paz que reclama y a la que tiene derecho.

Finalmente, el presidente Juan Manuel Santos en su alocución al país, con motivo del acuerdo en la Mesa de La Habana señaló que, “Cuando avanzamos, cuando se ven los resultados, no es el momento de parar. Es todo lo contrario, es el momento de acelerar de continuar con más ánimo y entusiasmo para lograr ponerle fin a este conflicto de forma definitiva”, poniendo fin a los interrogantes que se cernían sobre la continuidad de los diálogos en medio de la coyuntura electoral. Definitivamente, como lo afirmé en mi artículo anterior “La paz y las elecciones no son incompatibles”. De modo que aquí cabe el pegajoso estribillo de esa canción popular que dice: “no pares sigue sigue, no pares sigue sigue”.

En Twitter: @carlosvelandiaj

lunes, 4 de noviembre de 2013



“El Gobierno y el ELN ya deben dar inicio a los diálogos”: exjefe del ELN
Carlos Velandia, alias ‘Felipe Torres’, exdirigente del grupo guerrillero, asegura que no se debe desaprovechar la oportunidad para que ambas partes busquen la paz.

El exdirigente del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Carlos Arturo Velandia, alias ‘Felipe Torres’.
Julio Sánchez | El País
Por: Diana Isabella Sánchez | Reportera de El País Lunes, Noviembre 4, 2013
Asegura que no es vocero ni militante del ELN, como lo fue entre 1972 y 1994, cuando abandonó las armas luego de una captura que lo costó diez años de cárcel. Sin embargo, está dispuesto, como lo ha hecho en ocasiones anteriores, a mediar en unos posibles diálogos de paz entre este grupo guerrillero y el Gobierno Nacional.
Considera que, así como lo están haciendo con las Farc en La Habana, Cuba, el Gobierno puede iniciar un proceso de diálogo con el ELN que lleve a acuerdos de paz, pero resalta que ambas partes deben apresurarse y concretar los contactos para iniciar una fase exploratoria.
¿Cómo ve un posible diálogo entre el Gobierno y el ELN?

Primero tiene que cursarse una fase necesaria e indispensable: que las partes se reunan, en el lugar donde quieran, para explorar. Ambos tienen que explorarse y explorar la voluntad; tienen que llegar a concretar una agenda, una arquitectura del proceso que, yo estimo, no sería muy distinta a la que se ha logrado con las Farc y que ha posibilitado establecer la mesa de La Habana. Creo que el ELN insistirá en unos temas puntuales para establecer en su propia agenda, como lo son el desarrollo minero energético, la participación de la sociedad civil en el proceso de paz y en las transformaciones.
¿Qué tan adelantados van esos contactos entre el Gobierno y el ELN?
Según el ELN, a través de sus comunicados y declaraciones, el proceso no ha arrancado. Ha habido contactos, pero no se está desarrollando de manera seria, organizada ni secuencial un proceso exploratorio. El ELN pide al Gobierno que se decida de una vez por todas a iniciar este proceso.
Tras seis intentos fallidos de diálogos entre el Gobierno y el ELN, ¿cree que es esta la oportunidad para que la solución al conflicto pueda darse?
Creo que sí, no solamente porque estas dos partes lo quieran, sino porque la sociedad colombiana lo desea y porque terminará por imponerlo. Esta es una oportunidad que tenemos todos y, tanto el Gobierno como los ‘Elenos’ saben que no pueden dejarla pasar porque le pertenece al país más que a ellos.
Es claro que una negociación con el ELN no tiene cabida en La Habana. ¿Pero si puede servir de base para un eventual diálogo con el Ejército de Liberación Nacional?
Cada organización tiene su propia historia, sus propuestas y singularidades. Aunque el conflicto es el mismo, tendrá que ser en mesas separadas, pero esto no significa que no vayan a confluir para tratar temas comunes como víctimas, gestión del postconflicto y mecanismos de referendación… Esta tiene que ser la misma discusión. En cuanto a tiempos, creo que el Gobierno y el ELN están en mora de empezar los diálogos, deben dar inicio a las negociaciones y concluir en una negociación a la mayor brevedad posible.
¿Estos diálogos con el ELN deberían ser en Colombia o en el exterior?
Deben darse en el lugar donde ellos consideren hacerlo. Sin embargo, en Colombia no hay condiciones para el diálogo porque implicaría desmilitarizar áreas y eso no va a ocurrir. La exploración quizás debería darse en un país vecino, preferiblemente en Uruguay porque tiene una diplomacia muy fresca, no está involucrado en las grandes agendas mundiales, no suscita la sospecha de absolutamente nadie y todos reconocen el papel de su gobierno y del presidente ‘Pepe Mujica’.

¿Para unas posibles conversaciones entre el Gobierno Nacional y el ELN, estas se desarrollarían en medio del conflicto o habría un acuerdo bilateral del cese al fuego?
El cese al fuego sería lo ideal, lo más deseable, pero eso no ocurrirá. Se requiere que si el ELN hace un cese unilateral del fuego haya una contraprestación y se produzca un desescalamiento por parte del Estado. Lo que no puede ocurrir es lo que pasó con las Farc el año pasado, que decretaron por dos meses una interrupción a los hostigamientos, pero el Estado no hizo lo mismo.
Si se dan estos diálogos, ojalá haya treguas, también por periodos de dos meses para navidad y año nuevo, así como durante procesos electorales, pero, de nuevo, tiene que estar acompañado por el Gobierno, sino fracasarán.
¿El ELN dejaría de secuestrar y atentar contra la infraestructura petrolera del país?
Sin duda alguna. No hay la menor posibilidad de que el ELN se suba a una mesa teniendo secuestrados y con la posibilidad de seguir secuestrando porque sino, revienta el proceso.
Es conocido que el ELN está muy diezmado y que esto facilitaría los diálogos porque no podrían exigir mucho. ¿Qué opina sobre esto?
La correlación de fuerzas en el conflicto no es la misma de hace 10 años, pero según estudios de la Corporación Arco Iris, se plantea una visión un poco diferente. El ELN ha venido en un proceso de crecimiento y de reforzamiento más que de debilitamiento, pero la lucha armada aquí en Colombia ha llegado a unos niveles de agotamiento que los obligan a buscar otras alternativas.
¿Usted haría parte del grupo negociador por parte del ELN ante un eventual proceso de paz?
No. Yo no soy miembro representante del Ejército de Liberación Nacional, pero no descarto que si ellos me solicitan algún nivel de participación, en mi condición de exmilitante, exdirigente del ELN, con mucho gusto lo haga.
¿Cómo sería una paz verdadera y estable en Colombia?
Primero sin lucha armada y, segundo, con la sociedad empoderada, participando y construyendo la agenda que haga posible la justicia social.
¿Qué opina del proceso de paz que se está llevando a cabo entre el Gobierno y las Farc?
En un proceso que se mueve con una arquitectura muy sólida. Es un proceso que apunta a dar resultados. Creo que en el ciclo 16 están obligados a producir resultados contundentes porque sino, el proceso sucumbirá. Sé que las partes se están esforzando en producir estos resultados y sé que vamos a tener buenas noticias. Una de las grandes falencias de este proceso es que la sociedad no está participando. El proceso de consulta con la sociedad no ha ido más allá de los foros nacionales en materia de tierra, participación política y narcotráfico, pero se necesita que vayan a los territorios, que los distintos sectores sociales también puedan proponer y desarrollar un nivel de discusión con las mesas de diálogos.
Se ha hablado de suspender los diálogos por las elecciones de 2014, pero creo que no es lo mejor; aunque está en manos de las dos partes acordarlo. Sería un error sumamente grave si una de las partes se lo impusiera a la otra.
¿Volvería a las armas?
No, vengo de allá y aquí me quedo.