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viernes, 23 de mayo de 2014

HONORIS CAUSA

Os participo que me han concedido un Honoris Causa en reconocimiento por las labores y aportes al desarrollo del país.


miércoles, 21 de mayo de 2014

IMÁGENES DEL ACTO DE PRESENTACIÓN DE MI LIBRO "LA PAZ ES AHORA, CARAJO", EN EL CENTRO DE MEMORIA, PAZ Y RECONCILIACIÓN - BOGOTÁ, 20 de mayo de 2014















EL POSCONFLICTO TIENE NOMBRE DE MUJER

EL POSCONFLICTO TIENE NOMBRE DE MUJER


Discurso pronunciado en la presentación del libro “La paz es ahora, carajo”, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá
Han decidido los guerreros combatir hasta la extenuación, hasta el instante mismo de la firma de los acuerdos de final de la guerra, no porque crean que pueden ganarla, sino para infringir la mayor cantidad de daño antes de dejar de disparar; porque una guerra que no se gana durante cincuenta años no se va a ganar en el último combate.
Pero qué clase de guerra es ésta, que ha perdido sus propósitos iniciales, guerra en la que ya no se pelea por los objetivos supremos de tomar el poder y el de la defensa de la patria?,  guerra que antes de su extinción definitiva  mantiene las cifras de letalidad, dolor y daño de épocas de mediados del conflicto, guerra que hoy mata tanto como si estuviera a las puertas del poder o de la derrota definitiva de los alzados?, y la respuesta es el desgaste.
Es esta una guerra de desgaste, caracterizada por la disposición de las partes en hacer el mayor daño posible a su oponente, sin ninguna otra consideración que el daño mismo. Daño que será medido en la pérdida de valiosas vidas humanas de soldados, agentes de policía, guerrilleros y civiles, que no merecen morir en los últimos tiros de la guerra. Es en suma una guerra asesina, en la que los muertos habrán muerto por nada, solo por la febril terquedad de los jefes de los dos bandos de mantener el pulso de la guerra a sabiendas que nadie la ganará ya. Por eso demando, pido, reclamo, parar la guerra ya. Para que como dijera el compañero presidente Salvador Allende momentos antes de inmolarse: "Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor".
Aún así, no puedo dejar de expresar mi alborozo por el inicio, el día de hoy, de una tregua en la guerra que conservará por unos días la vida a por lo menos a 32 guerreros de las dos partes y heridas a 64 de los mismos. Estas cifras resultan de la operación elemental de multiplicar el número de muertos y heridos, que se producen diariamente en promedio, por el número de días de duración de la tregua, pero más allá de las cifras, son personas que serán salvadas de la muerte, o de las mutilaciones, son personas que en vida serán de gran utilidad para enaltecer la vida misma y para el país, porque no hay nada más noble que salvar vidas ante la certeza de la muerte; por lo que desde aquí, en el día de hoy y en este escenario levantado para construir la memoria, la paz y la reconciliación,  clamo a las dirigencias de las partes, tomar en consideración el valor que supone la decisión unilateral de las dos organizaciones insurgentes de FARC-EP y ELN, para invitarlos a la creación de un estado de tregua permanente, hasta que se firmen los acuerdos de armisticio final, lo cual se puede lograr con una acción recíproca y equivalente por parte de las fuerzas Militares del Estado.
Es decir, si el Estado responde con reciprocidad a la tregua formulada unilateralmente por las guerrillas, se habrá configurado una tregua bilateral de facto, solo se requiere la voluntad de no matar, que equivale a procurar un alivio a la sociedad entera, a estimular la esperanza en la paz venidera, a generar la confianza que necesitan las partes para los acuerdos que después serán refrendados, mediante el mecanismo que pacten,  a hacer que los últimos muertos en la guerra, fueron los que cayeron ayer.
Pero debo ser realista, no me hago ilusiones y me temo, que tras el final de los comicios electorales, volverán los bombardeos y los combates, las voladuras y las emboscadas, los muertos y los heridos, y así tiempo después, con el cuerpo enardecido y la mirada enfebrecida por el fragor del combate, las partes firmarán la paz y sobrevendrá  el día después, ese que llamamos pomposamente el posconflicto armado, que no es otro que la apertura a los tiempos de reconstruir, recomponer, reconciliar, reparar, reconocer, resocializar, reinsertar, rehabilitar, aunque no faltará quien crea que se debe iniciar todo desde ceros, como si se tratara de la creación misma, como también habrá quien crea que nada hay que cambiar, que todo lo hecho está bien.
Es frecuente encontrar recomendaciones de expertos, acerca de qué tipo de gobierno debe manejar el posconflicto, y la mayoría coincide en recomendar un gobierno fuerte, como recientemente lo hiciera el académico  Michel Wieviorka, discípulo de Alain Touraine, en su paso reciente por Colombia, recomendación que por lo general es interpretada de manera errónea, sentando las bases de la fortaleza en las Fuerzas Armadas de los Estados; lo cual termina siendo la proyección del estado de guerra, la extensión del autoritarismo castrense a los nuevos tiempos de paz. Pero muy por encima de tal extremo, tan viril y lleno de testosterona, suficiente como para iniciar otra guerra, está la tarea de curar, cuidar, cultivar, construir, convocar, contener, convencer, concertar, convidar, culturizar; actividades todas de sumo cuidado, de gran temple y determinación, que solo con la mano y sentido de mujer es posible realizar, porque es la mujer quien durante la guerra ha permanecido en casa, la ha mantenido y conservado, ha criado a los hijos y educado, ha mantenido vivo el recuerdo del hijo, esposo o padre ausente por la guerra, ha sufrido las consecuencias de la ausencia y de la guerra misma, así lo gritan las cifras que cuentan que el 65% de las víctimas son mujeres y es ahora quien al final de todo va cuidar las heridas del guerrero que regresa, va a surcir sus calcetines, va a saciar la sed y hambre de alimentos y de amor, pero también va poner el orden en la casa, sin titubeos y decisión.
Es la mujer, la que en la casa Colombia, nuestra casa, podrá alzar la voz para pronunciar aquellas frases cotidianas en la vida de los hogares: “no más calle, es hora de pintar las paredes, tapar las goteras de los techos, de reforzar los cimientos, es hora de dedicar tiempo a los hijos, es hora de dedicar tiempo para mí y para ti mismo, es hora de reemprender una nueva vida, sin las angustias, zozobras y el dolor del pasado, es la hora de vivir en paz”.
Por ello, y tan categórico como he titulado este libro que hoy comparto con todos ustedes, digo: el posconflicto tiene nombre de mujer.
Gracias
Carlos Arturo Velandia Jagua

Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, 20 de mayo de 2014

viernes, 16 de mayo de 2014

DIÁLOGOS DE PAZ: APROXIMACIÓN A LAS NEGOCIACIONES

http://www.unab.edu.co/portal/page/portal/UNAB/Actualidad-UNAB/Desarrollo?codigonoticia=91&envia=FCAR
Mayo 16 de 2014
Seminario 
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Diálogos de paz: aproximación a las negociaciones
El Programa de Comunicación Social organiza e invita al Seminario "Diálogos de paz: aproximación a las negociaciones" que se llevará a cabo el lunes 19 de mayo de 2014 en el Auditorio 'Jesús Alberto Rey Mariño' de la Universidad Autónoma de Bucaramanga a partir de las 8 de la mañana.
El evento contará con la participación de Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz; Ricardo Vargas,  profesor de la U. Nacional y miembro del Transnational Institute-TNI; Henry Rivera Leal, miembro del Centro Internacional de Justicia Transicional-ICTJ, y Carlos Velandia, investigador y consultor sobre paz y conflictos.
El seminario, que tendrá un módulo con las ponencias de cada invitado, cerrará con un debate que moderará el jefe de redacción del Periódico 15 y docente del Programa de Comunicación Social, Pastor Virviescas Gómez.
La importancia del tema y la poca participación de las regiones en las discusiones que sobre los diálogos de paz que se hacen desde los medios y la academia, justifican la realización de este evento que aportará enfoques políticos, sociales, históricos y jurídicos sobre el conflicto armado y las negociaciones que pretenden finalizarlo.
  • Fecha: Lunes 19 de mayo
  • Hora: 8 a.m.
  • Lugar: Auditorio 'Jesús Alberto Rey Mariño'
  • Entrada libre

martes, 13 de mayo de 2014

CONFLICTOS Y PROCESOS DE PAZ CONTEMPORÁNEOS - VICENÇ FISAS

Conflictos y procesos de paz contemporáneos.

Lunes, 12 de Mayo de 2014 09:39

Vicenç Fisas
Director de la Escola de Cultura de Pau, Universitat Autònoma de Barcelona.

El siglo XX fue, sin lugar a dudas, el más letal de la historia de la humanidad. 110 millones de personas perecieron en los conflictos armados de dicho siglo, con dos guerras mundiales que regaron de muerte a todo el planeta (16 millones de muertos en la primera y 36 en la segunda), y un largo período de guerra fría que significó la exportación de la muerte a los países del sur, a la periferia, en lo que se ha venido a llamar “guerras por delegación” donde las grandes potencias dirimían sus luchas de intereses a través de terceros países (Angola, Mozambique, Afganistán, etc.). La década de los años ochenta fue una época de “inseguridad controlada”, con guerras de baja intensidad, profusión de guerrillas y predominancia de los factores externos en el desarrollo de los conflictos. La década posterior, la de los noventa, fue en cambio de un “desorden generalizado”, con un afloramiento de los conflictos étnicos, el debilitamiento de los Estados y el predominio de las guerras civiles. Las guerras entre Estados, típicas del pasado, habían prácticamente desaparecido.

Sin contar las dos guerras mundiales, los conflictos más mortíferos del siglo pasado fueron la guerra de Corea (2’9 millones de muertos), el genocidio de Camboya (2 millones), la guerra civil de Nigeria (2 millones), la guerra del Vietnam (2 millones), la guerra civil del sur del Sudán (2 millones), la invasión india a Bangladesh (1’5 millones), la guerra civil de Rusia (1’3 millones), la guerra civil española (1’2 millones), el genocidio armenio (1 millón), las luchas entre musulmanes e hindúes en la India (800.000), el genocidio de Ruanda (600.000), la guerra entre Etiopía y Eritrea (545.000) y la guerra Irán-Iraq (400.000). Otros conflictos provocaron más de 100.000 muertos. Un balance, en suma, catastrófico en cuanto a capacidad de los seres humanos de regular sus disputas a través de medios pacíficos.

¿Seguiremos durante el siglo XXI la senda destructiva del siglo anterior o, por el contrario, hay motivos para pensar que hemos entrado en un nuevo ciclo en cuanto a conflictividad se refiere? Todo apunta, por fortuna, que la experiencia letal del siglo XX no necesariamente tiene que repetirse. Los datos del Programa de Conflictos de la universidad de Uppsala señalan que hemos pasado de tener unos 20 conflictos armados al terminar la Segunda Guerra Mundial a 52 en 1992, año a partir del cual empieza un descenso hasta llegar a 32 conflictos armados, tanto en el 2002 como en 2012. En los últimos años, con la notable excepción de Siria, que en tres años ya ha acumulado 150.000 víctimas mortales, no ha existido ningún conflicto armado que hubiera provocado más de 10.000 víctimas mortales en un año, aunque la guerra de Iraq acumulaba más de 100.000 muertos civiles desde su inicio en el 2003. Compárese esta cifra anual con las mencionadas anteriormente del siglo pasado y podrá advertirse el cambio de paradigma en cuanto a conflictividad se refiere. No estamos todavía ante la desaparición de las guerras, por supuesto, pero este fenómeno social es cada vez menos frecuente y menos letal.

Frente a estos datos polemológicos, ¿cómo estamos en cuanto a esfuerzos y logros en conseguir la resolución pacífica de los conflictos? Según los datos de la Escuela de Cultura de Paz, al finalizar 2013 existían 50 negociaciones abiertas con grupos armados, o en contextos en los que en el pasado hubo enfrentamientos armados y no se ha solucionado la controversia. 14 de estas negociaciones iban bien y sólo 5 iban mal.

En los años 60, el 80% de las guerras civiles terminaban con la victoria militar de una de las partes. En los 90, este porcentaje se había reducido al 23%, y hoy día es del 10%. Estamos, por tanto, ante una nueva realidad. Todavía vivimos en un mundo conflictivo, pero son de otro tipo que los de hace tres o cuatro décadas, se han reducido y siguen pautas diferentes.

Según la base de datos del programa de conflictos de la Escola de Cultura de Pau, en el año 2013 existieron 35 conflictos armados, y 32 al finalizar el año. Todos los conflictos, a excepción de la disputa entre Israel y Palestina, fueron internos o internos internacionalizados. Algunos de los factores vinculados con la internacionalización de conflictos internos son, entre otros, la intervención de terceros países, la denominada lucha global contra el terrorismo (probablemente el tipo de conflicto más difícil de gestionar), la participación significativa de combatientes extranjeros en determinados conflictos, la creciente entrada en combate por parte de operaciones de mantenimiento de la paz o la utilización del territorio de países vecinos por parte de grupos armados de oposición.

En cuanto a las causas de los conflictos, cabe destacar que casi dos terceras partes de los mismos están vinculados a demandas de autogobierno y a cuestiones identitarias. Este tipo de conflictos fue especialmente relevante en Asia y en Europa. Por otra parte, también en dos tercios de los conflictos armados la incompatibilidad principal está vinculada a la oposición a un determinado Gobierno o al sistema político, económico, social o ideológico de un Estado.

Mediáticamente, parecería que sólo existieran cuatro conflictos armados, los de Israel-Palestina (el de mayor carga simbólica), los dos derivados de una intervención internacional (Iraq y Afganistán, y el de la multiplicación de actores contra el régimen establecido (Síria). En todos ellos, la principal víctima es la sociedad civil, tanto por las muertes como por el elevado número de población desplazada o refugiada (más de 50 millones de personas en estos momentos).

La casi totalidad de los conflictos armados actuales son intraestatales, esto es, que se producen en el interior de un país. Las guerras entre Estados han prácticamente desaparecido. Los conflictos del siglo XXI son internos, guerras civiles a veces, limitados a determinadas zonas de un país en otras ocasiones, con lo que ello supone de dificultad para percibir cabalmente la dimensión del conflicto cuando hay zonas que no se ven afectadas por el mismo (la capital, por ejemplo).

Si en las guerras del pasado eran los ejércitos nacionales los que se enfrentaban entre sí, en los conflictos contemporáneos las fuerzas armas han de luchar contra guerrillas, milicias, mafias o al-Qaeda, que son los nuevos actores del siglo XXI. El que hayan desparecido las guerras regulares entre ejércitos supone también la desaparición de los viejos códigos de conducta en las guerras. En los conflictos contemporáneos no hay apenas normas, se desprecia el derecho internacional y el Derecho Internacional Humanitario, y todo vale: mutilación de civiles, violaciones masivas de mujeres, uso de aviones no tripulados, ejecución de prisioneros, saqueo de aldeas, utilización de minas antipersonal y, en suma, todo lo que provoque terror en la población civil, que es la principal víctima. Esta deshumanización de los conflictos va acompaña del saqueo de los recursos naturales de regiones ricas en materias primas y minerales estratégicos, que sirven para alimentar la guerra al ser el sustento de los grupos armados y el mecanismo por el cual intercambian riquezas naturales por armas, en un círculo infernal en el que intervienen empresas transnacionales que se benefician del descontrol sobre esas regiones y de la ausencia de un Estado regulador. Desgraciadamente, muchos países en conflictos son ricos en materias primas, y precisamente por ello están en conflicto, en una maldición en la que, repito, la población civil es la principal víctima. El terrorismo, además, no puede resolverse con medios militares clásicos, sino mediante estrategias policiales y de inteligencia.

Es un hecho constatable que muchos conflictos en los que existen procesos de paz sufren un estancamiento en las negociaciones. Pasan los años y el conflicto mantiene las mismas características, sin que los mecanismos de diálogo fructifiquen. Este estancamiento es más evidente en aquellos conflictos en los que se ha logrado un alto al fuego y que, por tanto, no hay violencias o enfrentamientos significativos, lo que lleva a plantearse la cuestión de si es precisamente la falta de violencia, con su consiguiente pérdida de actualidad mediática, la razón o una de las razones principales de tal estancamiento.

Decía antes que el siglo XXI es el siglo en el que parece consolidarse la cultura de la negociación, y donde los procesos de paz están llamados a ser los protagonistas en el mundo de la conflictividad. De los 108 conflictos armados de los últimos 30 años que hemos analizado en la Escuela de Cultura de Paz, un 40% han terminado con un acuerdo de paz, un 10% por victoria militar y un 43% todavía no están resueltos, es decir, que siguen activos. Pero si miramos las tendencias que nos muestran las estadísticas, resulta razonable pensar que la mayoría de ellos terminarán, un día u otro, a través de una negociación.

La etapa central de un proceso de paz es el de la negociación, que puede durar muchos años y normalmente se realiza por etapas o rondas. En las últimas décadas hemos recopilado mucha información sobre las negociaciones y los procesos de paz. Así, por ejemplo, los momentos más frecuentes de crisis en las negociaciones son motivados por divisiones internas en los grupos armados, rechazo de la instancia mediadora o del formato mediador, parcialidad del mediador, inseguridad en el país, ruptura del alto al fuego, retraso en la implementación de los programas de desarme y reintegración, detención de líderes negociadores de la oposición armada, no liberación de líderes negociadores, diferencias sobre puntos de la agenda y existencia de las listas terroristas. La superación de los conflictos pasa, pues, por sortear ese tipo de dificultades habituales.

Uno de los cambios culturales que puede florecer en las décadas venideras puede ser el de la decadencia de los conflictos armados. La guerra, como institución social creada por el ser humano, ha perdido ya cualquier legitimidad como método de resolución de conflictos, y es percibida cada vez más como un instrumento caduco y propio del pasado. Las estadísticas, además, confirman esta afirmación, al señalar que los conflictos armados del presente son muchos menos que los de hace una o dos décadas, aunque hay un incremento de actos terroristas. Y jamás como en la época actual hemos dispuesto de tanta información preventiva para actuar con los instrumentos de la diplomacia en los momentos de tensión, cuando todavía es posible alterar el curso destructor de una espiral conflictiva.

Estamos, probablemente, en una época de tránsito hacia un nuevo mundo en lo que a conflictos se refiere. Un indicador de este tránsito lo constituye el dato de que los conflictos finalizados en los últimos treinta años (54), el 80% lo han sido mediante un acuerdo de paz y un 20% con victoria militar, lo que reafirma la vía de la negociación como medio de resolución de los conflictos armados. Debemos afrontar, sin embargo, un nuevo reto: el aumento de los homicidios en determinadas zonas del planeta, que constituyen el 90% de las muertes por violencia. Añádase los millones de víctimas anuales debido a la violencia estructural. Así, la cultura de la paz continua siendo un desafío para los próximos decenios, puesto que habrá que vencer la cultura de las violencias, tan enraizadas en nuestras sociedades y estructuras.




sábado, 10 de mayo de 2014

PRESENTACIÓN DEL LIBRO BABADUHOS

Con mi hermano, el profesor Cesar Augusto Velandia Jagua, en la Feria Internacional Del Libro de Bogotá - FILBO14, durante la presentación de su libro - investigación antropológica BABADUHOS, nombre extraño recuperado para la historia de la Antropología colombiana, desde épocas prehispánicas.