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domingo, 11 de junio de 2017

¿HABRÁ PAZ CON EL ELN?

Nubia Rojas
¿Habrá paz con el ELN?

Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Foto: Vanguardia Liberal
Juan Manuel Santos se trazó la ambiciosa meta de ser el presidente que pasaría a la historia por finalizar, por la vía de la negociación política, el conflicto armado de más de 50 años entre el Estado y las guerrillas más antiguas del mundo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El esfuerzo, en el que fracasaron varios de sus antecesores, le ha valido un gran apoyo de la comunidad internacional, que le otorgó el Premio Nobel de la Paz en diciembre de 2016, pero también -y paradójicamente- le ha granjeado una enorme impopularidad en su país, donde las guerrillas provocan mucha animadversión. Sectores conservadores han capitalizado políticamente ese rechazo social, promocionando una interpretación de los acercamientos de paz como un sometimiento del Estado a la voluntad de los grupos insurgentes.
Santos, perteneciente a una familia muy influyente en la política colombiana, ha demostrado ser inmune a la impopularidad. Sin embargo, pocos momentos han sido más críticos que el actual para la continuidad de su ambicioso proyecto de pacificación del país, base de su capital político. Al desánimo que flota en el ambiente desde el resultado del plebiscito del 2 de octubre de 2016, se suma que la implementación del acuerdo de paz con las FARC, que fue firmado a finales de noviembre, enfrenta graves obstáculos: el lunes 5 de junio en la mañana los diarios registraban que el máximo comandante guerrillero, Rodrigo Londoño alias “Timochenko”, se quejaba del “reiterado incumplimiento por parte del Gobierno” tras algunos incidentes presentados durante el fin de semana: la incursión de un grupo de militares en una zona de concentración de guerrilleros en el departamento del Guaviare y el sobrevuelo de un helicóptero en otra. También ha hecho ruido que los campamentos en los que se concentran cerca de 6 mil guerrilleros desmovilizados con la veeduría de un mecanismo tripartito conformado por el Gobierno, la ONU y las propias FARC no se encuentran completamente listos, como consecuencia de problemas logísticos. Por eso, el mecanismo anunció el 29 de mayo, a través del Presidente, que había decidido prolongar por 20 días más la entrega total de las armas del grupo guerrillero, prevista inicialmente para el 1 de junio, y prorrogar por 60 días más, hasta el 1 de agosto, la vigencia de las zonas de concentración.

Por otro lado, grupos armados como el ELN, neoparamilitares de extrema derecha y miembros de la guerrilla marginal del Ejército Popular de Liberación (EPL), han empezado a copar el vacío de poder en las zonas antes ocupadas por las FARC y constituyen una grave amenaza para la población civil: 35 líderes sociales han sido asesinados desde el inicio de la implementación del acuerdo de paz y, aunque el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas ha dicho públicamente que no hay sistematicidad en esos asesinatos, la evidencia demuestra lo contrario. Los muertos son defensores de los derechos de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, han denunciado públicamente la presencia de grupos armados, y se han mostrado críticos con su accionar delincuencial. También ha sido alarmante el asesinato de cinco familiares de exguerrilleros de las FARC en los departamentos de Antioquia y Chocó y el de un miliciano de esa guerrilla en el departamento del Cauca, a finales de abril.

Los obstáculos también han sido jurídicos: a finales de mayo, la Corte Constitucional decidió  permitir que los miembros del parlamento propongan cambios, sin el aval del Gobierno, a los proyectos de ley o reformas constitucionales propuestos para acelerar la implementación de los acuerdos. La decisión fue tomada luego de una demanda presentada por el partido político derechista Centro Democrático, fundado y dirigido por el senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez, opositor acérrimo al proceso de paz, y fue calificada por Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno y virtual candidato a las presidenciales de mayo de 2018, como un “duro golpe” al proceso.

La búsqueda de la “paz completa”

El ELN tiene una forma de organización que, si bien es liderada por el Comando Central como máxima instancia, es descentralizada y federativa, con cierta autonomía de cada uno de los frentes, que se encuentran repartidos en diferentes regiones del país. Foto: El Espectador
Desde el principio, Santos dijo que la paz en Colombia solo sería completa si el ELN mostraba también su voluntad de sentarse con el Gobierno a negociar su fin como grupo armado. Luego de dos años y dos meses de diálogos exploratorios (de enero de 2014 a marzo de 2016) en Ecuador, Brasil y Venezuela, el 10 de octubre de 2016 las partes anunciaron en Caracas el inicio de la fase pública de negociaciones, que se instaló en Quito dos semanas después, el 27 de octubre, y revelaron el contenido de la agenda de diálogo.

Las FARC y el ELN comparten a 1964 como año de fundación, pero tienen orígenes y motivaciones distintos. Mientras las FARC son una guerrilla de inspiración comunista, surgida de la lucha campesina por la reforma agraria, el ELN se abanderó de las reivindicaciones del sindicalismo petrolero, tiene una profunda inspiración cristiana (bebió ideológicamente de la fuente de la Teología de la Liberación y tuvo entre sus figuras más importantes a dos curas españoles, Manuel Pérez y Domingo Laín) y su base primaria son las organizaciones sociales y el movimiento estudiantil. La lucha armada fue concebida por ambos grupos como una vía de llegar al poder y derrotar al Estado, utilizando métodos como secuestros, tomas de ciudades y pueblos y acciones terroristas como demostraciones de fuerza, con graves consecuencias para la población civil. En el caso específico del ELN, la voladura de oleoductos de petróleo ha sido un rasgo identitario con el que ha pretendido diezmar una de las principales fuentes económicas del país, a la vez que manifestar su desacuerdo con la política económica nacional.

A diferencia de las FARC, que mantienen una estructura jerárquica piramidal, el ELN tiene una forma de organización que, si bien es liderada por el Comando Central como máxima instancia, es descentralizada y federativa, con cierta autonomía de cada uno de los frentes, que se encuentran repartidos en diferentes regiones del país. Esa estructura fue adoptada por el grupo guerrillero como alternativa al caudillismo de su primera época. Mientras un rasgo de las FARC es su pragmatismo, muy ligado a su origen campesino, el ELN es una guerrilla dogmática: se dice de ella que “enreda hasta un aplauso”, según ha citado Víctor de Currea Lugo, uno de los investigadores que más la conoce. La lentitud con la que toma decisiones está relacionada con la búsqueda de consenso al interior de una estructura compleja, mientras, en el caso de las FARC, se debe a la falta de prisa propia de los entornos rurales.
El ELN se autodefine como un movimiento social armado que privilegia lo político por encima de lo militar. Fuentes oficiales estiman que, actualmente, está compuesto por unos dos mil hombres en armas desplegados en cerca de 100 municipios en todo el país. Según el analista Luis Eduardo Celis, amplio conocedor de ese grupo guerrillero, el ELN se vio fuertemente debilitado entre 1994 y 2002 y llegó a perder las dos terceras partes de su tamaño en esos ocho años. Ejerce una gran influencia en regiones como la del Sarare, en el departamento de Arauca, fronterizo con Venezuela, en la que funciona desde hace décadas como un aparato de poder organizado que controla el territorio, la política, la economía y la cotidianidad.
En municipios como Saravena, por ejemplo, el ELN ha penetrado en organizaciones sociales y de gobierno local e influye en decisiones sobre aspectos básicos de la vida de sus habitantes. También se ha constituido en una especie de poder, de autoridad “judicial”, que dirime conflictos, y ejerce mucho control social. Tiene, además, capacidad de movilizar y obtener apoyo de la población que, aunque es probable que no siempre la apoye por convicción, tampoco manifiesta públicamente su desacuerdo por compromiso, o por temor a represalias o a dejar de recibir los beneficios que pueda generarle la relación con la guerrilla, que no necesariamente actúa armada, sino de civil.
Desde el inicio de los años 90, Santos es el quinto presidente que intenta sentarse a dialogar con el ELN. El grupo guerrillero se mostró siempre reacio a conciliar con cualquier gobierno hasta las conversaciones en Caracas y Tlaxcala, en las que aceptó participar como miembro de la provisional agrupación insurgente conocida como la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Antes tuvieron acercamientos con los gobiernos de César Gaviria Trujillo, Ernesto Samper Pizano y Andrés Pastrana Arango. El último intento se remonta al año 2003, con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, con el que tampoco selló ningún acuerdo concreto.

El primer punto de la agenda de diálogo entre el ELN y el gobierno Santos es el de la “participación de la sociedad civil en la construcción de la paz”. Esa guerrilla ha optado por la defensa de lo que llama “poder popular” y, en ese sentido, ha reiterado que, sin esa participación social, no habrá proceso de negociación. En el pasado, proponía una Convención Nacional, que entiende como un modelo multilateral de negociación en el marco del cual se desarrolla un diálogo que, a su parecer, debe involucrar a todos los sectores de la sociedad colombiana por ser la principal afectada por el conflicto, y por medio del cual se busquen soluciones a los problemas nacionales que constituyen causas estructurales o factores clave en la confrontación.

A diferencia del acuerdo de paz suscrito entre el gobierno y las FARC, la agenda de diálogo con el ELN no contempla entre sus puntos el de la participación de ese grupo guerrillero como organización política. Mientras las FARC se preparan para el gran congreso interno que se llevará a cabo en el mes de agosto, en el marco del cual definirán su estrategia, identidad e ideario político de cara a las elecciones presidenciales de 2018 como primer experimento de participación democrática, el ELN se lo ha tomado con calma. Su máximo líder, Nicolás Rodríguez Bautista alias “Gabino”, el único de sus fundadores vivo, que ingresó al ELN siendo un niño de 14 años, dijo a principios de mayo que no estaba en los cálculos de esa guerrilla concretar una negociación de paz antes de los comicios del próximo mayo.

¿Avanzan las conversaciones de paz con el ELN?


Carlos Velandia, exdirigente del ELN y actual gestor de paz para los diálogos entre el gobierno y esa guerrilla, opina que la sensación de que no hay avances en el proceso es un asunto de percepción. Foto: Nubia Rojas
Los acercamientos de paz con el ELN no han sido tan mediáticos ni han despertado tanto interés como el proceso de negociación con las FARC, en parte, por la constante sensación de crisis, de que no hay avances y de que esa guerrilla no tiene verdadera voluntad de sentarse a negociar ni de detener la violencia. El ELN ha sido reticente a proscribir la práctica del secuestro y no ha querido revelar el número de retenidos que mantiene en su poder. También ha emprendido acciones terroristas, como la voladura de un oleoducto en el departamento de Santander, contaminando fuentes de agua para las comunidades de la zona en la que ocurrió el ataque. A mediados de febrero estalló un petardo de mediano poder en un céntrico barrio de Bogotá, cobrándose la vida de un policía, entre otros hechos.
La primera ronda de conversaciones, a principios de 2017, fue más un momento de reconocimiento entre las partes que un diálogo sobre temas concretos. En general, no se sabe mucho sobre los avances, tampoco de la segunda ronda iniciada a mediados de mayo, con lo que la sensación de estancamiento se ha visto acentuada.

Carlos Velandia ingresó en 1970 al ELN, adoptó el alias de “Felipe Torres”, y llegó a ser uno de sus dirigentes. Estuvo preso durante diez años (1994-2004) y, desde la cárcel, fue interlocutor de los gobiernos de Samper, Pastrana y Uribe para explorar las posibilidades de diálogo. Ahora, ya como civil y desvinculado de la guerrilla, fue nombrado por el presidente Santos como gestor de paz para facilitar el acercamiento entre su gobierno y el ELN. Según Velandia, el ELN tiene toda la voluntad de sentarse a negociar, pero el Gobierno optó por hacerlo en medio del conflicto, igual que lo hizo con las FARC, de modo que ambas partes continúan comportándose como siempre lo han hecho militarmente. Sin embargo, concede que es lógico que la sociedad colombiana espere gestos de la guerrilla que estén más acordes con su supuesta voluntad de paz.
Precisamente, sobre esa voluntad se pronunció el jefe de la delegación del Gobierno el 5 de junio a través de una carta enviada a Semana y El Espectador, en la que afirma “estar listo para estudiar un eventual cese al fuego bilateral con este grupo alzado en armas, siempre y cuando dicho cese al fuego, además de ser serio, creíble y verificable, esté acompañado de un cese simultáneo de hostilidades contra la población civil no combatiente, para dejar por fuera de la confrontación armada a los civiles y así concretar la voluntad de avanzar hacia la superación de la violencia”. Al respecto, ese mismo día el ELN publicó un artículo en cuyo título sugiere -aunque el resto del texto no desarrolla el tema ni parece tener relación con él- que esperaría que se declare un cese al fuego bilateral “para recibir al Papa”, que visitará al país a principios de septiembre. Sin embargo, urgen acciones concretas de desescalamiento, no solo para aliviar el impacto del conflicto, sino para avanzar en la mesa.

Velandia dice que la sensación de que el diálogo no fluye es un asunto de percepción, pues las partes, aunque a ritmos diferentes, sí han logrado ponerse de acuerdo. Asegura que mantienen una relación respetuosa, pero que “no puede esperarse que lo que las FARC lograron en años de negociación lo logre el ELN en apenas unos meses”. Sin embargo, considera que la guerrilla debe superar de una vez el discurso de que continúa en fase exploratoria, cuando en realidad ya está negociando la agenda. No cree que, al igual que las FARC, el ELN tenga la intención de convertirse en partido político si el proceso sale adelante, pues no reclama el poder para sí, sino para los movimientos sociales a los que dice representar. Tampoco cree que haya que alarmarse por las afirmaciones de alias “Gabino”, pues el líder guerrillero es realista cuando dice que no cree que se concrete un acuerdo de paz con Santos, debido a que solo le queda un año en el poder. El jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, había dicho recientemente que la aspiración del Presidente es dejar el proceso en un punto tan avanzado, que sea irreversible.

En la mañana del 6 de junio, las partes hicieron público un comunicado conjunto en el cual afirmaron haber acordado la creación de un equipo de pedagogía y comunicación para la paz; la conformación de un Grupo de Países de Apoyo, Acompañamiento y Cooperación para la Mesa de Conversaciones compuesto, inicialmente, por Alemania, Holanda, Italia, Suecia y Suiza, y el establecimiento de un fondo de financiación para administrar los apoyos económicos provenientes de la comunidad internacional.
La insistencia del ELN en la “participación más amplia de la sociedad” contribuye a la lentitud de los avances. Joe Broderick, australiano residente en Colombia desde hace casi 50 años, y que ha escrito varios libros sobre el ELN, es uno de los más críticos de la pretensión de esa guerrilla de involucrar a todos los colombianos en el diálogo y lo ve virtualmente imposible. Velandia no lo ve así, aunque afirma que es necesario que el ELN y el Gobierno pongan límites metodológicos y temáticos a la participación de la sociedad civil para escuchar a tantas voces como sea posible, pero evitando que la discusión se eternice y la negociación se haga inmanejable.
Las FARC, pese a su unidad de mando, han reconocido tener disidencias que se han negado a acogerse al acuerdo de paz y continúan enfrentándose militarmente con el Ejército. Broderick afirma que, a diferencia de ese grupo, donde los disidentes son minoría, el ELN está profundamente dividido internamente y que los delegados para la negociación en Quito no representan a la totalidad de esa guerrilla.  Esa división la han registrado también varios medios de comunicación, que han hablado del Frente de Guerra Oriental, comandado por Gustavo Giraldo alias “Pablito”, que se financia a través de la extorsión, el contrabando, entre otras actividades delictivas. “Pablito” goza de cierta independiencia de cara a la comandancia de esa guerrilla, gracias al poder económico que ha acumulado, y se ha mostrado reacio a negociar con el gobierno, pues arriesga su poder local. Velandia cree que puede haber divergencias de criterio al interior del ELN, al que califica de “organización única, nacional y democrática”, pero no cree que haya división. Su tesis es que lo que hace la guerrilla es reproducir en la mesa de diálogo su estructura federativa y autónoma.

Los máximos dirigentes de las dos guerrillas se reunieron recientemente en La Habana para intercambiar impresiones. Aunque no se conocen detalles de la reunión, analistas como Broderick y Luis Eduardo Celis sostienen que los “elenos” observan con cautela los avances en el proceso de paz con las FARC y que sus resistencias frente al diálogo tienen que ver con el temor de que el Estado colombiano incumpla con lo acordado, o que sean traicionados, asesinados o perseguidos, como ocurrió en el pasado con la Unión Patriótica, brazo político de las FARC que fue aniquilado, o como ha ocurrido recientemente con algunos desmovilizados. Velandia respalda esa opinión y cree que la cautela mostrada por el ELN se afianzó al ver que la seguridad jurídica del proceso de paz con las FARC se vio amenazada por la reciente decisión de la Corte Constitucional, que prácticamente da via libre a la modificación de los acuerdos por parte del Congreso.

El peor escenario posible


Según Velandia, el recrudecimiento del conflicto social en Venezuela podría afectar a la mesa de conversaciones entre el Gobierno y el ELN, si esa guerrilla considera que, más que negociar la paz, le beneficia la posibilidad de posicionarse en apoyo al régimen chavista como forma de mostrarse como un grupo vivo de resistencia armada. Foto: crhoy.com
El ELN ha hecho demostraciones de fuerza y de su capacidad destructiva como forma de ejercer presión y de probar que está vivo, que no está derrotado militarmente, que es un actor armado importante. En caso de que este quinto intento de negociar también fracase, es previsible que continúe usando el terrorismo para hacerse sentir y se mantenga en su voluntad de resistencia armada, aunque sepa que no tiene opciones de tomarse el poder por esa vía.
Hay un factor que no ha sido suficientemente considerado y que amenaza potencialmente la permanencia del ELN en la mesa de diálogo: según Velandia, si al grupo guerrillero no le resultan atractivas las ofertas que le haga el Gobierno en el marco de la negociación (a la que no se siente atado) y el conflicto en Venezuela continúa recrudeciéndose, el ELN podría verse atraído a apoyar al régimen chavista, dada su identidad con ese proyecto político de izquierdas y a la posición fronteriza de uno de sus frentes de guerra más importantes. El rédito que el grupo guerrillero podría obtener de esa actitud sería el poder consolidarse como último foco de resistencia armada revolucionaria en el continente latinoamericano. Adicionalmente, le permitiría demostrar que no es una guerrilla “de segunda clase”, como siente que ha sido tratada, y que no es menos importante que las FARC.
Colombia se debate entre el entusiasmo ante la posibilidad de ver finalizada la confrontación armada de medio siglo con las dos agrupaciones guerrilleras más grandes del país y más antiguas del mundo y el escepticismo, la desconfianza, la apatía y el temor. Aún falta ver si será posible construir “la paz completa”.

sábado, 27 de mayo de 2017

ARRANCA JUICIO CONTRA GESTORES DE PAZ DEL ELN - EL ESPECTADOR

SERÁ EN CALI, EL 6 DE JUNIO
Arranca juicio contra gestores de paz del Eln
25 May 2017 - 10:00 PM
José David Escobar Moreno/ @TheBoxToBox/ jescobar@elespectador.com
Los acusados son los exjefes del Eln “Felipe Torres” y “Francisco Galán”. Los hombres, señalados como responsables de un secuestro masivo en Cali en el año 2000, aseguran que se les violó el debido proceso y reiteran que cuando se cometió el crimen ya eran voceros de paz.

Gestores de paz Carlos Velandia, alias "Felipe Torres" y Gerardo Bermúdez, alias "Francisco Galán".Gustavo Torrijos y Luis Benavides.

El 20 de junio de 2016, cuando Carlos Arturo Velandia regresaba de España, fue recibido por tres agentes de Migración Colombia que le comunicaron que el Juzgado Segundo Especializado de Cali había ordenado su captura el 16 de abril de ese año, por los delitos de secuestro extorsivo agravado, homicidio culposo, hurto calificado y agravado. El exguerrillero del Eln, conocido como Felipe Torres, es investigado por su presunta participación en el secuestro de 64 personas (de las cuales murieron tres) en el kilómetro 18 de la vía que conecta a Cali con Buenaventura, el 17 de septiembre de 2000. Por estos hechos también son investigados los siete comandantes del Eln que pertenecen al Comando Central (Coce) de esa guerrilla.
Mientras los medios de comunicación registraban la detención de Carlos Velandia, Gerardo Antonio Bermúdez Sánchez –conocido como Francisco Galán dentro del Eln– se enteró por la misma vía de que en ese proceso también figuraba su nombre. Aunque en ese momento se tildó la detención de Velandia como una jugada política porque él era una pieza clave para destrabar la instalación de la mesa de diálogos de paz entre el Eln y el Gobierno, ahora la defensa de los exguerrilleros es otra. Eduardo Matyas, abogado de Francisco Galán, le contó a El Espectador que la Fiscalía y el juzgado encargado son los que actúan de manera irregular.
“Ellos fueron vinculados a la investigación el 14 de octubre de 2015. Velandia y Bermúdez cada tanto salen a los medios a hablar, hacen eventos en pro de la paz, pero ninguno jamás fue notificado de la apertura del proceso en su contra y tampoco para que hicieran descargos. Todo se hizo a escondidas. Las autoridades están en la obligación de agotar todas las vías para ubicar a las personas en cuestión. Esto es inconcebible”, aseguró el abogado. En julio pasado, Velandia y Bermúdez fueron asignados por el Gobierno como gestores de paz para avanzar en diálogos con esa guerrilla. A su vez, se suspendieron las órdenes de captura que pesaban en contra de los dos exguerrilleros bajo el compromiso de que siguieran atendiendo el llamado de las autoridades.
La Fiscalía señaló que, ante la falta de un domicilio de Velandia en Colombia, quien se exilió en España, fue vinculado al proceso como persona ausente, al igual que el resto del Comando Central del Eln. Sin embargo, nunca se refirió al caso de Francisco Galán, quien desde 2008 en la Casa de Paz en Medellín adelanta mecanismos para la resolución de conflictos y cuenta con un esquema de la Unidad Nacional de Protección. “Velandia y Bermúdez fueron capturados en diciembre de 1992 por secuestro, terrorismo y rebelión. Ellos cumplieron las tres cuartas partes de su pena y fueron liberados de manera provisional, pero tenían que ir ante un juez para reportarse cada tanto. Esto desmonta el argumento de la Fiscalía de que no pudieron notificarlos”, aseguró Matyas.
Otra presunta irregularidad tiene que ver con la expedición de la orden de captura en contra de Velandia. Él mismo le dijo a este diario que si la orden de captura fue emitida el 16 de abril de 2016, no entiende cómo pudo salir del país el 3 de junio de ese año. “Esta maniobra se hizo claramente para evitar que pudiéramos defendernos. Se quiso que se vencieran los tiempos para solicitar una nulidad del proceso. Esto es una violación al debido proceso”, señaló Velandia. En su momento, la Fiscalía aseguró que la entidad responsable de la detención de Velandia era Migración Colombia, que aseguró que cuando el exguerrillero salió del país, la orden de arresto aún no se hallaba en sus bases de datos.
Otra situación que Velandia reclama es en qué se basa la Fiscalía para vincularlos con el secuestro del kilómetro 18. “Para entonces estábamos presos en la cárcel de Itagüí y a nosotros solos nos permitían comunicarnos con el Coce para adelantar acciones humanitarias”, señaló Velandia. Esta versión en su momento fue corroborada por Jaime Bernal Cuéllar, quien era procurador general en esa época y estuvo al frente de la liberación de los secuestrados. “Esta persona estaba privada de la libertad y a ellos (los guerrilleros) les permitían el uso de comunicaciones exclusivamente para planear liberación de personas. Yo creo que es imposible que desde la cárcel estuviera planeando ese secuestro”, le dijo Bernal Cuéllar a El Espectador cuando se conoció la captura de Velandia.
La Fiscalía indicó que si bien Velandia estaba privado de la libertad desde 1993, por el contexto no era improbable que aun tras las rejas pudiera ejercer el mando, tal como ocurrió con varios jefes paramilitares. Velandia asegura que cuando militó en el Eln él comandaba el frente Compañero Tomás, que operaba en el nordeste antioqueño, el Bajo Cauca y el sur de Bolívar, sitios lejanos al lugar donde ocurrió el secuestro. Sin embargo, la Fiscalía está convencida de que, por ser un alto dirigente del Eln, Carlos Velandia debe responder por estos secuestros masivos, pues las órdenes de ejecutarlos salieron desde la cúpula a la que Velandia pertenecía como vocero nacional.

martes, 23 de mayo de 2017

PACTAR Y CUMPLIR ES LA CLAVE: CARLOS ARTURO VELANDIA


El pasado 6 de abril terminó, con un optimismo moderado, el primer ciclo de conversaciones entre las delegaciones del Gobierno de Juan Manuel Santos y del Ejército de Liberación Nacional, ELN, en Quito. Un período que se inició luego de superarse varios tropiezos. Sin embargo, en medio de las primeras conversaciones, se dieron atentados contra la población civil en Chocó, Arauca, Cauca y Bogotá y, reclamos del ELN por intentos de militarización de zonas urbanas como la de Micoahumado, en el Sur de Bolívar, detenciones y operativos en el corregimiento de Llorente, en Nariño y, el asesinato de líderes sociales. El Gobierno, por su parte, les atribuye responsabilidades y los conmina a dejar actos violentos, a la par que ordena a las Fuerzas Militares y a la Policía redoblar acciones contra sus estructuras.
Una es la realidad de la mesa negociadora en Ecuador y otra, muy distinta, en las regiones y territorios en Colombia. Ese es el eterno riesgo de negociar en medio del conflicto armado que hoy persiste, que no finaliza, aunque se tenga la idea de su fin tras la histórica firma conseguida con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Lo cierto es que el país vive otro momento, donde los acuerdos y el desarrollo de las conversaciones con el ELN, no tienen la trascendencia que debieran tener en la opinión pública, ya que la agenda mediática apenas los registra, pero sí hace eco de los atentados, de las declaraciones y tuits nada políticos del ELN, de los reclamos de Juan Camilo Restrepo, Jefe del equipo negociador del Gobierno, de los señalamientos del Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, del Vicepresidente Oscar Naranjo y del Presidente Santos, así como del eterno boicot del ex – presidente Uribe a todo proceso de paz que no encaje en sus exigencias y visiones de su mundo.

El más reciente desacuerdo tuvo que ver con el argumento del ELN sobre el uso del secuestro como ‘forma de financiación’, que terminó en una recriminación de las partes por los escasos avances en la participación de la sociedad civil en el proceso de diálogo. Situaciones como éstas dan argumentos a quienes no creen en los diálogos y dejan la sensación de que el proceso da dos pasos adelante y uno atrás, que la voluntad política de las partes tambalea y que la cohesión del ELN estaría en entredicho.
Lo cierto es que el segundo comunicado conjunto, suscrito por el Gobierno y el ELN, fue muy breve y estuvo compuesto de cuatro puntos escuetos donde anunciaron la elaboración de un marco de referencia común para tratar los aspectos relacionados con acciones y dinámicas humanitarias y el marco en el cual se desarrollará el programa piloto de desminado humanitario, como parte del segundo compromiso que se trabajará en la siguiente ronda, a partir del 3 de mayo, cuando se reiniciarán las conversaciones.
El acuerdo 3, que hace referencia a la participación de la sociedad para la construcción de la paz (Sub-punto F5), señala que ‘se seguirá discutiendo en el próximo ciclo’ y, finalmente, el punto 4 indica que se han puesto de acuerdo en los “términos de referencia con los que trabajará el Grupo de Países de Apoyo Acompañamiento y Cooperación al Proceso de Paz”. Estos anuncios, a diferencia del proceso culminado en La Habana, poco o nada le dicen a la opinión pública colombiana.
Mujeres Contando dialogó, posterior a la instalación de la mesa, con Carlos Velandia, gestor de paz y reconocido ex-jefe del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyo ‘nombre de guerra’ fue Felipe Torres y que estuvo presente durante diez años en negociaciones de paz, sobre su mirada a estos diálogos.

En nuevo gestor de paz analizó los tiempos de la mesa, la coyuntura actual en Colombia, la dinámica de las conversaciones, la necesidad de generar confianza y de entender la naturaleza de la organización, diferente a otras organizaciones guerrilleras. Manifestó, además, que el ELN entiende el enfoque de género como una problemática social que estará presente en los acuerdos y que los aprendizajes del reciente proceso con las FARC serán tenidos en cuenta. Cree, además, que los inconvenientes previos a la instalación de la mesa se dieron por “un mal trámite de la palabra”, fenómeno que -al parecer- se sigue presentando, esta vez a través del mal uso, por ambas partes.
Sobre los atentados y acciones de violencia guerrillera, argumenta que éstos se dan debido al marco de un diálogo de paz en medio de la confrontación militar, decisión que impuso el Gobierno; pero “no por ello se justifican, toda vez que sostener diálogos de paz debe llevar a las partes a tener un comportamiento de distensión, que ayude a su aproximación, que construya confianza mutua y credibilidad; y, lo más importante, que la sociedad mantenga su apoyo a los diálogos y vivo el interés por los mismos”.
Para Carlos Velandia los hechos ocurridos en las últimas semanas en Chocó, Arauca, Cauca y el atentado en la plaza de la Macarena en Bogotá, “desdicen de una voluntad de paz y constituyen una amenaza para la estabilidad de la Mesa de conversaciones”. El experimentado ex-jefe guerrillero considera que es urgente que las partes “realicen acciones concertadas de desescalamiento, que las aproxime al bilateral y definitivo cese del fuego y hostilidades, que al mismo tiempo fortalezcan el cese que ya existe con las FARC, lo cual es un gran alivio para toda la sociedad, la que a su vez verá con buenos ojos, el esfuerzo de las partes por consolidar el escenario de la paz completa”.
En las respuestas del actual gestor de paz, nombrado por el Presidente Santos, están algunas claves para comprender la dinámica de la mesa en Quito.
Mujeres Contando (MC): Después de tanto tropiezo, la mesa de Diálogos entre el Gobierno y el ELN se instaló en Quito, el pasado 7 de febrero. ¿Cómo interpreta este paso?

Carlos Velandia (CV): Yo empezaría por la palabra ‘tropiezo’. A lo largo de algo más de cuatro años de contactos en medio de trompicones, ambas partes lograron pactar una agenda y un acuerdo muy importante como es el de buscarle caminos de diálogo al conflicto armado que vive nuestro país. El 30 de marzo de 2016 conocimos la agenda, pero luego surgieron inconvenientes producto, a mi juicio, de un mal trámite de la palabra. Normalmente ocurre que, cuando no existe una confianza consolidada entre las partes, cualquier cosa que se diga puede ser usada en su contra o interpretada a favor propio, o de la contraparte. Afortunadamente, las partes cumplieron y empezaron a desarrollar sus actividades, a elaborar un reglamento de mesa y a resolver asuntos logísticos.
MC: La confianza es uno de los mayores obstáculos en un diálogo de esta naturaleza. El ELN siempre ha recriminado al Estado y al Gobierno por no cumplir y, por su parte, el Gobierno tiene reparos ante varias actuaciones del ELN. Pero el país real está en otro momento -que no se puede negar-, y se reconoce una voluntad política. ¿Cómo hacer para que la confianza se dé y los diálogos sean más transparentes y fluidos?
CV: Solo es posible construir confianza a través de dos cosas: pactar y cumplir, no hay más. Lo que se pacta, se cumple. Hay que pactar a la mayor brevedad unos resultados porque la sociedad colombiana y la comunidad internacional están expectantes. Sobre todo, porque la mesa tiene un diseño, en su agenda, donde va a haber mucho diálogo y poco acuerdo. Es decir, el despliegue de dialéctica, sobre todo en los cuatro primeros temas, va a ser tremendo (entre otras razones por la participación) y allí es poco lo que se va a pactar. Se va a hablar mucho a lo largo de un tiempo prolongado, que puede ser algo más de un año, y no va a haber sobre qué pactar y producir noticias interesantes para la sociedad. Pero, simultáneamente, junto con los temas de participación, se va a tratar el punto que tiene que ver con los mecanismos para crear un clima positivo y generar unas condiciones humanitarias. Por esta vía se pueden lograr, a muy corto plazo, acuerdos puntuales y se puede llegar a producir confianzas y resultados que la sociedad recibirá como un alivio. Con esto, además, se tiende a desescalar el conflicto y a llegar más rápido a un cese bilateral.

MC: Uno de los aspectos más importantes en este ejercicio de diálogo es el hecho de que cada una de las partes llega con un acumulado; por un lado, el ELN ha intentado en siete momentos sentarse a negociar, con diversos gobiernos a lo largo de varias décadas, y el Gobierno de Juan Manuel Santos logró un acuerdo con las FARC, que está en un proceso de implementación. ¿Qué tanto estos aprendizajes se están poniendo en esta mesa?
CV: Me alegra que menciones esto de los acumulados, porque tienen que ver con la experiencia. Esos siete intentos le permitieron al ELN conocer más al Estado, la realidad y la situación del país. También le permitió conocer a la sociedad. Porque una cosa es conocer a la sociedad desde una postura de beligerancia, desde una postura de confrontación política, social y armada, y otra en medio de un proceso en donde la sociedad participa en la solución política del conflicto. Hoy tiene unas maneras más amplias de relacionarse con la sociedad, incluidos segmentos con los que habitualmente no conversaba, tiene líneas de llegada porque tiene propuestas para ello. En segundo lugar, tiene cuadros también experimentados y en diálogo. Por el lado del Gobierno hay también mucha experiencia acumulada, capacidad de negociación y capacidad de manejo de este tipo de escenarios, que no son fáciles. Lo digo con conocimiento de causa, estuve 10 años consecutivos en negociaciones con el Gobierno.
El Gobierno por su lado llega con resultados; como ‘las paces’ de los años 90. Un acumulado en el que obtuvo, a costos muy bajos, la desmovilización de siete organizaciones insurgentes. Con ello logró desarmar, aunque no resolvió los problemas del conflicto, pero sí trajo paz al país. Ahora tiene el proceso con las FARC, donde en una negociación cara a cara, logra resultados que terminan siendo satisfactorios para las partes. Aunque no es el verdadero sentido de la paz que buscamos los colombianos y que tampoco querían las FARC. Es decir, es un diseño de la paz posible, pero no de la paz que se quiere. El Gobierno hubiera querido sacar una paz muy barata, quizás al precio de los años 90, y las FARC una paz con mayores resultados, pero no fue posible. Es decir, se logra un acuerdo político en el que ambas partes se encuentran imperfectamente satisfechas. Es un oxímoron: “Inconformemente satisfechas”. No están completamente conformes, pero lograron superar el escollo mayor: salir de la trampa de la guerra.
Esos resultados son muy valiosos para el proceso con el ELN, sobre todo porque hay soluciones y hay aspectos que son comunes para ambas organizaciones y es el que tiene que ver con el manejo del capítulo de las víctimas, donde a través de examinar el fenómeno de la justicia, reparación, no repetición y verdad, se hace una aproximación a una solución que en La Habana lo resolvieron a través de un sistema  complejo, donde se entremezclan la relación que desempeñará una comisión histórica de la verdad, con actividades que se desarrollan a partir de una jurisdicción especial para la paz, en el marco de una justicia transicional que va a funcionar para unos y otros, de las distintas partes del conflicto.
El ELN y el Gobierno pactaron que buscarán sincronía y complementariedad con los resultados de La Habana. Ya dan por hecho que parte de estos acuerdos pueden ser útiles para la solución con el ELN. (Al final del 1er ciclo estuvieron en Quito Pastor Alape y Carlos Lozada de las FARC.)

MC: Usted conoce muy bien al ELN por dentro, es más usted se ha declarado ‘eleno’ antes y después de haber salido de sus filas; por lo tanto, cree que el ELN está dispuesto y claramente comprometido con esta salida negociada. Le pregunto esto, porque hay en algunos sectores del Gobierno y de la sociedad la idea de que el ELN es complicado y que es difícil sentarse a negociar con él. Y ese discurso circula también mediáticamente.
CV: Discrepo, me aparto y me pongo a kilómetros de esa noción que se ha venido constituyendo como una especie de mito alrededor del ELN. Se dice: “el ELN es complicado, el ELN es difícil, al ELN no lo entiende nadie, al ELN hay que decodificarlo, el ELN habla de manera críptica y se necesitan encriptólogos para saber lo que está pensando”.
El ELN es una singularidad, pero se le ha querido medir como se les ha medido a todas las organizaciones guerrilleras, que son organizaciones de tipo cupular, tendientes a ejércitos. El ELN es una organización política en armas, y eso es lo que cuesta trabajo entender y comprender. Es una organización política que se rige por principios marxistas de organización leninista, como son los principios organizativos, entre ellos quizás uno de los más destacados es el centralismo democrático; allí la organización se hace bastante horizontal. Ésta es una singularidad que no necesariamente tiene que verse como una dificultad, quizás hay que verla como una virtud, yo la veo como una gran ventaja. Ahora, esto hace más dificultosos los procesos de concertación y de decisión, porque hay que tramitar las decisiones, ir y llevarlas a las bases, porque las bases también cuentan. La cuestión es cómo se crean los mecanismos para dialogar de manera eficaz con una organización que es así. No se puede pretender cambiar al ELN, ni que el ELN se convierta en una cosa que no es, que no corresponde con su naturaleza.
MC: ¿El Gobierno y sus negociadores conocen esa singularidad suficientemente, para evitar contratiempos en la mesa?
CV: No, no la conocen y ésta es una dificultad. Del lado del Gobierno ha habido una serie de personajes que han estado relacionados en procesos de diálogo con el ELN, pero no tienen continuidad, cada gobierno va cambiando sus personas. A duras penas recuperaron a un personaje que sí conoce al ELN; se trata de José Noe Ríos. Es quizás el negociador más experimentado que tiene el Gobierno. La delegación en su conjunto se mueve en el mito de ‘la dificultad del ELN’. No logran entenderlo, pero tampoco es que se esfuercen mucho.
En esta singularidad el ELN tomó unas decisiones mayoritariamente y ejerciendo el centralismo democrático, en el V Congreso, (Enero 7 de 2015) en donde se dijo: “Sí vamos a un proceso de diálogo, en el que eventualmente haremos dejación del uso de las armas”; eso dicen textualmente las conclusiones del Congreso. Obviamente hay partes minoritarias que no estaban de acuerdo con esa decisión pero que la acatan y se someten. Sin embargo, en el desarrollo de la política interna, se filtró abiertamente que algunas estructuras están en disenso, que no comparten el estar en la mesa, como el frente de guerra oriental y noroccidental y los del departamento del Chocó. Hay otras estructuras más pequeñas, minoritarias, que votaron no. Pero las dos primeras son fuertes y llaman la atención por su beligerancia bélica. En cierta forma esto ha generado una distorsión en cuanto a ¿qué tan unido está el ELN para afrontar esta negociación?
Yo tengo que decir que el ELN está unido, está cohesionado, pero es una cohesión en la que unas estructuras pueden disentir, pueden no estar de acuerdo porque esa es la naturaleza de la democracia interna. Aun así, los comandantes que están en el departamento del Chocó han dicho “nos sometemos a las decisiones que mayoritariamente se tomen. Si el ELN llega finalmente a un acuerdo, ese acuerdo tendrá que ser consultado en el VI Congreso y lo que se defina en relación con los acuerdos acataremos. Nosotros no somos una rueda suelta, tenemos un punto de vista que es minoritario, pero tenemos derecho a decirlo”. Esa es la discrepancia, pero el ELN tiene decisión y voluntad, o no estaría en la mesa.

MC: Humberto de la Calle jugó un papel muy importante en los diálogos con las FARC, ahora Juan Camilo Retrepo tiene el mismo rol en esta mesa. ¿Cómo ve su papel?
CV: De Juan Camilo Restrepo tengo una opinión bastante favorable. Como funcionario público ha sido una persona pulcra, en el sentido que no ha estado metido en escándalos o situaciones que desdigan de su honestidad o su profesionalismo. Nadie puede decir que él es un corrupto. Como Ministro de Hacienda pudo hacer muchos negocios y no lo hizo. Es un tipo que proviniendo de las toldas conservadoras tiene un talante mucho más abierto, de avanzada, más moderno; es un tipo dialogal y con un diálogo sereno. Creo que compagina plenamente con Pablo Beltrán (del ELN). A mí se me parecen mucho, guardadas las proporciones y sin querer hacer comparaciones que puedan resultar odiosas. El talante de estas dos personas posibilita un trámite muy sereno a la mesa. No exento, obviamente, de discutir con pasión, con temperamento y defender puntos de vista de cada quien, pero en lo fundamental con serenidad, con cuidado y mucho respeto. Yo estoy muy contento con estos dos personajes. Ahora Juan Camilo es un poco el equivalente a lo que fue Humberto de la Calle para la mesa de La Habana. No es el político que tiene el mismo despliegue, pero sí tiene todo el respaldo y el reconocimiento de la clase política y dirigente del país, y de la sociedad. Yo creo que el ELN debe sentirse muy bien que le hayan puesto a un señor de este talante, de este nivel para tramitar el conflicto.
MC: ¿Los medios de comunicación le han dado el mismo interés y el mismo cubrimiento que se le dio a la mesa de diálogos de La Habana, a la de Quito?
CV: Esa pregunta es inquietante. En Colombia suceden tantas cosas graves y a una velocidad tal, que un tema se superpone a otro. Hoy el tema de la paz o del conflicto está en un séptimo lugar de interés de otras preocupaciones que mediáticamente se posicionan. Situaciones que angustian y ocupan la mente del ciudadano común. Una, lo que se gana no alcanza para vivir, segundo la reforma tributaria hace que tengas que pagar más impuestos, algo injusto porque los ricos pagan menos. La inseguridad, que no se sabe dónde está: si va para el trabajo en Transmilenio lo roban, si está en el barrio lo asaltan y si está en su casa, siente una desprotección total.
En cuarto lugar, el desempleo y la calidad del empleo, luego la corrupción del país y la situación de Estados Unidos y Trump que viene a poner todo ‘patas arriba’. Por lo tanto, en séptimo lugar está la paz. Hubo un momento en el que la paz estaba en primer lugar, pero pasó, y pasó en la medida en que no hay guerra porque no hay combates, heridos ni muertos, pero la guerra todavía existe. Hay una percepción de que la paz ya se logró porque vivimos una situación de no guerra tras la firma con las FARC y el proceso con el ELN ni le quita ni le pone, es algo como adicional. Somos realmente muy pocos los que nos ocupamos 24 horas del día, del proceso con el ELN. Esa es una realidad.

Mediaticamente cada vez más, y a medida que va avanzando la mesa, se va metiendo en sus cosas, de vez en cuando habrá una noticia, pero no será muy estremecedora. Finalmente, entramos en una coyuntura electoral que va a robarse la atención por el discurso de los partidos políticos en pugna por llegar al congreso o a la presidencia. Discursos que no van a ser muy ilustradores, es decir la visión del ciudadano no va a ser captada por las encuestas. El discurso perverso y seductor que despotrica del otro primará. Va a ser una guerra sucia y tremenda en el debate electoral. El país no va a saber al final por quién o qué tesis votar. Así ha sido en los últimos tiempos y no tengo argumentos para pensar que en esta ocasión va a ser diferente.
Me temo que el proceso con el ELN va a transitar en medio de una atmósfera que lo invisibiliza y no se va a sentir con la misma importancia que se vio con las FARC.
MC: ¿Cómo afectará la llegada de Trump?
CV: Creo que sí va a tener un impacto y de hecho ya lo está teniendo. El presidente Santos habló con el Presidente Trump, había una preocupación porque él ha venido planteando una política muy poco usual en la relación diplomática, sobre todo porque tiene un lenguaje confrontativo y conflictivo que viene a remover y a desacomodar muchas cosas que ha costado mucho trabajo construir a lo largo de los tiempos, como algunos pactos multilaterales.
En relación con Colombia pidió hacer una revisión del acuerdo entre el Gobierno y las FARC, pero más que hacer la revisión del acuerdo en sí, son los acuerdos que el Gobierno de los Estados Unidos en la época Obama hizo con el Estado colombiano para promover el acuerdo Gobierno-FARC, en el que el Gobierno de los Estados Unidos se obliga a hacer un proceso de reingeniería al Plan Colombia -que era un plan militar-, y a desarrollar el Plan Paz Colombia. Un plan de inversión y de soporte a los acuerdos logrados por un valor de 470 millones de dólares al año, durante diez años. El presidente Trump dijo: “Aquí vamos a tener que recortar porque vamos a invertir en la casa propia, eso de estar repartiendo la plata y comprando amigos eso no está bien”. Lo que quiere decir que va a recortar o reducir el Plan Paz Colombia y lo va a reducir de manera sustancial.
MC: Uno de los temas importantes para las mujeres y para la ciudadanía es la mirada que se va a tener sobre los temas de violencia, incluida la sexual, contra las mujeres víctimas de desplazamiento y de refugio por causas del conflicto armado. ¿Qué tanto está el ELN dispuesto a escuchar y, sobre todo, a responsabilizarse por sus víctimas?

CV: La presencia de mujeres en la Mesa y en la Delegación, dice mucho sobre el interés del ELN en tratar estos temas y los temas de género en general, porque tienen que ver con la construcción de justicia social y con una lucha que las mismas mujeres han desarrollado al interior de una estructura machista y patriarcal como son las guerrillas y los ejércitos, en Colombia y en el mundo. No ha sido fácil para ellas, pero creo que el ELN es quizás de las sociedades cerradas donde la mujer es más valorada, en lo que a mí respecta y en lo que conozco. Habiendo machismo, en donde menos se ve es en el ELN. Lo puedo decir con conocimiento de causa. Lo otro es que todos los temas del conflicto van a ser mirados desde una perspectiva crítica y transversal por las compañeras que van a estar allí, pero también por los mismos compañeros. Es decir, si no hubiese mujeres presentes en la Mesa, también habría una mirada de género. La mirada de género no es un problema sexual, es un problema eminentemente social. Los hombres también podemos tener una mirada con una perspectiva de género.
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Coincidimos en que los hombres también pueden tener un enfoque de género y, ojalá, en el ELN se aborden estos temas más allá de la valoración a las mujeres y su presencia pues asumir el enfoque de género implica un ejercicio de formación y de voluntad política interna. Esta conversación con Carlos Velandia también abordó el trabajo de su incorporación en el proceso de diálogos con las FARC y el papel de la Comisión de Género, conformada por mujeres insurgentes y representantes del Gobierno en La Habana, aspecto sobre el que manifestó la necesidad recoger esa experiencia, confiando en que las mujeres del ELN serán “decisivas e incisivas en la redacción de los Acuerdos, porque ellas se lo han ganado a pulso en medio de las dificultades, de la guerra y de una lucha política interna y democrática dentro del ELN”.
Sobre la violencia sexual, argumentó que “el ELN llega sin temas vedados a la Mesa y eso es extraordinario en la medida en que tiene toda la disponibilidad de tratar todos los temas, por difíciles que sean, pero también tiene una disponibilidad a responder por sus actos en los que esté incurso; lo que no va responder ni va a admitir es la calumnia o la falsa imputación. Admitirá todos los casos sobre la base de la bilateralidad. Es decir, aquí cuando se asuman los fenómenos de violencia sexual, muy seguramente el ELN responderá por sus actos, pero también llamará la atención sobre este fenómeno en la sociedad y sobre la ausencia de políticas públicas para prevenir e intervenir este fenómeno”.

Aunque la opinión pública en Colombia no esté hoy pendiente de los avances de la mesa de Diálogos con el ELN en Quito y los medios de comunicación no la tengan en sus agendas mediáticas como una prioridad lo que pasa en ella es determinante para lograr una paz completa, por lo tanto es indispensable que las partes logren superar lo que Carlos Velandia llama el “mal tramite de la palabra”, que avancen en la construcción de una confianza necesaria para llegar a los acuerdos que les permitirá también superar la llamada “la trampa de la guerra”, que por estos días es la que más resonancia tiene y la misma que se llevó tantas vidas y fracturó a muchas otras.
*Comunicadora Social y Periodista. Directora Mujeres Contando