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sábado, 27 de mayo de 2017

ARRANCA JUICIO CONTRA GESTORES DE PAZ DEL ELN - EL ESPECTADOR

SERÁ EN CALI, EL 6 DE JUNIO
Arranca juicio contra gestores de paz del Eln
25 May 2017 - 10:00 PM
José David Escobar Moreno/ @TheBoxToBox/ jescobar@elespectador.com
Los acusados son los exjefes del Eln “Felipe Torres” y “Francisco Galán”. Los hombres, señalados como responsables de un secuestro masivo en Cali en el año 2000, aseguran que se les violó el debido proceso y reiteran que cuando se cometió el crimen ya eran voceros de paz.

Gestores de paz Carlos Velandia, alias "Felipe Torres" y Gerardo Bermúdez, alias "Francisco Galán".Gustavo Torrijos y Luis Benavides.

El 20 de junio de 2016, cuando Carlos Arturo Velandia regresaba de España, fue recibido por tres agentes de Migración Colombia que le comunicaron que el Juzgado Segundo Especializado de Cali había ordenado su captura el 16 de abril de ese año, por los delitos de secuestro extorsivo agravado, homicidio culposo, hurto calificado y agravado. El exguerrillero del Eln, conocido como Felipe Torres, es investigado por su presunta participación en el secuestro de 64 personas (de las cuales murieron tres) en el kilómetro 18 de la vía que conecta a Cali con Buenaventura, el 17 de septiembre de 2000. Por estos hechos también son investigados los siete comandantes del Eln que pertenecen al Comando Central (Coce) de esa guerrilla.
Mientras los medios de comunicación registraban la detención de Carlos Velandia, Gerardo Antonio Bermúdez Sánchez –conocido como Francisco Galán dentro del Eln– se enteró por la misma vía de que en ese proceso también figuraba su nombre. Aunque en ese momento se tildó la detención de Velandia como una jugada política porque él era una pieza clave para destrabar la instalación de la mesa de diálogos de paz entre el Eln y el Gobierno, ahora la defensa de los exguerrilleros es otra. Eduardo Matyas, abogado de Francisco Galán, le contó a El Espectador que la Fiscalía y el juzgado encargado son los que actúan de manera irregular.
“Ellos fueron vinculados a la investigación el 14 de octubre de 2015. Velandia y Bermúdez cada tanto salen a los medios a hablar, hacen eventos en pro de la paz, pero ninguno jamás fue notificado de la apertura del proceso en su contra y tampoco para que hicieran descargos. Todo se hizo a escondidas. Las autoridades están en la obligación de agotar todas las vías para ubicar a las personas en cuestión. Esto es inconcebible”, aseguró el abogado. En julio pasado, Velandia y Bermúdez fueron asignados por el Gobierno como gestores de paz para avanzar en diálogos con esa guerrilla. A su vez, se suspendieron las órdenes de captura que pesaban en contra de los dos exguerrilleros bajo el compromiso de que siguieran atendiendo el llamado de las autoridades.
La Fiscalía señaló que, ante la falta de un domicilio de Velandia en Colombia, quien se exilió en España, fue vinculado al proceso como persona ausente, al igual que el resto del Comando Central del Eln. Sin embargo, nunca se refirió al caso de Francisco Galán, quien desde 2008 en la Casa de Paz en Medellín adelanta mecanismos para la resolución de conflictos y cuenta con un esquema de la Unidad Nacional de Protección. “Velandia y Bermúdez fueron capturados en diciembre de 1992 por secuestro, terrorismo y rebelión. Ellos cumplieron las tres cuartas partes de su pena y fueron liberados de manera provisional, pero tenían que ir ante un juez para reportarse cada tanto. Esto desmonta el argumento de la Fiscalía de que no pudieron notificarlos”, aseguró Matyas.
Otra presunta irregularidad tiene que ver con la expedición de la orden de captura en contra de Velandia. Él mismo le dijo a este diario que si la orden de captura fue emitida el 16 de abril de 2016, no entiende cómo pudo salir del país el 3 de junio de ese año. “Esta maniobra se hizo claramente para evitar que pudiéramos defendernos. Se quiso que se vencieran los tiempos para solicitar una nulidad del proceso. Esto es una violación al debido proceso”, señaló Velandia. En su momento, la Fiscalía aseguró que la entidad responsable de la detención de Velandia era Migración Colombia, que aseguró que cuando el exguerrillero salió del país, la orden de arresto aún no se hallaba en sus bases de datos.
Otra situación que Velandia reclama es en qué se basa la Fiscalía para vincularlos con el secuestro del kilómetro 18. “Para entonces estábamos presos en la cárcel de Itagüí y a nosotros solos nos permitían comunicarnos con el Coce para adelantar acciones humanitarias”, señaló Velandia. Esta versión en su momento fue corroborada por Jaime Bernal Cuéllar, quien era procurador general en esa época y estuvo al frente de la liberación de los secuestrados. “Esta persona estaba privada de la libertad y a ellos (los guerrilleros) les permitían el uso de comunicaciones exclusivamente para planear liberación de personas. Yo creo que es imposible que desde la cárcel estuviera planeando ese secuestro”, le dijo Bernal Cuéllar a El Espectador cuando se conoció la captura de Velandia.
La Fiscalía indicó que si bien Velandia estaba privado de la libertad desde 1993, por el contexto no era improbable que aun tras las rejas pudiera ejercer el mando, tal como ocurrió con varios jefes paramilitares. Velandia asegura que cuando militó en el Eln él comandaba el frente Compañero Tomás, que operaba en el nordeste antioqueño, el Bajo Cauca y el sur de Bolívar, sitios lejanos al lugar donde ocurrió el secuestro. Sin embargo, la Fiscalía está convencida de que, por ser un alto dirigente del Eln, Carlos Velandia debe responder por estos secuestros masivos, pues las órdenes de ejecutarlos salieron desde la cúpula a la que Velandia pertenecía como vocero nacional.

martes, 23 de mayo de 2017

PACTAR Y CUMPLIR ES LA CLAVE: CARLOS ARTURO VELANDIA


El pasado 6 de abril terminó, con un optimismo moderado, el primer ciclo de conversaciones entre las delegaciones del Gobierno de Juan Manuel Santos y del Ejército de Liberación Nacional, ELN, en Quito. Un período que se inició luego de superarse varios tropiezos. Sin embargo, en medio de las primeras conversaciones, se dieron atentados contra la población civil en Chocó, Arauca, Cauca y Bogotá y, reclamos del ELN por intentos de militarización de zonas urbanas como la de Micoahumado, en el Sur de Bolívar, detenciones y operativos en el corregimiento de Llorente, en Nariño y, el asesinato de líderes sociales. El Gobierno, por su parte, les atribuye responsabilidades y los conmina a dejar actos violentos, a la par que ordena a las Fuerzas Militares y a la Policía redoblar acciones contra sus estructuras.
Una es la realidad de la mesa negociadora en Ecuador y otra, muy distinta, en las regiones y territorios en Colombia. Ese es el eterno riesgo de negociar en medio del conflicto armado que hoy persiste, que no finaliza, aunque se tenga la idea de su fin tras la histórica firma conseguida con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Lo cierto es que el país vive otro momento, donde los acuerdos y el desarrollo de las conversaciones con el ELN, no tienen la trascendencia que debieran tener en la opinión pública, ya que la agenda mediática apenas los registra, pero sí hace eco de los atentados, de las declaraciones y tuits nada políticos del ELN, de los reclamos de Juan Camilo Restrepo, Jefe del equipo negociador del Gobierno, de los señalamientos del Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, del Vicepresidente Oscar Naranjo y del Presidente Santos, así como del eterno boicot del ex – presidente Uribe a todo proceso de paz que no encaje en sus exigencias y visiones de su mundo.

El más reciente desacuerdo tuvo que ver con el argumento del ELN sobre el uso del secuestro como ‘forma de financiación’, que terminó en una recriminación de las partes por los escasos avances en la participación de la sociedad civil en el proceso de diálogo. Situaciones como éstas dan argumentos a quienes no creen en los diálogos y dejan la sensación de que el proceso da dos pasos adelante y uno atrás, que la voluntad política de las partes tambalea y que la cohesión del ELN estaría en entredicho.
Lo cierto es que el segundo comunicado conjunto, suscrito por el Gobierno y el ELN, fue muy breve y estuvo compuesto de cuatro puntos escuetos donde anunciaron la elaboración de un marco de referencia común para tratar los aspectos relacionados con acciones y dinámicas humanitarias y el marco en el cual se desarrollará el programa piloto de desminado humanitario, como parte del segundo compromiso que se trabajará en la siguiente ronda, a partir del 3 de mayo, cuando se reiniciarán las conversaciones.
El acuerdo 3, que hace referencia a la participación de la sociedad para la construcción de la paz (Sub-punto F5), señala que ‘se seguirá discutiendo en el próximo ciclo’ y, finalmente, el punto 4 indica que se han puesto de acuerdo en los “términos de referencia con los que trabajará el Grupo de Países de Apoyo Acompañamiento y Cooperación al Proceso de Paz”. Estos anuncios, a diferencia del proceso culminado en La Habana, poco o nada le dicen a la opinión pública colombiana.
Mujeres Contando dialogó, posterior a la instalación de la mesa, con Carlos Velandia, gestor de paz y reconocido ex-jefe del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyo ‘nombre de guerra’ fue Felipe Torres y que estuvo presente durante diez años en negociaciones de paz, sobre su mirada a estos diálogos.

En nuevo gestor de paz analizó los tiempos de la mesa, la coyuntura actual en Colombia, la dinámica de las conversaciones, la necesidad de generar confianza y de entender la naturaleza de la organización, diferente a otras organizaciones guerrilleras. Manifestó, además, que el ELN entiende el enfoque de género como una problemática social que estará presente en los acuerdos y que los aprendizajes del reciente proceso con las FARC serán tenidos en cuenta. Cree, además, que los inconvenientes previos a la instalación de la mesa se dieron por “un mal trámite de la palabra”, fenómeno que -al parecer- se sigue presentando, esta vez a través del mal uso, por ambas partes.
Sobre los atentados y acciones de violencia guerrillera, argumenta que éstos se dan debido al marco de un diálogo de paz en medio de la confrontación militar, decisión que impuso el Gobierno; pero “no por ello se justifican, toda vez que sostener diálogos de paz debe llevar a las partes a tener un comportamiento de distensión, que ayude a su aproximación, que construya confianza mutua y credibilidad; y, lo más importante, que la sociedad mantenga su apoyo a los diálogos y vivo el interés por los mismos”.
Para Carlos Velandia los hechos ocurridos en las últimas semanas en Chocó, Arauca, Cauca y el atentado en la plaza de la Macarena en Bogotá, “desdicen de una voluntad de paz y constituyen una amenaza para la estabilidad de la Mesa de conversaciones”. El experimentado ex-jefe guerrillero considera que es urgente que las partes “realicen acciones concertadas de desescalamiento, que las aproxime al bilateral y definitivo cese del fuego y hostilidades, que al mismo tiempo fortalezcan el cese que ya existe con las FARC, lo cual es un gran alivio para toda la sociedad, la que a su vez verá con buenos ojos, el esfuerzo de las partes por consolidar el escenario de la paz completa”.
En las respuestas del actual gestor de paz, nombrado por el Presidente Santos, están algunas claves para comprender la dinámica de la mesa en Quito.
Mujeres Contando (MC): Después de tanto tropiezo, la mesa de Diálogos entre el Gobierno y el ELN se instaló en Quito, el pasado 7 de febrero. ¿Cómo interpreta este paso?

Carlos Velandia (CV): Yo empezaría por la palabra ‘tropiezo’. A lo largo de algo más de cuatro años de contactos en medio de trompicones, ambas partes lograron pactar una agenda y un acuerdo muy importante como es el de buscarle caminos de diálogo al conflicto armado que vive nuestro país. El 30 de marzo de 2016 conocimos la agenda, pero luego surgieron inconvenientes producto, a mi juicio, de un mal trámite de la palabra. Normalmente ocurre que, cuando no existe una confianza consolidada entre las partes, cualquier cosa que se diga puede ser usada en su contra o interpretada a favor propio, o de la contraparte. Afortunadamente, las partes cumplieron y empezaron a desarrollar sus actividades, a elaborar un reglamento de mesa y a resolver asuntos logísticos.
MC: La confianza es uno de los mayores obstáculos en un diálogo de esta naturaleza. El ELN siempre ha recriminado al Estado y al Gobierno por no cumplir y, por su parte, el Gobierno tiene reparos ante varias actuaciones del ELN. Pero el país real está en otro momento -que no se puede negar-, y se reconoce una voluntad política. ¿Cómo hacer para que la confianza se dé y los diálogos sean más transparentes y fluidos?
CV: Solo es posible construir confianza a través de dos cosas: pactar y cumplir, no hay más. Lo que se pacta, se cumple. Hay que pactar a la mayor brevedad unos resultados porque la sociedad colombiana y la comunidad internacional están expectantes. Sobre todo, porque la mesa tiene un diseño, en su agenda, donde va a haber mucho diálogo y poco acuerdo. Es decir, el despliegue de dialéctica, sobre todo en los cuatro primeros temas, va a ser tremendo (entre otras razones por la participación) y allí es poco lo que se va a pactar. Se va a hablar mucho a lo largo de un tiempo prolongado, que puede ser algo más de un año, y no va a haber sobre qué pactar y producir noticias interesantes para la sociedad. Pero, simultáneamente, junto con los temas de participación, se va a tratar el punto que tiene que ver con los mecanismos para crear un clima positivo y generar unas condiciones humanitarias. Por esta vía se pueden lograr, a muy corto plazo, acuerdos puntuales y se puede llegar a producir confianzas y resultados que la sociedad recibirá como un alivio. Con esto, además, se tiende a desescalar el conflicto y a llegar más rápido a un cese bilateral.

MC: Uno de los aspectos más importantes en este ejercicio de diálogo es el hecho de que cada una de las partes llega con un acumulado; por un lado, el ELN ha intentado en siete momentos sentarse a negociar, con diversos gobiernos a lo largo de varias décadas, y el Gobierno de Juan Manuel Santos logró un acuerdo con las FARC, que está en un proceso de implementación. ¿Qué tanto estos aprendizajes se están poniendo en esta mesa?
CV: Me alegra que menciones esto de los acumulados, porque tienen que ver con la experiencia. Esos siete intentos le permitieron al ELN conocer más al Estado, la realidad y la situación del país. También le permitió conocer a la sociedad. Porque una cosa es conocer a la sociedad desde una postura de beligerancia, desde una postura de confrontación política, social y armada, y otra en medio de un proceso en donde la sociedad participa en la solución política del conflicto. Hoy tiene unas maneras más amplias de relacionarse con la sociedad, incluidos segmentos con los que habitualmente no conversaba, tiene líneas de llegada porque tiene propuestas para ello. En segundo lugar, tiene cuadros también experimentados y en diálogo. Por el lado del Gobierno hay también mucha experiencia acumulada, capacidad de negociación y capacidad de manejo de este tipo de escenarios, que no son fáciles. Lo digo con conocimiento de causa, estuve 10 años consecutivos en negociaciones con el Gobierno.
El Gobierno por su lado llega con resultados; como ‘las paces’ de los años 90. Un acumulado en el que obtuvo, a costos muy bajos, la desmovilización de siete organizaciones insurgentes. Con ello logró desarmar, aunque no resolvió los problemas del conflicto, pero sí trajo paz al país. Ahora tiene el proceso con las FARC, donde en una negociación cara a cara, logra resultados que terminan siendo satisfactorios para las partes. Aunque no es el verdadero sentido de la paz que buscamos los colombianos y que tampoco querían las FARC. Es decir, es un diseño de la paz posible, pero no de la paz que se quiere. El Gobierno hubiera querido sacar una paz muy barata, quizás al precio de los años 90, y las FARC una paz con mayores resultados, pero no fue posible. Es decir, se logra un acuerdo político en el que ambas partes se encuentran imperfectamente satisfechas. Es un oxímoron: “Inconformemente satisfechas”. No están completamente conformes, pero lograron superar el escollo mayor: salir de la trampa de la guerra.
Esos resultados son muy valiosos para el proceso con el ELN, sobre todo porque hay soluciones y hay aspectos que son comunes para ambas organizaciones y es el que tiene que ver con el manejo del capítulo de las víctimas, donde a través de examinar el fenómeno de la justicia, reparación, no repetición y verdad, se hace una aproximación a una solución que en La Habana lo resolvieron a través de un sistema  complejo, donde se entremezclan la relación que desempeñará una comisión histórica de la verdad, con actividades que se desarrollan a partir de una jurisdicción especial para la paz, en el marco de una justicia transicional que va a funcionar para unos y otros, de las distintas partes del conflicto.
El ELN y el Gobierno pactaron que buscarán sincronía y complementariedad con los resultados de La Habana. Ya dan por hecho que parte de estos acuerdos pueden ser útiles para la solución con el ELN. (Al final del 1er ciclo estuvieron en Quito Pastor Alape y Carlos Lozada de las FARC.)

MC: Usted conoce muy bien al ELN por dentro, es más usted se ha declarado ‘eleno’ antes y después de haber salido de sus filas; por lo tanto, cree que el ELN está dispuesto y claramente comprometido con esta salida negociada. Le pregunto esto, porque hay en algunos sectores del Gobierno y de la sociedad la idea de que el ELN es complicado y que es difícil sentarse a negociar con él. Y ese discurso circula también mediáticamente.
CV: Discrepo, me aparto y me pongo a kilómetros de esa noción que se ha venido constituyendo como una especie de mito alrededor del ELN. Se dice: “el ELN es complicado, el ELN es difícil, al ELN no lo entiende nadie, al ELN hay que decodificarlo, el ELN habla de manera críptica y se necesitan encriptólogos para saber lo que está pensando”.
El ELN es una singularidad, pero se le ha querido medir como se les ha medido a todas las organizaciones guerrilleras, que son organizaciones de tipo cupular, tendientes a ejércitos. El ELN es una organización política en armas, y eso es lo que cuesta trabajo entender y comprender. Es una organización política que se rige por principios marxistas de organización leninista, como son los principios organizativos, entre ellos quizás uno de los más destacados es el centralismo democrático; allí la organización se hace bastante horizontal. Ésta es una singularidad que no necesariamente tiene que verse como una dificultad, quizás hay que verla como una virtud, yo la veo como una gran ventaja. Ahora, esto hace más dificultosos los procesos de concertación y de decisión, porque hay que tramitar las decisiones, ir y llevarlas a las bases, porque las bases también cuentan. La cuestión es cómo se crean los mecanismos para dialogar de manera eficaz con una organización que es así. No se puede pretender cambiar al ELN, ni que el ELN se convierta en una cosa que no es, que no corresponde con su naturaleza.
MC: ¿El Gobierno y sus negociadores conocen esa singularidad suficientemente, para evitar contratiempos en la mesa?
CV: No, no la conocen y ésta es una dificultad. Del lado del Gobierno ha habido una serie de personajes que han estado relacionados en procesos de diálogo con el ELN, pero no tienen continuidad, cada gobierno va cambiando sus personas. A duras penas recuperaron a un personaje que sí conoce al ELN; se trata de José Noe Ríos. Es quizás el negociador más experimentado que tiene el Gobierno. La delegación en su conjunto se mueve en el mito de ‘la dificultad del ELN’. No logran entenderlo, pero tampoco es que se esfuercen mucho.
En esta singularidad el ELN tomó unas decisiones mayoritariamente y ejerciendo el centralismo democrático, en el V Congreso, (Enero 7 de 2015) en donde se dijo: “Sí vamos a un proceso de diálogo, en el que eventualmente haremos dejación del uso de las armas”; eso dicen textualmente las conclusiones del Congreso. Obviamente hay partes minoritarias que no estaban de acuerdo con esa decisión pero que la acatan y se someten. Sin embargo, en el desarrollo de la política interna, se filtró abiertamente que algunas estructuras están en disenso, que no comparten el estar en la mesa, como el frente de guerra oriental y noroccidental y los del departamento del Chocó. Hay otras estructuras más pequeñas, minoritarias, que votaron no. Pero las dos primeras son fuertes y llaman la atención por su beligerancia bélica. En cierta forma esto ha generado una distorsión en cuanto a ¿qué tan unido está el ELN para afrontar esta negociación?
Yo tengo que decir que el ELN está unido, está cohesionado, pero es una cohesión en la que unas estructuras pueden disentir, pueden no estar de acuerdo porque esa es la naturaleza de la democracia interna. Aun así, los comandantes que están en el departamento del Chocó han dicho “nos sometemos a las decisiones que mayoritariamente se tomen. Si el ELN llega finalmente a un acuerdo, ese acuerdo tendrá que ser consultado en el VI Congreso y lo que se defina en relación con los acuerdos acataremos. Nosotros no somos una rueda suelta, tenemos un punto de vista que es minoritario, pero tenemos derecho a decirlo”. Esa es la discrepancia, pero el ELN tiene decisión y voluntad, o no estaría en la mesa.

MC: Humberto de la Calle jugó un papel muy importante en los diálogos con las FARC, ahora Juan Camilo Retrepo tiene el mismo rol en esta mesa. ¿Cómo ve su papel?
CV: De Juan Camilo Restrepo tengo una opinión bastante favorable. Como funcionario público ha sido una persona pulcra, en el sentido que no ha estado metido en escándalos o situaciones que desdigan de su honestidad o su profesionalismo. Nadie puede decir que él es un corrupto. Como Ministro de Hacienda pudo hacer muchos negocios y no lo hizo. Es un tipo que proviniendo de las toldas conservadoras tiene un talante mucho más abierto, de avanzada, más moderno; es un tipo dialogal y con un diálogo sereno. Creo que compagina plenamente con Pablo Beltrán (del ELN). A mí se me parecen mucho, guardadas las proporciones y sin querer hacer comparaciones que puedan resultar odiosas. El talante de estas dos personas posibilita un trámite muy sereno a la mesa. No exento, obviamente, de discutir con pasión, con temperamento y defender puntos de vista de cada quien, pero en lo fundamental con serenidad, con cuidado y mucho respeto. Yo estoy muy contento con estos dos personajes. Ahora Juan Camilo es un poco el equivalente a lo que fue Humberto de la Calle para la mesa de La Habana. No es el político que tiene el mismo despliegue, pero sí tiene todo el respaldo y el reconocimiento de la clase política y dirigente del país, y de la sociedad. Yo creo que el ELN debe sentirse muy bien que le hayan puesto a un señor de este talante, de este nivel para tramitar el conflicto.
MC: ¿Los medios de comunicación le han dado el mismo interés y el mismo cubrimiento que se le dio a la mesa de diálogos de La Habana, a la de Quito?
CV: Esa pregunta es inquietante. En Colombia suceden tantas cosas graves y a una velocidad tal, que un tema se superpone a otro. Hoy el tema de la paz o del conflicto está en un séptimo lugar de interés de otras preocupaciones que mediáticamente se posicionan. Situaciones que angustian y ocupan la mente del ciudadano común. Una, lo que se gana no alcanza para vivir, segundo la reforma tributaria hace que tengas que pagar más impuestos, algo injusto porque los ricos pagan menos. La inseguridad, que no se sabe dónde está: si va para el trabajo en Transmilenio lo roban, si está en el barrio lo asaltan y si está en su casa, siente una desprotección total.
En cuarto lugar, el desempleo y la calidad del empleo, luego la corrupción del país y la situación de Estados Unidos y Trump que viene a poner todo ‘patas arriba’. Por lo tanto, en séptimo lugar está la paz. Hubo un momento en el que la paz estaba en primer lugar, pero pasó, y pasó en la medida en que no hay guerra porque no hay combates, heridos ni muertos, pero la guerra todavía existe. Hay una percepción de que la paz ya se logró porque vivimos una situación de no guerra tras la firma con las FARC y el proceso con el ELN ni le quita ni le pone, es algo como adicional. Somos realmente muy pocos los que nos ocupamos 24 horas del día, del proceso con el ELN. Esa es una realidad.

Mediaticamente cada vez más, y a medida que va avanzando la mesa, se va metiendo en sus cosas, de vez en cuando habrá una noticia, pero no será muy estremecedora. Finalmente, entramos en una coyuntura electoral que va a robarse la atención por el discurso de los partidos políticos en pugna por llegar al congreso o a la presidencia. Discursos que no van a ser muy ilustradores, es decir la visión del ciudadano no va a ser captada por las encuestas. El discurso perverso y seductor que despotrica del otro primará. Va a ser una guerra sucia y tremenda en el debate electoral. El país no va a saber al final por quién o qué tesis votar. Así ha sido en los últimos tiempos y no tengo argumentos para pensar que en esta ocasión va a ser diferente.
Me temo que el proceso con el ELN va a transitar en medio de una atmósfera que lo invisibiliza y no se va a sentir con la misma importancia que se vio con las FARC.
MC: ¿Cómo afectará la llegada de Trump?
CV: Creo que sí va a tener un impacto y de hecho ya lo está teniendo. El presidente Santos habló con el Presidente Trump, había una preocupación porque él ha venido planteando una política muy poco usual en la relación diplomática, sobre todo porque tiene un lenguaje confrontativo y conflictivo que viene a remover y a desacomodar muchas cosas que ha costado mucho trabajo construir a lo largo de los tiempos, como algunos pactos multilaterales.
En relación con Colombia pidió hacer una revisión del acuerdo entre el Gobierno y las FARC, pero más que hacer la revisión del acuerdo en sí, son los acuerdos que el Gobierno de los Estados Unidos en la época Obama hizo con el Estado colombiano para promover el acuerdo Gobierno-FARC, en el que el Gobierno de los Estados Unidos se obliga a hacer un proceso de reingeniería al Plan Colombia -que era un plan militar-, y a desarrollar el Plan Paz Colombia. Un plan de inversión y de soporte a los acuerdos logrados por un valor de 470 millones de dólares al año, durante diez años. El presidente Trump dijo: “Aquí vamos a tener que recortar porque vamos a invertir en la casa propia, eso de estar repartiendo la plata y comprando amigos eso no está bien”. Lo que quiere decir que va a recortar o reducir el Plan Paz Colombia y lo va a reducir de manera sustancial.
MC: Uno de los temas importantes para las mujeres y para la ciudadanía es la mirada que se va a tener sobre los temas de violencia, incluida la sexual, contra las mujeres víctimas de desplazamiento y de refugio por causas del conflicto armado. ¿Qué tanto está el ELN dispuesto a escuchar y, sobre todo, a responsabilizarse por sus víctimas?

CV: La presencia de mujeres en la Mesa y en la Delegación, dice mucho sobre el interés del ELN en tratar estos temas y los temas de género en general, porque tienen que ver con la construcción de justicia social y con una lucha que las mismas mujeres han desarrollado al interior de una estructura machista y patriarcal como son las guerrillas y los ejércitos, en Colombia y en el mundo. No ha sido fácil para ellas, pero creo que el ELN es quizás de las sociedades cerradas donde la mujer es más valorada, en lo que a mí respecta y en lo que conozco. Habiendo machismo, en donde menos se ve es en el ELN. Lo puedo decir con conocimiento de causa. Lo otro es que todos los temas del conflicto van a ser mirados desde una perspectiva crítica y transversal por las compañeras que van a estar allí, pero también por los mismos compañeros. Es decir, si no hubiese mujeres presentes en la Mesa, también habría una mirada de género. La mirada de género no es un problema sexual, es un problema eminentemente social. Los hombres también podemos tener una mirada con una perspectiva de género.
*  *  *  *  * 
Coincidimos en que los hombres también pueden tener un enfoque de género y, ojalá, en el ELN se aborden estos temas más allá de la valoración a las mujeres y su presencia pues asumir el enfoque de género implica un ejercicio de formación y de voluntad política interna. Esta conversación con Carlos Velandia también abordó el trabajo de su incorporación en el proceso de diálogos con las FARC y el papel de la Comisión de Género, conformada por mujeres insurgentes y representantes del Gobierno en La Habana, aspecto sobre el que manifestó la necesidad recoger esa experiencia, confiando en que las mujeres del ELN serán “decisivas e incisivas en la redacción de los Acuerdos, porque ellas se lo han ganado a pulso en medio de las dificultades, de la guerra y de una lucha política interna y democrática dentro del ELN”.
Sobre la violencia sexual, argumentó que “el ELN llega sin temas vedados a la Mesa y eso es extraordinario en la medida en que tiene toda la disponibilidad de tratar todos los temas, por difíciles que sean, pero también tiene una disponibilidad a responder por sus actos en los que esté incurso; lo que no va responder ni va a admitir es la calumnia o la falsa imputación. Admitirá todos los casos sobre la base de la bilateralidad. Es decir, aquí cuando se asuman los fenómenos de violencia sexual, muy seguramente el ELN responderá por sus actos, pero también llamará la atención sobre este fenómeno en la sociedad y sobre la ausencia de políticas públicas para prevenir e intervenir este fenómeno”.

Aunque la opinión pública en Colombia no esté hoy pendiente de los avances de la mesa de Diálogos con el ELN en Quito y los medios de comunicación no la tengan en sus agendas mediáticas como una prioridad lo que pasa en ella es determinante para lograr una paz completa, por lo tanto es indispensable que las partes logren superar lo que Carlos Velandia llama el “mal tramite de la palabra”, que avancen en la construcción de una confianza necesaria para llegar a los acuerdos que les permitirá también superar la llamada “la trampa de la guerra”, que por estos días es la que más resonancia tiene y la misma que se llevó tantas vidas y fracturó a muchas otras.
*Comunicadora Social y Periodista. Directora Mujeres Contando

CARTA PÚBLICA AL PRESIDENTE, AL VICEPRESIDENTE, AL FISCAL GENERAL Y AL MINISTRO DE DEFENSA


CARTA PÚBLICA AL PRESIDENTE JUAN MANUEL SANTOS, AL VICEPRESIDENTE OSCAR NARANJO, AL FISCAL GENERAL DE LA NACIÓN NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ, Y AL MINISTRO DE DEFENSA LUIS CARLOS VILLEGAS
Abr 06, 2017 
Las personas abajo firmantes, convencidas de que los derechos humanos son la base de la relación entre el Estado y la sociedad, estamos altamente preocupadas por la grave crisis de garantías para la participación política y el ejercicio de derechos, especialmente por parte de defensores de derechos humanos y activistas sociales.
Más allá de debates semánticos, reconocemos la persistencia de patrones de violencia en función de poderes y negocios que perduran en disputas territoriales, por rentas y formas de hacer política. Al amparo de discursos de odio y de una rampante corrupción, actúan grupos que estigmatizan a los líderes sociales que se oponen a sus intereses y defienden las comunidades, recursos, y territorios.
Al servicio de un complejo narco-paramilitar actúan grupos armados ilegales y agentes de violencia que, entre muchas de sus acciones, vienen atacando los liderazgos sociales comprometidos con la paz, la defensa de los derechos humanos y con la reconstrucción del tejido social y comunitario.
El Estado tiene la obligación de garantizar la protección adecuada de ese liderazgo, no hacerlo constituye un delito de omisión y un desconocimiento a los principios rectores de la Constitución. Negar la persistencia de diversos patrones de violencia contra el liderazgo social, territorios y comunidades, alienta a quienes promueven estas acciones y pone en serios riesgos la implementación del acuerdo de paz. El mapa de asesinatos y amenazas a defensores de derechos humanos y líderes en las regiones y de ataques a organizaciones sociales, muestra la realidad y dimensión de la crítica situación y la necesidad de respuestas efectivas de prevención, protección e investigación.
A esto se suma, una serie de detenciones arbitrarias, como la realizada contra personas y organizaciones sociales defensoras de derechos humanos del Sur de Bolívar y en otras zonas del país. En al menos uno de los casos la Fiscalía argumenta la necesidad de una medida de aseguramiento intramural, ante el “peligro” que representa para el Estado y la comunidad promover marchas, lo que es un derecho en cualquier Estado que se precie de ser democrático. Lo que está en juego no es solamente la presunción de inocencia de unas personas, ni su derecho al ejercicio de la protesta social sino, además, la posibilidad real de la construcción de paz.
Las personas firmantes pedimos que el Estado, más allá de expresar buenas intenciones, actúe de manera adecuada y oportuna, previniendo nuevos ataques y garantizando la adecuada protección del liderazgo social. Igualmente pedimos que actúe frente a los graves errores de administradores de justicia que proceden contra el derecho y fortalecen dinámicas de estigmatización. Pedimos algo elemental para todos: el derecho a tener derechos.
Es la hora del cese de todas las hostilidades, incluidas la estigmatización, el uso arbitrario y
desproporcionado de la fuerza o de instrumentos judiciales y, por supuesto el cese de todo atentado a la vida, a la libertad y a los derechos humanos.
Firman,
Víctor de Currea-Lugo, profesor Universidad Nacional de Colombia
Rodrigo Pardo García-Peña, periodista y exCanciller
Antanas Mockus – Ex rector de la Universidad Nacional de Colombia
Mario Mendoza, escritor
Ernesto Samper Pizano, ExPresidente de Colombia
Brigitte LG Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt
Imelda Daza Cotes, economista, Vocera de Paz en la Cámara de Representantes
Angélica Lozano, Representante a la Cámara
Ricardo Silva Romero, escritor
Camilo González Posso, ExMinistro, Presidente del Instituto de Estudios sobre Paz y Desarrollo, INDEPAZ
Ángela María Robledo, representante a la Cámara
Iván Cepeda, senador y copresidente de la Comisión de Paz del Senado
Daniel García Peña, director de Planeta Paz y profesor Universidad Nacional de Colombia
Lourdes Castro García, defensora de derechos humanos
Jorge Iván Ospina, Senador Partido Alianza Verde
César Loza, presidente de la Unión Sindical Obrera, USO
Antonio Sanguino, concejal de Bogotá y vocero nacional del Partido Alianza Verde
Sigifredo López, presidente de la Fundación Defensa de Inocentes
Luis Emil Sanabria Durán, Presidente Nacional Colegiado, Redepaz
Carlos Arturo Velandia J., Gestor de Paz y director de ABCPAZ
Jesús Abad Colorado, periodista y fotógrafo
Socorro Ramírez, profesora universitaria
Blanca Valle Zapata, socióloga
José Antequera Guzmán, defensor de derechos humanos y activista por la paz
Luis Eduardo Celis, asesor Fundación Paz y Reconciliación
Pablo E. Angarita, profesor Universidad de Antioquia, Observatorio de Seguridad Humana
Omar Gutiérrez, sociólogo e investigador social
Helberth Choachí González, profesor Universidad Pedagógica Nacional
Oscar Vanegas Angarita, profesor de la Universidad Industrial de Santander
Carlos Medina Gallego, profesor Universidad Nacional de Colombia
María Eugenia Vásquez Perdomo, activista por la paz
Juan B. Jaramillo, Observatorio URAMBA, profesor Universidad del Valle.
Jaime Zuluaga, profesor Universidad Externado de Colombia
Teófilo Vásquez, investigador social
Carlos Alberto Benavides, profesor Universidad Externado de Colombia
Claudia Tovar Guerra, profesora de la Pontificia Universidad Javeriana
Luis Guillermo Pérez, defensor de derechos humanos
Stella Sacipa Rodríguez, psicología política
Luisa María Navas Camacho, editora
Fernando Hernández Valencia, Director Ejecutivo de la Corporación Nuevo Arco Iris
Neila Amir Hernández, defensora de Derechos Humanos
José Aristizabal, activista por la paz
Tatiana Roa Avendaño, coordinadora general Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia
Ignacio Zuleta Lleras, docente y escritor
Juana Méndez Uribe, economista
Nórida Rodríguez, actriz
Alonso Ojeda Awad, ExEmbajador y vice-Presidente del Comité de Defensa de los DD.HH (CPDH).
Martha Lucia Sánchez Segura, Directora ejecutiva de la Kolectiva feminista de pensamiento y acción política
Juanita Barreto Gama, Ciudadana feminista
Claudia Cano Correa, docente-investigador, Universidad Externado de Colombia
Jackeline Rojas C., Corporación CORDESTE
Hilber Henao Fierro, comunicador, Grupo de Investigación Kavilando y Red Inter-Universitaria por la Paz
Yani Vallejo Duque, abogado, Grupo de Investigación Kavilando y Red Inter-Universitaria por la Paz
Alfonso Insuasty Rodríguez, docente investigador Universidad de San Buenaventura
Juan Carlos Flórez, concejal de Bogotá, Alianza Social Independiente
Carolina Rubio Sguerra, defensora de derechos humanos, departamento de Santander
Diego Ruiz Thorrens, Activista y Educador en Derechos Humanos y Derechos LGBTI, director de ConPÁZes
Andrea Becerra Fajardo, defensora de derechos humanos
Rocío Londoño, docente jubilada Universidad Nacional de Colombia
Antonio Madariaga, director de Viva la Ciudadanía
Luis I. Sandoval M., Presidencia Colegiada de Redepaz y columnista de El Espectador
Gladys Macías, Presidencia Colegiada de Redepaz
Jesús Vargas, Presidencia Colegiada de Redepaz
Alejo Vargas, profesor Universidad Nacional de Colombia
Marco Romero, profesor Universidad Nacional de Colombia y director de CODHES
Eduardo Arias, periodista
Vicente Durán Casas, profesor Pontificia Universidad Javeriana
Harold Montúfar Andrade, Instituto Sur ISAIS
Ricardo García Duarte, Ex rector de la Universidad Distrital
Oscar Ospina, Representante a la Cámara Partido Verde
Oscar Hurtado, Representante a la Cámara Partido Liberal
Dorys Ardila Muñoz, Consejo Nacional de Paz y Colombianos en el Exterior
Piedad Córdoba, Poder Ciudadano
Ana Teresa Bernal, REDEPAZ
Diva Sandoval Potes, Asociación Discapacitados Visuales
Edgar Robles, LGTB –Paz
Jesús Aníbal Suarez, editor
Javier Cuadros – Magister en Ciencias Políticas
Leonardo González Perafán -Indepaz
Jesús García Cabrales, Pacto Juvenil por la paz
Andrés Paris, FARC –CSIVE
Eduardo Martínez Quiroz, Gestor de Paz ELN
Pablo Cruz, Voces de Paz
Carlos Arturo García, Clamor por la Paz
Jaime Caycedo T, Partido Comunista Colombiano, PCC
Olga Amparo Sánchez, Casa de la Mujer
Chila Pineda, La paz es con las mujeres
Patricia Ariza, Artista
Carlos Aristizábal, Artista
Germán Carlosama, Representante a la Cámara, Autoridades Indígenas de Colombia, AICO
Ubencel Duque Rojas, Director Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio PDPMM
Sandra Jaramillo, Directora de la Fundación REDCaquetáPaz
María Herminia Rojas, historiadora, representante Colectivo de Mujeres Excombatientes de la Insurgencias
John Sudarsky, Exsenador de la Alianza Verde, Presidente de la Corporación para el Control Social, Contrial
Oscar Ospina Quintero, Representante a la Cámara por el Cauca
Patricia Lara Salive, periodista
Jorge Castellanos Pulido, Corporación Proyectar Territorios de Paz
William Parra, periodista
Saúl Franco, profesor universitario
Nelly Amparo Benavides Moreno, Red Departamental de Mujeres Victimas Las Auroras – Santander
Silvia Elena Romo Morales, Red Departamental de Mujeres Victimas Las Auroras- Santander
Julio Acelas, historiador y politólogo, columnista de La Silla Vacía
Darío Villamizar, politólogo
Roberto Diaz Suarez, profesor Universidad Industrial de Santander
Álvaro Jiménez Millán, Director de la Campaña Colombiana Contra Minas
Constanza Vieira Quijano, periodista

LA GUERRA EN COLOMBIA CONTINÚA PESE A LOS ESFUERZOS DE PAZ CON EL ELN

La guerra en Colombia continúa, pese a los esfuerzos de paz con el ELN Destacado
Escrito por  ANA MARCOS

El Ejército intensifica sus operativos en respuesta a los atentados de la segunda guerrilla del país mientras continúa la mesa de negociaciones

“Hemos dado un golpe estratégico. Estamos en la ofensiva”. Son las palabras de Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa de Colombia, tras el operativo militar que el pasado fin de semana acabó con la vida de 10 combatientes del ELN, la segunda guerrilla del país. La explicación se acompañó con el vídeo de la mirilla de una aeronave apuntando a un frondoso bosque cerca de la frontera con Venezuela. Imágenes y declaraciones de la otra guerra de Colombia, la que aun impide que la paz sea una realidad.

Esta operación del Ejército de Colombia, denominada Corsario 3, se desarrolló pocos días antes de que el Gobierno y el ELN celebraran este jueves que llevan 45 días sentados en una mesa de negociaciones en Ecuador en busca de la paz. Tras más de un mes de diálogo, ambas partes han pactado "proteger a las personas no combatientes y a la población civil de los efectos del conflicto armado mediante acciones o acuerdos de carácter humanitario". Además de un programa piloto de desminado humanitario. "Estamos consiguiendo resultados medibles", ha asegurado Juan Camilo Restrepo, jefe de la delegación del Gobierno. "Hay que recordar que el proceso con las FARC duró casi cinco años".

El ELN ha retomado protagonismo en el conflicto de Colombia a falta del otro enemigo, la guerrilla de las FARC concentrada en las zonas veredales y en pleno proceso de desarme. El Ejército ha virado su estrategia militar hacia una insurgencia de unos 2.000 combatientes. Y la opinión pública ha recordado que son capaces de operar también en las ciudades, no solo en las zonas más aisladas del país. La bomba en el centro de Bogotá que acabó con la vida de un policía el pasado febrero fue la demostración. "Vamos a ver más bombardeos y más petardos", dice Carlos Velandia, exdirigente del ELN, ahora gestor de paz en las conversaciones entre el Gobierno y la guerrilla. "Son las reglas del juego: diálogo en mitad de la confrontación".

Aunque parezca una paradoja, esta misma lógica beligerante marcó los primeros años del proceso con las FARC. “El único camino es el cese al fuego”, dice Velandia. El mismo mensaje ha enviado Restrepo la mañana del jueves: "Es un tema que trataremos a partir del 3 de mayo, en el próximo ciclo de negociaciones. Queremos llegar más rápido que las FARC, pero es un punto de llegada no de salida". En el anterior proceso de paz, se alcanzó este acuerdo al final de casi cuatro años de conversaciones. Antes, la guerrilla decretó, de manera unilateral, el final de las hostilidades que forzaron a la otra parte a reaccionar. “El ELN no está en esa disposición”, asegura Velandia, “pero no tienen otra alternativa”.

El experto apunta al final de los secuestros como la primera medida para desescalar el conflicto. “Acumulan odios sociales si siguen con esta práctica”, explica, “quitan oxígeno a la mesa de negociaciones”. Si tomaran esta decisión, según el analista, el Gobierno podría responder acercando presos o mejorando sus pésimas condiciones de vida en las cárceles de Colombia. La llegada de Carlos Antonio Lozada y Pastor Alape, dirigentes de las FARC a Ecuador, adelanta esta dirección. "Esperamos tener conversaciones fructíferas", ha dicho Pablo Beltrán, jefe de la delegación del ELN.

En lo que va de 2017, la segunda guerrilla de Colombia ha realizado menos de 50 acciones, por debajo de las 60 del año anterior, según información de la Fundación Paz y Reconciliación. “No han desatado una ofensiva, pero sí han conseguido mayor visibilidad”, asegura Ariel Ávila, politólogo y analista de esta institución. Velandia suena más pesimista al otro lado del teléfono. “Aquí hay una guerra de aniquilamiento, no hay miramientos con el enemigo”, dice. “Cada golpe es difícil de resistir por una fuerza irregular que tiene delante a un Estado con el potencial de mover 500.000 unidades”.
En este último bombardeo, entre los fallecidos, el Ejército mató a un comandante que lideraba las acciones en parte del Norte de Santander. “No es tan fácil volver a formar a un alto mando, el descalabro es de orden estratégico”, opina Velandia. En esta zona de Colombia, se concentran la mayor parte de la fuerza del ELN y se cree que su máxima autoridad, el COCE, se resguarda en esta región por la seguridad que otorga la frontera con Venezuela. Por estas razones, Ávila no considera que sean ataques tan importantes como los que los militares han asestado a esta guerrilla en el sur del Tolima, otra de las áreas tradicionales de los helenos, de donde ya casi están desaparecidos. "Se pueden recomponer más fácilmente".

Las consecuencias inmediatas vuelven a afectar a los más débiles: a los ciudadanos de estas regiones, las más pobres de Colombia. En el Chocó, en la costa del Pacífico, donde las FARC mandaban, el ELN ya ha comenzado a ocupar territorios y la población ha vuelto a su condición de desplazados. En la frontera con Venezuela, en la región que se conoce como Catatumbo, como en la vecina Arauca, la única forma de Estado sigue encerrada en trincheras.
“La mesa de negociaciones es como un avión, está con los tanques llenos de combustible, en la pista, pero aún no despega. Hay que acabar con esta estrategia de guerra”, concluye Velandia.

Bogotá 6 ABR 2017 - 15:22 COT


CONSEJOS PARA LA MESA DE QUITO - ENTREVISTA

3 ABR 2017 - 6:46 PM
Consejos para la mesa de Quito
Dos desmovilizados de esta guerrilla y tres dirigentes sociales de las organizaciones que impulsan la participación de la sociedad en el proceso de paz se juntaron para proponer una ruta que desempantane la negociación.

Alfredo Molano Jimeno / @AlfredoMolanoJi


“Pablo Beltrán”, jefe negociador del Eln, y Juan Camilo Restrepo, delegado del Gobierno.
/ EFE
Hace más de 50 días, los delegados de paz del Eln y el gobierno Santos se sentaron a buscar el fin del conflicto en una mesa de diálogos en Quito. Más de mes y medio ha pasado y las únicas noticias que se conocen provienen de los campos de batalla. Como la de este fin de semana, en Santander, donde el Ejército le propinó un duro golpe a la insurgencia, en el que murió una decena de guerrilleros. De otro lado, el resultado electoral de este domingo en Ecuador, que le dio el triunfo en la Presidencia al sucesor de Rafael Correa, Lenín Moreno, es una buena noticia para la mesa.
Con estas noticias, y cerca de que las partes hagan su primer balance del proceso, El Espectador reunió a dos desmovilizados del Eln y tres importantes dirigentes sociales, provenientes de las organizaciones que apuestan por a un acuerdo de paz entre el Gobierno y los elenos, para que en esta coyuntura hagan una lectura de lo que ha ocurrido y propongan salidas a los temas más controversiales de la mesa. Se trata de el excomandante guerrillero Carlos Velandia; el también desmovilizado de esta organización Luis Eduardo Celis; Juan Humpton, vocero nacional del Congreso de los Pueblos; Katerin Torres, vocera de la campaña Paz Completa, y Luis Emil Sanabria, presidente colegiado de Redepaz.

¿Cuál es el diagnóstico de la mesa de Quito?

Sanabria: Están sentados hablando de dos temas importantes: la participación de la sociedad y el acuerdo humanitario.

Humpton: El inicio de los diálogos acelera los tiempos políticos para los actores de la mesa de Quito y de la sociedad. Y esto obliga a consensos sociales mucho más rápidos en torno a las propuestas de participación y sus contenidos. El momento de atascamiento estratégico en que se encuentran las partes puede ser resuelto por propuestas que provengan de la sociedad organizada.

Celis: La mesa Gobierno-Eln es un gran reto y una buena oportunidad para avanzar hacia la paz completa. Hay dos asuntos inmediatos para trabajar: el desescalamiento del conflicto y la participación social.

Torres: Hay pérdida de oxígeno del proceso como tal, en parte porque en el país se tomó la decisión de poner en segundo plano lo que tiene que ver con el proceso de paz, en parte por la irrupción del panorama electoral. Eso genera un riesgo para la mesa de Quito, pero también para el proceso con las Farc. Creo que estamos ante un río con dos aguas: la del riesgo y la de la oportunidad. La mesa de Quito debe atreverse a tener salidas creativas para el tema de participación de la sociedad. Este es un elemento innovador en los procesos de paz.

Velandia: A la mesa se llegó de muy mala manera. A tropezones. Con muchas dificultades. Los problemas de la guerra han marcado los ritmos. Y ahora que ya están sentados nuevamente, los hechos de la guerra amenazan la estabilidad del proceso. Eso me preocupa porque, mientras las palomas estén sentadas en la mesa, los halcones andan sueltos en la calle.

¿Qué vale la pena rescatar de los diálogos con las Farc?

Sanabria: Este es un solo proceso de paz con dos mesas de negociación. Lo cual quiere decir que son complementarios, para construir una democracia. Hay que recuperar lo que se pactó en La Habana en temas como el agrario y la participación de la sociedad, para avanzar hacia la construcción de nuevas realidades en Colombia.

Humpton: Hay que generar un proceso muy ágil de desescalamiento del conflicto. Eso ayudó mucho en La Habana.

Celis: Coincido con la idea de que esta mesa hace parte del mismo proceso de paz que llevó a las Farc a un acuerdo. Por eso, si las cosas con el Eln van bien, también será así con las Farc, y viceversa. Es oportuno que se abra un espacio de diálogo entre las guerrillas, y el Gobierno debería facilitar el encuentro.

Torres: Más allá de los temas, creo que sería oportuno hacer un inventario de lo que produjo el proceso con las Farc y lo que serviría para el Eln. Eso nos ayudaría a establecer puntos de articulación. Hay coincidencias importantes, como la participación o las consultas territoriales. La Jurisdicción Especial para la Paz es para los dos procesos.

Velandia: Los dos procesos son diferenciados. Pero la singularidad no puede tirar por la borda buenas prácticas y aprendizajes que han sido muy útiles. La Habana es rica en lecciones que pueden ser aprovechadas por la mesa de Quito. Especialmente en temas de arquitectura del proceso. Me parece que es un salto al vacío pensar que se va a ganar agilidad con la itinerancia de la mesa por cinco países.
 Esto le quita ritmo, genera lapsos entre una sede y otra, el gasto y la duplicación de esfuerzos van a ser mayores. Así que pienso que es recomendable revisar con cuidado la experiencia exitosa en algunos asuntos que logró la mesa de La Habana.

¿Qué no se debe repetir?

Sanabria: Que la pedagogía de los acuerdos se realice a última hora. Desde ya hay que empezar a hacer pedagogía de la agenda de diálogos. Hay que superar la mezquindad que se planteó en La Habana de limitar las conversaciones de los negociadores de la insurgencia con la sociedad civil. Y no hay que tenerles miedo a los tiempos. Lo que puede ser un tiempo prolongado en una negociación buscando un acuerdo nacional de paz, puede ser fructífero a la hora de implementar los acuerdos y de conseguir la reconciliación.

Humpton: No creo que sea positivo repetir el secretismo que primó en La Habana. Por supuesto, esto implica ponderación con la información que se maneja, pero hay que decir cómo se avanza. También pienso que hay que evitar el aislamiento de la mesa frente al país. Si la participación ciudadana va a ser el centro del proceso, esa negociación debe ser en Colombia.

Celis: Hay que avanzar rápidamente hacia el acuerdo de cese bilateral del fuego y hostilidades. No dejarlo para el final, como fue con las Farc.
Torres: Es importante reconocer que las identidades y las dinámicas de cada insurgencia son distintas. Hay que superar la mirada de que el uno es el hijo menor del otro. También que la participación ciudadana no vaya a ser inocua, porque a La Habana iba la gente que tenía plata. En este proceso, la mesa debe ir a donde la gente.
Velandia: No se debe repetir bajo ninguna circunstancia: convertir a los delegados en la mesa en quienes explican el desarrollo de la guerra. Beltrán no tiene por qué explicar los actos del Eln en el campo de batalla y Restrepo tampoco tiene por qué explicar las acciones militares. Ellos están allá para pactar el fin de la guerra, no explicarla. De otro lado, las partes deben desechar la posibilidad de que el acuerdo al que se llegue sea sometido a un plebiscito. El mejor plebiscito es una participación amplia de la sociedad.

¿Qué gestos pueden construir confianza?

Sanabria: el Estado podría adelantar una política de prevención a las violaciones a los derechos humanos. Una forma de garantizar la vida y la acción política a los líderes sociales para que haya una real participación. Ir más allá del mecanismo de protección para lograr el desmonte de los grupos neoparamilitares Y, por supuesto, ir desescalando el lenguaje. Mientras, el Eln debería suspender el secuestro y los ataques a la infraestructura.
Juan: cumplirle a La Habana es crear condiciones en la gente que está trabajando en el proceso de paz con el Eln.

Celis: el Gobierno debe pensar seriamente en aliviar la situación de los presos del Eln. Eso significa darles prioridad de atención a quienes padecen enfermedades, trasladarlos a cárceles donde queden cerca de sus familiares, empezar a revisar su situación jurídica, etc. El Gobierno debe tener claro cuál es la oferta para el Eln, y eso se tiene que traducir en profundizar la acción del Estado en obras, como podría ser la vía Pamplona- Saravena. Eso sería un mensaje importante para Arauca, donde el Eln tiene un arraigo fuerte. Tercero, abrirse a la posibilidad del cese bilateral del fuego. Plantear la discusión.
Del lado del Eln es claro que deben replantear temas como el secuestro y el escalamiento del conflicto como mecanismo de presión a la mesa.

Torres: el Gobierno debe aceptar la propuesta de cese bilateral del fuego, porque ayuda a que el Eln tome la decisión de dejar el secuestro y la extorsión, y al mismo tiempo manda un mensaje de confianza en la mesa a la sociedad. Lo otro es el desmonte del paramilitarismo. Esa es una garantía fundamental para la participación política.

Velandia: el cese bilateral del fuego debe ser un punto de llegada, no de partida. La vía es el desescalamiento gradual, ir cerrándole la llave al fuego. Y la mesa debe dedicarse a buscar el fin de la guerra. Ese es su propósito. El desescalamiento produce alivio y confianza en la sociedad que vive la guerra, y al mismo tiempo confianza de las partes entre sí. Y con un elemento adicional, las dos partes deben dar garantías de participación de la sociedad en la mesa. No ofrece garantías que el Eln mate a un policía o secuestre a una persona, pero tampoco lo es cuando en las narices del Gobierno están asesinando a líderes sociales. No tiene razón que cuando acuerdan empezar la mesa de diálogos cada parte comienza a echar más tiros y más bombas.