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miércoles, 26 de noviembre de 2014

UNA JUSTICIA DE TERCERA VÍA EN EL FINAL DE LA GUERRA EN COLOMBIA

UNA JUSTICIA DE TERCERA VÍA EN EL FINAL DE LA GUERRA EN COLOMBIA
Autor: Carlos Arturo Velandia Jagua

PONENCIA PRESENTADA EN LA III CUMBRE NACIONAL POR LA PAZ
UNIVERSIDAD LIBRE – CALI
24 – 25 DE NOVIEMBRE


Son otros los tiempos en que podían ser admisibles procesos de paz negociada, en los que la justicia era la sacrificada, cuando no postergada o mirada con minusvalía. Los tiempos de hoy exige más rigor para las partes del conflicto, al momento de entender que no es posible salir de la guerra totalmente indemne o impune, frente a los actos cometidos a lo largo de la guerra.
¿Pero que ha pasado para que esta situación se presente?, intentaré centrar la atención en tres circunstancias concurrentes:
1-    Ninguna de las partes ganó la guerra, lo cual impide que una imponga las condiciones de un vencedor a un vencido, entre ellas las de pagar con creces frente a sus víctimas (las del vencido)
2-    Creación de paradigma de justicia internacional, tal como la Corte Penal Internacional. Situación que el Estado colombiano no pueden soslayar, habida cuenta que las miradas del mundo están puestas sobre éste proceso de paz, toda vez que es el primero en el mundo que cursa bajo la vigencia del Estatuto de Roma[1]; lo que obliga al Estado a garantizar mínimos de justicia en el marco de parámetros internacionales.
3-    El empoderamiento de las víctimas, en un proceso creciente de fortalecimiento y organización, en el contexto de una sociedad civil más actuante y protagónica, que reclama y construye sus propios espacios y agendas, al tiempo que planta cara a las partes del conflicto armado.
Pero pese a tan poderosas circunstancias, la discusión entre las partes ha venido derivando desde la negación de las víctimas y la negación de castigo posible alguno, en un primer comienzo, al reconocimiento en condiciones de bilateralidad, tal como se establece en el Acuerdo logrado en La Habana, para abordar la discusión sobe el punto de víctimas[2], de ser generadores de víctimas en el marco del conflicto y por la tanto ser corresponsables del mismo y sujetos al momento de responder. Los 10 principios acordados, pero en particular el número 2[3], que dice: “El reconocimiento de responsabilidad: Cualquier discusión de este punto debe partir del reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. No vamos a intercambiar impunidades.” no deja duda sobre la intención de las partes y su voluntad para responder por las víctimas.
¿Pero cuanto es suficiente o cuanto es necesario, para satisfacer la sed de justicia de la sociedad, la sed de justicia de las víctimas y la sed de justicia del entorno internacional que nos vigila?, es este un interrogante de primer orden que las partes en la Mesa tendrán que dilucidar y sobre ésta base construir un entendimiento o acuerdo sobre el castigo, su tamaño, sus modalidades, con el que serán sancionados a quienes se determine deban ser sancionados, por la comisión de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, así como también por las responsabilidades políticas y morales en la generación de víctimas.

Al respecto conviene puntualizar los siguientes factores a tomar en cuenta:
1-    La paz es reparadora. El interés en ella no puede estar sujeta o determinada por el interés justiciero o justicialista de las víctimas. Prima sobre cualquier interés de parte, por sensible que sea, el interés supremo de una nación. Comprender esto es fundamental
2-    Poner fin a la guerra es “parar la fábrica de hacer víctimas”[4], frase pronunciada por la dirigente política Clara López y retomada en sus discursos de campaña electoral del presidente Juan Manuel Santos. Es del interés de los colombianos y con mayor razón de las víctimas del conflicto, que no se produzca una víctima más.
3-    Las víctimas desean tanto la paz como la justicia misma, pero al mismo tiempo saben que no podrá primar el deseo justicialista, sobre el deseo de la paz, porque la ocurrencia más probable es que no se obtenga ni lo uno ni lo otro.
4-    Una ecuación que equilibre las cargas, hará posible una paz estable y duradera. Ésta ecuación está dada entre las variables: verdad – justicia – reparación – garantías de no repetición; que las mismas víctimas reunidas en el Foro Nacional de Víctimas del Conflicto Armado, celebrado en Cali el 5 de agosto de 2014[5], determinaron modificar con el siguiente orden de importancia y de valor: verdad – garantías de no repetición – justicia – reparación. Un nuevo orden que revela hasta dónde las víctimas están dispuestas a sacrificar su necesidad de justicia, favoreciendo y dando mayor valor a la verdad y a las garantías de no repetición. No significa que renuncian a la justicia, por el contrario, significa que ese tercer lugar es el aporte que las víctimas están dispuestas a conceder a la paz.
5-    La paz es posible si hay reconciliación. Pero la reconciliación estará determinada por la voluntad entre los colombianos para fundirnos en un propósito nacional, en el que quede proscrito el ejercicio de la política por medio de la violencia (garantías de no repetición), brille la verdad histórica (¿qué pasó?), se establezca la verdad de los hechos (¿quién hizo qué?) y haya justicia pronta y eficaz (justicia transicional); factores juntos que movilizarán a las víctimas desde sus fueros internos a expresar públicamente su perdón, y a los victimarios a pedirlo.
6-    La reconciliación y el perdón son resultados de procesos de construcción, sobre cimientos muy claros de paz con justicia y de justicia con verdad. Al respecto experiencias de otros procesos de paz en el mundo, son harto elocuentes en el sentido de que los pueblos están dispuestos más a perdonar a los victimarios, pero están menos dispuestos a permitir la inexistencia de verdad[6]. A mayor verdad – mayor justicia – mayor reconciliación – mayor paz.
7-    “Verdad toda, verdad todos”, formulación propuesta por el Comandante del ELN Pablo Beltrán en 2007[7] en el marco de las conversaciones entre ésta organización insurgente y el Gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, refleja el deseo de que la verdad y la justicia sean encaradas, con determinación y en igualdad de condiciones por parte de las partes, esas mismas que se reconocen entre si, como tales y como generadoras de víctimas. Refleja la disposición de una de las partes a comparecer ante tamaño reto, pero obviamente sobre la base que su contraparte también lo haga.
8-    La justicia transicional, es una construcción mas no una determinación, es decir al respecto no está dicha la última palabra. Corresponde a los colombianos, empezando por las partes, establecer los mínimos, en que por una sola vez operaría la justicia transicional a modo de justicia alternativa a la justicia ordinaria, que nos permita hacer el tránsito de la guerra a la paz. En otras palabras, la justicia transicional es una justicia extraordinaria, fundada en mínimos de justicia para hacer posible conquistar la paz, entendida ésta como bien supremo o bien superior.
9-    La justicia internacional solo opera de manera subsidiaria a la justicia nacional, esto es en caso de que la solución de justicia que se imponga al final del conflicto, sea un compendio de impunidades imposibles de soportar por la sociedad y su ordenamiento interno.
10- En cualquier circunstancia y modo en que se establezca una solución judicial, los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra no pueden ser ignorados, dada su imprescriptibilidad. Cualquier situación que llegase a afectar este principio, daría motivo y entrada ipso-facto a la Jurisdicción Penal Internacional[8], que podría conocer de los casos por intermedio de la Corte Penal Internacional, instrumento vigente para Colombia, en su condición de firmante del Estatuto de Roma[9].
Numerosas y diversas interpretaciones sobre el tipo de justicia a desarrollar en el actual proceso de diálogo político, orientado a producir un acuerdo político que haga posible poner punto final a la guerra en Colombia, se han venido formulando, las cuales tienen como denominador común un mínimo: “algo han de pagar los victimarios, de lado y lado”, poniendo el énfasis en penas privativas de la libertad. Otras posiciones proponen penas más severas y la restricción de derechos políticos, como el de la elegibilidad a cargos de elección popular.
Sobre éstos tópicos versan y versarán las discusiones, de café, los sesudos análisis de academia, pero finalmente se impondrá una solución construida entre las dos partes: el Gobierno Nacional y las insurgencias; y muy seguramente tomarán en cuenta las propuestas formuladas, por expertos que han sido y seguirán siendo consultados por la Mesa de la Habana, así como las expresadas por los grupos de víctimas que han concurrido a las audiencias de víctimas en La Habana.
A esta altura del análisis, me temo que las partes tomarán por un camino intermedio, que satisfaga a todos los interesados, pero sobre la base de mínimos, esto es en una especie de resultado de la aplicación de una posible formula, planteada desde la noción de ser Estado y Gobierno de tercera vía[10]por el actual presidente Juan Manuel Santos, que podría plantearse así: tanta paz como sea posible, tanta justicia como sea necesaria. Fórmula en la que las dos variables paz y justicia se determinan, es decir el tamaño grande de una depende del tamaño pequeño de la otra. El verdadero arte del acuerdo político es lograr el punto de equilibrio, que por obvias razones debo aclarar que no es la mitad, entre las dos necesidades y los dos anhelos: la paz y la justicia.
En esta fórmula hay sacrificio, pero también hay castigo, circunstancias que son susceptibles de complementar con una formulación más compleja que vendrá de la mano de las variables verdad, garantías de no repetición y reparación. De tal modo que resulta indispensable entender que una solución adecuada está en construir una formula en la interactúen las cuatro variables, las que tendrán diferentes proporciones, pero en la que unas compensen a las otras.
Finalmente, para decirlo en un tono coloquial y de menor rigor académico o político, cierro recordando el aforismo popular de: “ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.
Cali, 24 de noviembre de 2014
Carlos Arturo Velandia Jagua
Investigador y Consultor en Paz y Conflictos

Fuentes y referencias:







[1] Ver: “…este proceso de paz es el primero en realizarse bajo el Tratado de Roma, lo que podría significar que cualquier acuerdo alcanzado en las conversaciones de paz sería anulada por la Corte Penal Internacional. Santos reconoce los peligros, afirma que "es por eso que necesitamos el apoyo político para tomar la decisión correcta que va a ser lo suficientemente flexible como para cubrir las expectativas de la comunidad internacional, las expectativas de los colombianos, las expectativas de nuestra constitución y las expectativas de la guerrilla que quisieran dejar las armas a cambio de algo".  http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/santos-busca-que-acuerdo-de-paz-no-se-anule-por-corte-penal-internacional/20141109/nota/2499595.aspx
[2] Ver: “El Gobierno Nacional y las FARC-EP,
Reiterando, como se estableció en el Acuerdo General de La Habana, que “El respeto de los
derechos humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin del Estado que debe
promoverse”, y que en el punto 5 de su Agenda se expresa que “resarcir a las víctimas está en
el centro del acuerdo”;
Reconociendo, además, que las víctimas de graves violaciones a los derechos humanos e
infracciones al Derecho Internacional Humanitario con ocasión del conflicto tienen derecho
a la verdad, la justicia, la reparación y a las garantías de no repetición;
Convencidos de que la satisfacción de los derechos de las víctimas hace parte fundamental
de las garantías para la conquista de la paz, y que la terminación del conflicto contribuirá
decididamente a la satisfacción de esos derechos, declaran que la discusión del punto 5
[3] Ibid

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