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martes, 23 de mayo de 2017

PACTAR Y CUMPLIR ES LA CLAVE: CARLOS ARTURO VELANDIA


El pasado 6 de abril terminó, con un optimismo moderado, el primer ciclo de conversaciones entre las delegaciones del Gobierno de Juan Manuel Santos y del Ejército de Liberación Nacional, ELN, en Quito. Un período que se inició luego de superarse varios tropiezos. Sin embargo, en medio de las primeras conversaciones, se dieron atentados contra la población civil en Chocó, Arauca, Cauca y Bogotá y, reclamos del ELN por intentos de militarización de zonas urbanas como la de Micoahumado, en el Sur de Bolívar, detenciones y operativos en el corregimiento de Llorente, en Nariño y, el asesinato de líderes sociales. El Gobierno, por su parte, les atribuye responsabilidades y los conmina a dejar actos violentos, a la par que ordena a las Fuerzas Militares y a la Policía redoblar acciones contra sus estructuras.
Una es la realidad de la mesa negociadora en Ecuador y otra, muy distinta, en las regiones y territorios en Colombia. Ese es el eterno riesgo de negociar en medio del conflicto armado que hoy persiste, que no finaliza, aunque se tenga la idea de su fin tras la histórica firma conseguida con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Lo cierto es que el país vive otro momento, donde los acuerdos y el desarrollo de las conversaciones con el ELN, no tienen la trascendencia que debieran tener en la opinión pública, ya que la agenda mediática apenas los registra, pero sí hace eco de los atentados, de las declaraciones y tuits nada políticos del ELN, de los reclamos de Juan Camilo Restrepo, Jefe del equipo negociador del Gobierno, de los señalamientos del Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, del Vicepresidente Oscar Naranjo y del Presidente Santos, así como del eterno boicot del ex – presidente Uribe a todo proceso de paz que no encaje en sus exigencias y visiones de su mundo.

El más reciente desacuerdo tuvo que ver con el argumento del ELN sobre el uso del secuestro como ‘forma de financiación’, que terminó en una recriminación de las partes por los escasos avances en la participación de la sociedad civil en el proceso de diálogo. Situaciones como éstas dan argumentos a quienes no creen en los diálogos y dejan la sensación de que el proceso da dos pasos adelante y uno atrás, que la voluntad política de las partes tambalea y que la cohesión del ELN estaría en entredicho.
Lo cierto es que el segundo comunicado conjunto, suscrito por el Gobierno y el ELN, fue muy breve y estuvo compuesto de cuatro puntos escuetos donde anunciaron la elaboración de un marco de referencia común para tratar los aspectos relacionados con acciones y dinámicas humanitarias y el marco en el cual se desarrollará el programa piloto de desminado humanitario, como parte del segundo compromiso que se trabajará en la siguiente ronda, a partir del 3 de mayo, cuando se reiniciarán las conversaciones.
El acuerdo 3, que hace referencia a la participación de la sociedad para la construcción de la paz (Sub-punto F5), señala que ‘se seguirá discutiendo en el próximo ciclo’ y, finalmente, el punto 4 indica que se han puesto de acuerdo en los “términos de referencia con los que trabajará el Grupo de Países de Apoyo Acompañamiento y Cooperación al Proceso de Paz”. Estos anuncios, a diferencia del proceso culminado en La Habana, poco o nada le dicen a la opinión pública colombiana.
Mujeres Contando dialogó, posterior a la instalación de la mesa, con Carlos Velandia, gestor de paz y reconocido ex-jefe del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyo ‘nombre de guerra’ fue Felipe Torres y que estuvo presente durante diez años en negociaciones de paz, sobre su mirada a estos diálogos.

En nuevo gestor de paz analizó los tiempos de la mesa, la coyuntura actual en Colombia, la dinámica de las conversaciones, la necesidad de generar confianza y de entender la naturaleza de la organización, diferente a otras organizaciones guerrilleras. Manifestó, además, que el ELN entiende el enfoque de género como una problemática social que estará presente en los acuerdos y que los aprendizajes del reciente proceso con las FARC serán tenidos en cuenta. Cree, además, que los inconvenientes previos a la instalación de la mesa se dieron por “un mal trámite de la palabra”, fenómeno que -al parecer- se sigue presentando, esta vez a través del mal uso, por ambas partes.
Sobre los atentados y acciones de violencia guerrillera, argumenta que éstos se dan debido al marco de un diálogo de paz en medio de la confrontación militar, decisión que impuso el Gobierno; pero “no por ello se justifican, toda vez que sostener diálogos de paz debe llevar a las partes a tener un comportamiento de distensión, que ayude a su aproximación, que construya confianza mutua y credibilidad; y, lo más importante, que la sociedad mantenga su apoyo a los diálogos y vivo el interés por los mismos”.
Para Carlos Velandia los hechos ocurridos en las últimas semanas en Chocó, Arauca, Cauca y el atentado en la plaza de la Macarena en Bogotá, “desdicen de una voluntad de paz y constituyen una amenaza para la estabilidad de la Mesa de conversaciones”. El experimentado ex-jefe guerrillero considera que es urgente que las partes “realicen acciones concertadas de desescalamiento, que las aproxime al bilateral y definitivo cese del fuego y hostilidades, que al mismo tiempo fortalezcan el cese que ya existe con las FARC, lo cual es un gran alivio para toda la sociedad, la que a su vez verá con buenos ojos, el esfuerzo de las partes por consolidar el escenario de la paz completa”.
En las respuestas del actual gestor de paz, nombrado por el Presidente Santos, están algunas claves para comprender la dinámica de la mesa en Quito.
Mujeres Contando (MC): Después de tanto tropiezo, la mesa de Diálogos entre el Gobierno y el ELN se instaló en Quito, el pasado 7 de febrero. ¿Cómo interpreta este paso?

Carlos Velandia (CV): Yo empezaría por la palabra ‘tropiezo’. A lo largo de algo más de cuatro años de contactos en medio de trompicones, ambas partes lograron pactar una agenda y un acuerdo muy importante como es el de buscarle caminos de diálogo al conflicto armado que vive nuestro país. El 30 de marzo de 2016 conocimos la agenda, pero luego surgieron inconvenientes producto, a mi juicio, de un mal trámite de la palabra. Normalmente ocurre que, cuando no existe una confianza consolidada entre las partes, cualquier cosa que se diga puede ser usada en su contra o interpretada a favor propio, o de la contraparte. Afortunadamente, las partes cumplieron y empezaron a desarrollar sus actividades, a elaborar un reglamento de mesa y a resolver asuntos logísticos.
MC: La confianza es uno de los mayores obstáculos en un diálogo de esta naturaleza. El ELN siempre ha recriminado al Estado y al Gobierno por no cumplir y, por su parte, el Gobierno tiene reparos ante varias actuaciones del ELN. Pero el país real está en otro momento -que no se puede negar-, y se reconoce una voluntad política. ¿Cómo hacer para que la confianza se dé y los diálogos sean más transparentes y fluidos?
CV: Solo es posible construir confianza a través de dos cosas: pactar y cumplir, no hay más. Lo que se pacta, se cumple. Hay que pactar a la mayor brevedad unos resultados porque la sociedad colombiana y la comunidad internacional están expectantes. Sobre todo, porque la mesa tiene un diseño, en su agenda, donde va a haber mucho diálogo y poco acuerdo. Es decir, el despliegue de dialéctica, sobre todo en los cuatro primeros temas, va a ser tremendo (entre otras razones por la participación) y allí es poco lo que se va a pactar. Se va a hablar mucho a lo largo de un tiempo prolongado, que puede ser algo más de un año, y no va a haber sobre qué pactar y producir noticias interesantes para la sociedad. Pero, simultáneamente, junto con los temas de participación, se va a tratar el punto que tiene que ver con los mecanismos para crear un clima positivo y generar unas condiciones humanitarias. Por esta vía se pueden lograr, a muy corto plazo, acuerdos puntuales y se puede llegar a producir confianzas y resultados que la sociedad recibirá como un alivio. Con esto, además, se tiende a desescalar el conflicto y a llegar más rápido a un cese bilateral.

MC: Uno de los aspectos más importantes en este ejercicio de diálogo es el hecho de que cada una de las partes llega con un acumulado; por un lado, el ELN ha intentado en siete momentos sentarse a negociar, con diversos gobiernos a lo largo de varias décadas, y el Gobierno de Juan Manuel Santos logró un acuerdo con las FARC, que está en un proceso de implementación. ¿Qué tanto estos aprendizajes se están poniendo en esta mesa?
CV: Me alegra que menciones esto de los acumulados, porque tienen que ver con la experiencia. Esos siete intentos le permitieron al ELN conocer más al Estado, la realidad y la situación del país. También le permitió conocer a la sociedad. Porque una cosa es conocer a la sociedad desde una postura de beligerancia, desde una postura de confrontación política, social y armada, y otra en medio de un proceso en donde la sociedad participa en la solución política del conflicto. Hoy tiene unas maneras más amplias de relacionarse con la sociedad, incluidos segmentos con los que habitualmente no conversaba, tiene líneas de llegada porque tiene propuestas para ello. En segundo lugar, tiene cuadros también experimentados y en diálogo. Por el lado del Gobierno hay también mucha experiencia acumulada, capacidad de negociación y capacidad de manejo de este tipo de escenarios, que no son fáciles. Lo digo con conocimiento de causa, estuve 10 años consecutivos en negociaciones con el Gobierno.
El Gobierno por su lado llega con resultados; como ‘las paces’ de los años 90. Un acumulado en el que obtuvo, a costos muy bajos, la desmovilización de siete organizaciones insurgentes. Con ello logró desarmar, aunque no resolvió los problemas del conflicto, pero sí trajo paz al país. Ahora tiene el proceso con las FARC, donde en una negociación cara a cara, logra resultados que terminan siendo satisfactorios para las partes. Aunque no es el verdadero sentido de la paz que buscamos los colombianos y que tampoco querían las FARC. Es decir, es un diseño de la paz posible, pero no de la paz que se quiere. El Gobierno hubiera querido sacar una paz muy barata, quizás al precio de los años 90, y las FARC una paz con mayores resultados, pero no fue posible. Es decir, se logra un acuerdo político en el que ambas partes se encuentran imperfectamente satisfechas. Es un oxímoron: “Inconformemente satisfechas”. No están completamente conformes, pero lograron superar el escollo mayor: salir de la trampa de la guerra.
Esos resultados son muy valiosos para el proceso con el ELN, sobre todo porque hay soluciones y hay aspectos que son comunes para ambas organizaciones y es el que tiene que ver con el manejo del capítulo de las víctimas, donde a través de examinar el fenómeno de la justicia, reparación, no repetición y verdad, se hace una aproximación a una solución que en La Habana lo resolvieron a través de un sistema  complejo, donde se entremezclan la relación que desempeñará una comisión histórica de la verdad, con actividades que se desarrollan a partir de una jurisdicción especial para la paz, en el marco de una justicia transicional que va a funcionar para unos y otros, de las distintas partes del conflicto.
El ELN y el Gobierno pactaron que buscarán sincronía y complementariedad con los resultados de La Habana. Ya dan por hecho que parte de estos acuerdos pueden ser útiles para la solución con el ELN. (Al final del 1er ciclo estuvieron en Quito Pastor Alape y Carlos Lozada de las FARC.)

MC: Usted conoce muy bien al ELN por dentro, es más usted se ha declarado ‘eleno’ antes y después de haber salido de sus filas; por lo tanto, cree que el ELN está dispuesto y claramente comprometido con esta salida negociada. Le pregunto esto, porque hay en algunos sectores del Gobierno y de la sociedad la idea de que el ELN es complicado y que es difícil sentarse a negociar con él. Y ese discurso circula también mediáticamente.
CV: Discrepo, me aparto y me pongo a kilómetros de esa noción que se ha venido constituyendo como una especie de mito alrededor del ELN. Se dice: “el ELN es complicado, el ELN es difícil, al ELN no lo entiende nadie, al ELN hay que decodificarlo, el ELN habla de manera críptica y se necesitan encriptólogos para saber lo que está pensando”.
El ELN es una singularidad, pero se le ha querido medir como se les ha medido a todas las organizaciones guerrilleras, que son organizaciones de tipo cupular, tendientes a ejércitos. El ELN es una organización política en armas, y eso es lo que cuesta trabajo entender y comprender. Es una organización política que se rige por principios marxistas de organización leninista, como son los principios organizativos, entre ellos quizás uno de los más destacados es el centralismo democrático; allí la organización se hace bastante horizontal. Ésta es una singularidad que no necesariamente tiene que verse como una dificultad, quizás hay que verla como una virtud, yo la veo como una gran ventaja. Ahora, esto hace más dificultosos los procesos de concertación y de decisión, porque hay que tramitar las decisiones, ir y llevarlas a las bases, porque las bases también cuentan. La cuestión es cómo se crean los mecanismos para dialogar de manera eficaz con una organización que es así. No se puede pretender cambiar al ELN, ni que el ELN se convierta en una cosa que no es, que no corresponde con su naturaleza.
MC: ¿El Gobierno y sus negociadores conocen esa singularidad suficientemente, para evitar contratiempos en la mesa?
CV: No, no la conocen y ésta es una dificultad. Del lado del Gobierno ha habido una serie de personajes que han estado relacionados en procesos de diálogo con el ELN, pero no tienen continuidad, cada gobierno va cambiando sus personas. A duras penas recuperaron a un personaje que sí conoce al ELN; se trata de José Noe Ríos. Es quizás el negociador más experimentado que tiene el Gobierno. La delegación en su conjunto se mueve en el mito de ‘la dificultad del ELN’. No logran entenderlo, pero tampoco es que se esfuercen mucho.
En esta singularidad el ELN tomó unas decisiones mayoritariamente y ejerciendo el centralismo democrático, en el V Congreso, (Enero 7 de 2015) en donde se dijo: “Sí vamos a un proceso de diálogo, en el que eventualmente haremos dejación del uso de las armas”; eso dicen textualmente las conclusiones del Congreso. Obviamente hay partes minoritarias que no estaban de acuerdo con esa decisión pero que la acatan y se someten. Sin embargo, en el desarrollo de la política interna, se filtró abiertamente que algunas estructuras están en disenso, que no comparten el estar en la mesa, como el frente de guerra oriental y noroccidental y los del departamento del Chocó. Hay otras estructuras más pequeñas, minoritarias, que votaron no. Pero las dos primeras son fuertes y llaman la atención por su beligerancia bélica. En cierta forma esto ha generado una distorsión en cuanto a ¿qué tan unido está el ELN para afrontar esta negociación?
Yo tengo que decir que el ELN está unido, está cohesionado, pero es una cohesión en la que unas estructuras pueden disentir, pueden no estar de acuerdo porque esa es la naturaleza de la democracia interna. Aun así, los comandantes que están en el departamento del Chocó han dicho “nos sometemos a las decisiones que mayoritariamente se tomen. Si el ELN llega finalmente a un acuerdo, ese acuerdo tendrá que ser consultado en el VI Congreso y lo que se defina en relación con los acuerdos acataremos. Nosotros no somos una rueda suelta, tenemos un punto de vista que es minoritario, pero tenemos derecho a decirlo”. Esa es la discrepancia, pero el ELN tiene decisión y voluntad, o no estaría en la mesa.

MC: Humberto de la Calle jugó un papel muy importante en los diálogos con las FARC, ahora Juan Camilo Retrepo tiene el mismo rol en esta mesa. ¿Cómo ve su papel?
CV: De Juan Camilo Restrepo tengo una opinión bastante favorable. Como funcionario público ha sido una persona pulcra, en el sentido que no ha estado metido en escándalos o situaciones que desdigan de su honestidad o su profesionalismo. Nadie puede decir que él es un corrupto. Como Ministro de Hacienda pudo hacer muchos negocios y no lo hizo. Es un tipo que proviniendo de las toldas conservadoras tiene un talante mucho más abierto, de avanzada, más moderno; es un tipo dialogal y con un diálogo sereno. Creo que compagina plenamente con Pablo Beltrán (del ELN). A mí se me parecen mucho, guardadas las proporciones y sin querer hacer comparaciones que puedan resultar odiosas. El talante de estas dos personas posibilita un trámite muy sereno a la mesa. No exento, obviamente, de discutir con pasión, con temperamento y defender puntos de vista de cada quien, pero en lo fundamental con serenidad, con cuidado y mucho respeto. Yo estoy muy contento con estos dos personajes. Ahora Juan Camilo es un poco el equivalente a lo que fue Humberto de la Calle para la mesa de La Habana. No es el político que tiene el mismo despliegue, pero sí tiene todo el respaldo y el reconocimiento de la clase política y dirigente del país, y de la sociedad. Yo creo que el ELN debe sentirse muy bien que le hayan puesto a un señor de este talante, de este nivel para tramitar el conflicto.
MC: ¿Los medios de comunicación le han dado el mismo interés y el mismo cubrimiento que se le dio a la mesa de diálogos de La Habana, a la de Quito?
CV: Esa pregunta es inquietante. En Colombia suceden tantas cosas graves y a una velocidad tal, que un tema se superpone a otro. Hoy el tema de la paz o del conflicto está en un séptimo lugar de interés de otras preocupaciones que mediáticamente se posicionan. Situaciones que angustian y ocupan la mente del ciudadano común. Una, lo que se gana no alcanza para vivir, segundo la reforma tributaria hace que tengas que pagar más impuestos, algo injusto porque los ricos pagan menos. La inseguridad, que no se sabe dónde está: si va para el trabajo en Transmilenio lo roban, si está en el barrio lo asaltan y si está en su casa, siente una desprotección total.
En cuarto lugar, el desempleo y la calidad del empleo, luego la corrupción del país y la situación de Estados Unidos y Trump que viene a poner todo ‘patas arriba’. Por lo tanto, en séptimo lugar está la paz. Hubo un momento en el que la paz estaba en primer lugar, pero pasó, y pasó en la medida en que no hay guerra porque no hay combates, heridos ni muertos, pero la guerra todavía existe. Hay una percepción de que la paz ya se logró porque vivimos una situación de no guerra tras la firma con las FARC y el proceso con el ELN ni le quita ni le pone, es algo como adicional. Somos realmente muy pocos los que nos ocupamos 24 horas del día, del proceso con el ELN. Esa es una realidad.

Mediaticamente cada vez más, y a medida que va avanzando la mesa, se va metiendo en sus cosas, de vez en cuando habrá una noticia, pero no será muy estremecedora. Finalmente, entramos en una coyuntura electoral que va a robarse la atención por el discurso de los partidos políticos en pugna por llegar al congreso o a la presidencia. Discursos que no van a ser muy ilustradores, es decir la visión del ciudadano no va a ser captada por las encuestas. El discurso perverso y seductor que despotrica del otro primará. Va a ser una guerra sucia y tremenda en el debate electoral. El país no va a saber al final por quién o qué tesis votar. Así ha sido en los últimos tiempos y no tengo argumentos para pensar que en esta ocasión va a ser diferente.
Me temo que el proceso con el ELN va a transitar en medio de una atmósfera que lo invisibiliza y no se va a sentir con la misma importancia que se vio con las FARC.
MC: ¿Cómo afectará la llegada de Trump?
CV: Creo que sí va a tener un impacto y de hecho ya lo está teniendo. El presidente Santos habló con el Presidente Trump, había una preocupación porque él ha venido planteando una política muy poco usual en la relación diplomática, sobre todo porque tiene un lenguaje confrontativo y conflictivo que viene a remover y a desacomodar muchas cosas que ha costado mucho trabajo construir a lo largo de los tiempos, como algunos pactos multilaterales.
En relación con Colombia pidió hacer una revisión del acuerdo entre el Gobierno y las FARC, pero más que hacer la revisión del acuerdo en sí, son los acuerdos que el Gobierno de los Estados Unidos en la época Obama hizo con el Estado colombiano para promover el acuerdo Gobierno-FARC, en el que el Gobierno de los Estados Unidos se obliga a hacer un proceso de reingeniería al Plan Colombia -que era un plan militar-, y a desarrollar el Plan Paz Colombia. Un plan de inversión y de soporte a los acuerdos logrados por un valor de 470 millones de dólares al año, durante diez años. El presidente Trump dijo: “Aquí vamos a tener que recortar porque vamos a invertir en la casa propia, eso de estar repartiendo la plata y comprando amigos eso no está bien”. Lo que quiere decir que va a recortar o reducir el Plan Paz Colombia y lo va a reducir de manera sustancial.
MC: Uno de los temas importantes para las mujeres y para la ciudadanía es la mirada que se va a tener sobre los temas de violencia, incluida la sexual, contra las mujeres víctimas de desplazamiento y de refugio por causas del conflicto armado. ¿Qué tanto está el ELN dispuesto a escuchar y, sobre todo, a responsabilizarse por sus víctimas?

CV: La presencia de mujeres en la Mesa y en la Delegación, dice mucho sobre el interés del ELN en tratar estos temas y los temas de género en general, porque tienen que ver con la construcción de justicia social y con una lucha que las mismas mujeres han desarrollado al interior de una estructura machista y patriarcal como son las guerrillas y los ejércitos, en Colombia y en el mundo. No ha sido fácil para ellas, pero creo que el ELN es quizás de las sociedades cerradas donde la mujer es más valorada, en lo que a mí respecta y en lo que conozco. Habiendo machismo, en donde menos se ve es en el ELN. Lo puedo decir con conocimiento de causa. Lo otro es que todos los temas del conflicto van a ser mirados desde una perspectiva crítica y transversal por las compañeras que van a estar allí, pero también por los mismos compañeros. Es decir, si no hubiese mujeres presentes en la Mesa, también habría una mirada de género. La mirada de género no es un problema sexual, es un problema eminentemente social. Los hombres también podemos tener una mirada con una perspectiva de género.
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Coincidimos en que los hombres también pueden tener un enfoque de género y, ojalá, en el ELN se aborden estos temas más allá de la valoración a las mujeres y su presencia pues asumir el enfoque de género implica un ejercicio de formación y de voluntad política interna. Esta conversación con Carlos Velandia también abordó el trabajo de su incorporación en el proceso de diálogos con las FARC y el papel de la Comisión de Género, conformada por mujeres insurgentes y representantes del Gobierno en La Habana, aspecto sobre el que manifestó la necesidad recoger esa experiencia, confiando en que las mujeres del ELN serán “decisivas e incisivas en la redacción de los Acuerdos, porque ellas se lo han ganado a pulso en medio de las dificultades, de la guerra y de una lucha política interna y democrática dentro del ELN”.
Sobre la violencia sexual, argumentó que “el ELN llega sin temas vedados a la Mesa y eso es extraordinario en la medida en que tiene toda la disponibilidad de tratar todos los temas, por difíciles que sean, pero también tiene una disponibilidad a responder por sus actos en los que esté incurso; lo que no va responder ni va a admitir es la calumnia o la falsa imputación. Admitirá todos los casos sobre la base de la bilateralidad. Es decir, aquí cuando se asuman los fenómenos de violencia sexual, muy seguramente el ELN responderá por sus actos, pero también llamará la atención sobre este fenómeno en la sociedad y sobre la ausencia de políticas públicas para prevenir e intervenir este fenómeno”.

Aunque la opinión pública en Colombia no esté hoy pendiente de los avances de la mesa de Diálogos con el ELN en Quito y los medios de comunicación no la tengan en sus agendas mediáticas como una prioridad lo que pasa en ella es determinante para lograr una paz completa, por lo tanto es indispensable que las partes logren superar lo que Carlos Velandia llama el “mal tramite de la palabra”, que avancen en la construcción de una confianza necesaria para llegar a los acuerdos que les permitirá también superar la llamada “la trampa de la guerra”, que por estos días es la que más resonancia tiene y la misma que se llevó tantas vidas y fracturó a muchas otras.
*Comunicadora Social y Periodista. Directora Mujeres Contando

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