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lunes, 16 de junio de 2014

LA GUERRA ES UN CADÁVER INSEPULTO

La guerra es un cadáver insepulto: Ex dirigente del ELN

08:55 am 16-junio


Carlos Arturo Velandia es el mismo alias Felipe Torres, al que recordamos como vocero del ELN mientras estuvo preso 10 años. Hace dos años se salió de la organización pero dice que sigue siendo un “eleno”, por eso su visión da claras luces sobre lo que podemos esperar del posible proceso de paz anunciado esta semana entre el gobierno y el ELN.

Claudia Palacios


Es una de las mejores entrevistadoras de América Latina. Hace siete años está vinculada a la cadena internacional de noticias CNN en Español, donde actualmente dirige el programa Influyentes. Ha entrevistado a los personajes más importantes de la región. Forma parte del equipo de la W Radio donde hace informes especiales. Semanalmente hace una entrevista en profundidad para EL PUEBLO.

C.P. Cómo le digo: Carlos Arturo Velandia o Felipe Torres?
C.A.V. Todo el mundo me dice Felipe. Es una lucha perdida intentar recuperar mi nombre. En “La Paz es ahora ¡Carajo!”, libro que publiqué recientemente, van mi nombre y foto en portada, para que quienes me han asociado como Felipe, sepan que soy Carlos, pero ha sido complicado.
C.P. ¿Cuántos años estuvo usted en el ELN?
C.A.V. Toda la vida, desde los 70. Luego me capturaron y continué representando a la organización durante los 10 años de cautiverio. Después fueron 7 años en el exilio y al regresar al país me marginé de la organización.
C.P. ¿Cómo decide marginarse del ELN?
C.A.V. Hace poco más de dos años principalmente porque para mí era muy complicado que estando en libertad me asociaran al ‘Felipe Torres’ vocero del ELN cuando ya no lo era. Ni soy un militante activo, ni dirigente. Mis vínculos con el ELN son eminentemente morales, históricos, y esos son indestructibles.
C.P.  ¿Esto quiere decir que usted respalda la lucha como ellos la hacen, con armas?
C.A.V. Sigo siendo un eleno pero no desarrollo la lucha armada. Las tesis políticas del Ejército de Liberación Nacional son defendibles en paz y en democracia. He venido trabajando por ayudar a construir espacios de solución política del conflicto para poder solucionarlo y que ellos puedan regresar de las montañas para vincularse en la lucha política sin el ejercicio de la violencia.  La lucha armada es una realidad que hay que superar.
C.P. ¿Y cuando usted notifica al ELN de su decisión y esas razones, qué le dijeron?
C.A.V. Me dijeron que esa era mi punto de vista pero que nuestra condición era diferente. Yo no soy la persona indicada para descalificar la lucha de una organización insurgente. Esa es la realidad que hay que cambiar. La guerra ya es un estorbo, puede ser un cadáver insepulto.
C.P. ¿No lo catalogan como desertor?
C.A.V. No, para nada. De la misma manera como me vinculé al ELN me desvinculé. Sin ruido, de manera concertada y  ellos reconocieron que ese era mi camino.
C.P. Concertada? eso no lo puede hacer cualquier guerrillero. Se supone que el que entra no sale.
C.A.V. Si hubiera estado en las montañas sí hubiera tenido que hacer un trámite. La organización se toma un tiempo para protegerse ya que el combatiente tiene información estratégica sobre lugares, planes u otro tipo de información sensible. Se desarrolla una especie de periodo de cuarentena.
C.P.  Yo no conozco más casos de esos, tampoco en las Farc….
C.A.V. Yesid Arteta, por ejemplo. Él y yo estuvimos juntos en el exilio. El estuvo en prisión, sale y le dice a las FARC  que deja la guerra. Continúa con las tesis de revolución y la lucha revolucionaria pero desde el campo de la política.
C.P. ¿Fue un error haber estado en la lucha armada?
C.A.V. Más que un error de las personas ha sido un gran equívoco como se ha construido nuestra república desde sus inicios. Los partidos políticos que soportaron el establecimiento generaron unas relaciones de exclusión y de opresión. Por ende le imponen la guerra a la sociedad, a nosotros nos imponen la guerra. Los colombianos no hemos acudido a la guerra porque tengamos un espíritu violento. Más que arrepentirse y darse golpes de pecho, se deben asumir responsabilidades de decisiones que tomamos como personas.  Yo las he asumido y he pagado en vida por ello.
C.P. ¿Con los diez años que estuvo en la cárcel?
C.A.V. Con toda mi lucha de sacrificios por unas causas que siguen teniendo plena vigencia. Pero no me arrepiento de ese sacrificio de mi vida personal, profesional, amorosa o familiar. Tengo hijos que casi ni conozco, he estado en prisión, he sido herido en combate, perseguido y amenazado. Pero es una situación muy propia de quienes nos hemos atrevido a levantar la voz.
C.P. Los tiempos han cambiado….
C.A.V. Los revolucionarios no nacimos para hacer guerras sino para transformar sociedades. Las sociedades se transforman no solo a través del asalto al poder ya que hay otras vías. Quién iba a creer que en los últimos diez años podríamos hablar de que hay cuatro revoluciones en el continente: Socialista en Cuba, Bolivariana en Venezuela, Ciudadana en Ecuador y Comunitaria en Bolivia. Tenemos ex guerrilleros dirigiendo países en Brasil, El Salvador y Uruguay No es posible ya a través de la guerra ni modificar las estructuras ni acceder al poder.
C.P.  Muchos nos preguntamos: ¿Por qué transformar el país en un proceso de negociación con un grupo que no solo no ganó el poder a través de las armas sino que tiene la mitad de combatientes que hace un tiempo? ¿No basta con que se les garantice la participación política y que desde las instituciones que existen saquen adelante sus propuestas para la sociedad?
C.A.V. Lo que se trata de resolver en la mesa de negociación es cómo salir de la guerra.
C.P. Pero ante el posible inicio de negociaciones con el ELN se habla de aspectos que faltarían por negociar, como la explotación minera. Por qué no cesan la guerra y después, haciendo política, tratan de transformar el tema minero y los que quieran, como hace por ejemplo el senador Robledo, del Polo Democrático?
 C.A.V. Las clases dominantes de este Estado siempre han desarrollado la economía a su antojo privilegiando los intereses del capital y las transnacionales pero nunca le han preguntado al pueblo colombiano qué economía quieren. El ELN no busca transformar en la mesa de negociación lo que no ha podido hacer un pueblo en revolución. El socialismo no va a surgir de una mesa de diálogo. Pero lo que no se puede hacer es que tras 50 años de lucha las guerrillas digan: “aquí están los fierros, acabamos la lucha y sálvese quien pueda” o “denme casa, carro y beca y que el país siga en las mismas”. En el acuerdo debe quedar consignada una base que garantice que el país se disponga para cambiar, pero no porque lo diga la insurgencia sino porque participe toda la nación.
C.P.  Un amigo me preguntó esta semana que si cuando se firme el acuerdo a su tío le van a devolver la plata que pagó por su secuestro. ¿Qué se les dice a las víctimas que aunque les pueda parecer injusto que el estado y los partidos hayan fomentado la desigualdad, no ven eso como una justificación para que les hayan matado familia, robado tierras o secuestrado?
 C.A.V. Primero que todo el acuerdo firmado en La Habana, los diez principios y el acuerdo con el ELN en la construcción de la agenda ubican a las víctimas en el lugar apropiado. Lo más importante es que el acuerdo es entre partes que se reconocen como generadoras de víctimas. En el caso que comentas del señor que fue secuestrado nadie va a devolverle dineros, como a mí nadie va a devolverme a mi hermano desaparecido por causas del conflicto sólo por ser hermano de un insurgente. Yo no puedo decirle al Estado que me lo haga aparecer pero sí quiero respuestas. En ese clamor de derecho están la totalidad de las víctimas. Vendrá la reparación económica y administrativa que dependiendo de los casos tendrán que asumirse pero no creo que las guerrillas estén en condiciones de reparar económicamente ya que esto tendría otros problemas por el origen de los recursos. Lo más importante es el esclarecimiento de la verdad, garantía de justicia y asumir responsabilidades sin que nadie escape a este examen.
C.P. Pero es que los victimarios insurgentes tienen nombre y apellido, los del otro lado son “El Estado”, entonces no podemos meter a “El Estado” a la cárcel.
C.A.V. Hay militares que tienen mucho por contar, por ejemplo. El problema tiene una gran profundidad. La sociedad deberá tomar una decisión frente al bien supremo de la paz que queremos, y para hacerla duradera debemos construir un escenario de justicia y reparación que satisfaga a todos  y sin que excluya responsabilidades.
C.P. ¿Usted llegó a esa conclusión gracias a que estuvo diez años en la cárcel y luego exiliado?
C.A.V. Yo estuve en los diálogos de paz como vocero político del Ejército de Liberación Nacional en el gobierno de Ernesto Samper, con Andrés Pastrana y en los dos primeros años del ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Hice mi militancia en la cárcel dedicado a la paz. Luego salgo y mi vida fue insostenible. Un ex dirigente del ELN no podía andar caminando por la calle de ninguna ciudad en normalidad, por ello debí salir al exilio. Regresé al país al observar que las condiciones ya eran un poco diferentes.
C.P. ¿Ahora se siente seguro caminando por las calles de Colombia?
C.A.V. Aún hay riesgos. En el país el riesgo de morir de manera violenta lo tiene cualquier persona.
C.P. Tiene protección?
C.A.V.: Me encomiendo a San Camilo Torres, a San Manuel Pérez, quienes son los santos en los que yo creo.
C.P. Que no están reconocidos por el Vaticano como santos, valga decir…
C.A.V. Es muy difícil, pero llegará el día en que la misma iglesia católica, apostólica y romana reconozca la gran contribución que ha hecho a la causa de la fe cristiana el pensamiento y la obra de Camilo Torres.
C.P. ¿Qué interpretación le da usted al hecho de que el ELN no haya salido a respaldar con un comunicado o un video lo que el Presidente y Colombianos y Colombianas por la Paz dijeron en nombre de la organización guerrillera?
C.A.V. Seguramente lo harán. Ellos se toman sus tiempos, tienen  sus mecanismos. Posiblemente el lunes, que es cuando actualizan la página web podamos ver el comunicado leído por las partes que usted menciona. Este comunicado ha sido autorizado por las partes de lo contrario no se habría difundido. El comunicado por ende es legítimo.


C.P. ¿No será una manera de decirle al gobierno que no utilice al ELN con fines electorales?
C.A.V. El proceso del ELN con el gobierno es de vieja data y no una improvisación de pocos días. Es un resultado luchado de cuatro años. El gobierno determina que el esfuerzo principal debe ser con la guerrilla mayor por ser la amenaza mayor para la seguridad y la estabilidad democrática. Cree el presidente que con el avance de ese proceso la guerrilla menor se sumaría a los diálogos, a lo cual el ELN le dice que es una organización histórica y que siendo cuantitativamente menor no se le puede desconocer, ya que tiene propuestas y personalidad propia.
C.P. ¿Con la guerrilla del ELN se va a negociar más rápido que con las FARC?
C.A.V. Este proceso no debe tener un tiempo determinado, sino que las partes procurarán que sea un proceso muy ágil para superar la asimetría respecto de los dos procesos. Los puntos deberán ser conciliados en una mesa de conciliación única para que se produzca un acuerdo único que sea consultado con la nación.
 C.P. ¿Se lanza a dar una idea de cuánto puede tardar?
C.A.V. El presidente ha sido optimista al plantear que hacia final del año se logrará un acuerdo con la guerrilla de las FARC. Yo no lo veo tan claro con el ELN ya que quizá se necesite más tiempo.
C.P.: Con las condiciones que dice Oscar Iván Zuluaga que le pondría a las FARC, y por ende al ELN, esta guerrilla seguiría en el proceso exploratorio para un acuerdo de paz?
C.A.V. El ELN tiene una confrontación con el Estado y no con ningún gobierno en particular.
C.P.: Pero yo le hablo es de las condiciones: cese al fuego unilateral, no reclutamiento de menores y todo lo que ello implica…
C.A.V. Si es por esa vía, va ser supremamente difícil poder llegar a una mesa de diálogo. El ELN no va aceptar condiciones previas y las FARC tampoco van aceptar ningún tipo de condicionamiento adicionales  a los que ya existen en su proceso. Es decir, si llegase a ganar las elecciones el señor Zuluaga, y llegase a establecer estas condiciones como indispensables para continuar el proceso, éste va a estancarse e incluso se frustrará la oportunidad que tenemos todos los colombianos, porque esta oportunidad no es la de un gobierno con una insurgencia sino la de un país.
C.P.: ¿Por qué no se dedicó a la política al regresar al país?
C.A.V. Estoy en la política, obviamente no en la política partidista. Pero en la medida en que pueda hacer parte de un movimiento de transformación compatible con mis ideas y mis anhelos estaré dispuesto a estar allí. No tengo un partido, pero con algunos amigos estamos haciendo un esfuerzo de lograr una expresión de gran amplitud y con una perspectiva revolucionaria, para desarrollarla en el marco de la constitución y las leyes.
C.P.: ¿Pero se va a postular a un cargo de elección popular?
C.A.V. Yo no creo. Hubo una iniciativa en un principio, pero esto no fructificó. Acá un pobre no puede meterse en una campaña política, hay que tener muchos millones para poder competir. Lo que sí me interesa en lo personal, es poder llegar a la asamblea nacional constituyente cuando se establezca, es un paso ineludible en la construcción del nuevo país. Cuando se supere el conflicto armado allí veremos o tendremos la posibilidad de discutir cosas que no se discutieron en la mesas con la insurgencia.
C.P.: ¿No cree que los ciudadanos puedan decir sí a un proceso de paz pero no a una constituyente por el miedo a convertirse en una Venezuela?
C.A.V. Acá nadie quiere ser Venezuela. Ni siquiera los revolucionarios quisiéramos reeditar la revolución bolivariana en Colombia.
¿Usted es pobre Carlos?
C.P.: ¿De qué vive?
C.A.V. Yo soy investigador y consultor en Paz y Conflictos. De vez en cuando me pagan una conferencia, por participar en la elaboración de algún documento o de la solidaridad de mis amigos. Mi esposa trabaja y en cierta forma ella me ayuda para pasajes. No tengo un trabajo estable, lo estoy buscando.
C.P.: ¿En qué quisiera trabajar?
C.A.V. En algo compatible con lo mío. Podría desarrollar cualquier actividad si fuese el caso como lustrar botas o vender empanadas o seguros. Ninguna actividad de estas me asusta pero podría ser mucho más útil para lo que me he preparado. Es un poco complicado para nosotros los revolucionarios tener un vínculo laboral normal.
C.P.: ¿Si usted no hubiera ido a la cárcel usted estaría allá al lado de ‘Gabino’ cómo se iría a hacer ese acuerdo? ¿Usted nunca hubiera cambiado la lucha armada?
C.A.V.  Seguramente. Yo fui jefe militar en muchos años en el ELN,  vi la realidad del país a través de la mira de un fusil. En los combates o se gana o se muere y no me quería morir por tanto tenía que ganar. Cuando llego a la cárcel cambian las circunstancias, me asignan representar al ELN en diálogos de paz, comienzo a conversar con la sociedad, con diplomáticos y con gobierno. Encontré razones que yo desconocía pero a su vez estos actores encuentran otras que ignoraban. En diez años hice todo el proceso de transformación que me conllevó a tomar la decisión de no disparar un solo tiro más.
C.P.: ¿Usted podría decir: “gracias a Dios me metieron a la cárcel”?
C.A.V.  No, para nada. La cárcel es una pesadumbre que uno no puede desear jamás. Estuve este tiempo e intenté hacer de mi vida lo más productivo y provechoso posible. Ceo que salí fortalecido y con mucho esfuerzo y sacrificios.


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