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martes, 1 de octubre de 2013

LA PAZ ES AHORA, CARAJO

LA PAZ ES AHORA, CARAJO

La reciente tormenta desatada en el proceso de diálogos de paz, por cuenta del lenguaje fuerte del presidente Santos en su comparecencia internacional en estrados diplomáticos y en la Asamblea General de la ONU, en los que no ahorró esfuerzo para destacar un perfil de terroristas y narcotraficantes al referirse a las FARC-EP, y el lenguaje contundente del comandante de esta organización guerrillera, Timoleón Jiménez, al referirse a la persona del presidente Santos y anunciar la publicación de un informe, que supuestamente ponía en riesgo el principio de confidencialidad pactado; hicieron temer la posibilidad de un rompimiento, respaldado por la opinión poco sesuda y apresurada del bisoño Director del partido Liberal, Simón Gaviria Muñoz, y luego por la del calenturiento exministro de Defensa Gabriel Silva Luján, quienes llaman a coro a romper las conversaciones;  muestra que el proceso de La Habana está sujeto a fuertes presiones y mucho más frágil de lo que se esperaba.
Por fortuna, el presidente Santos y Timochenko, en sendas declaraciones y comunicado amainaron los vientos de tormenta, para dejar el 15º ciclo que se iniciará el 3 de octubre, en medio de una calma chicha, de la que se esperan resultados y noticias más auspiciosas que las reportadas en los lacónicos comunicados conjuntos de las últimas cuatro rondas.
Pero, estas altisonancias que ponen en riesgo el proceso,  refleja que la “Mesa de La Habana” no ha construido el espíritu de coequiperos entre los plenipotenciarios de las partes, que se necesita para sacar adelante la tarea que les ha sido encomendada, es decir, que está primando el sentido de lograr el objetivo de la paz a costa de la contraparte, y no como una labor común en la que las partes deben dar lo mejor de sí para obtener los acuerdos.
Construir ese “espíritu de coequipo” al que me refiero, no significa deponer ni los principios, los intereses ni diluir las representaciones; significa maximizar el sentido de responsabilidad que tienen los equipos negociadores, al momento de buscar el acuerdo definitivo propuesto en la Agenda acordada; responsabilidad que les demanda cada una de sus partes, pero por sobretodo que les demanda la sociedad, que solo quiere ver resultados positivos, de este magno esfuerzo del país en ésta extraordinaria oportunidad, que no es solo de las partes y para las partes, sino que es la oportunidad que tiene Colombia entera y la región de superar el conflicto armado interno más largo y sangriento, que se haya soportado en el continente.
Es hora que los jefes de las delegaciones: De La Calle y Márquez, sostengan una larga conversación a solas, para construir un enfoque común, que vaya mucho más allá de la arquitectura del proceso y responda a poner en blanco y negro la situación del país, con sus problemas, sus potencialidades, sus tiempos, sus límites, pero por sobre todo las necesidades para una Colombia justa, humana y sin conflicto armado. Este enfoque será determinante a la hora de abordar todos los temas de la Agenda, porque sabiéndose corresponsables del acuerdo de paz, cada uno de los miembros de los equipos, se emplearán a fondo para obtener el acuerdo más justo y posible, aunque éste no sea el esperado y el que más satisfacciones de parte genere.
Por otro lado, el Comando Central del ELN, revela públicamente que reiniciará los diálogos con el Gobierno Nacional, al tiempo que advierte de las profundas diferencias que encuentra entre sus aspiraciones con la concepción de paz que tiene el Gobierno. Si bien es útil que el país sepa de antemano, que éste proceso no será fácil, resulta una obviedad que las contrapartes tengan concepciones diferentes, es más, que son diametralmente opuestas, pero esto es precisamente el punto de partida para que a través del diálogo se construya un punto de confluencia común, es decir una única manera de entender la solución, para luego trabajar por la construcción de los acuerdos, que los lleven al final del conflicto armado y a crear las bases para la construcción de la justicia social.
Muy seguramente, en este proceso de acercamiento y construcción de la arquitectura para llegar a una mesa de diálogo, se requerirán medidas y actos de confianza entre las partes, pero también de las partes hacia la sociedad y la Comunidad Internacional; creo sin temor a equivocarme, que la sociedad y la Comunidad Internacional reclamarán del ELN que antes de sentarse en la Mesa de Diálogos libere la totalidad de secuestrados en su poder y anuncie, como lo hiciera también las FARC-EP en su momento, la suspensión definitiva de esta práctica. Un acto de esta naturaleza es un paso decisivo en la reconciliación, porque al tiempo que aliviana las cargas del ELN, permitirá un trámite de los diálogos en un clima de mayor confianza social hacia este proceso de paz en ciernes.
Vistas así las cosas, quedamos todos los colombianos a la espera de resultados y buenas noticias, las que el Gobierno las FARC-EP y el ELN deberán ofrecer a la sociedad y el mundo porque la paz es ahora, carajo.

Carlos Arturo Velandia Jagua


Twitter: @carlosvelandiaj

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